Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.
-Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
-Tú que, exaltado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, sana nuestras heridas y atráenos a tu corazón abierto.
-Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, haz que los bautizados compartamos tu cruz y gocemos de la abundancia de sus frutos.
-Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, perdónanos también a nosotros que perdonamos a quienes nos han ofendido.
Oración: Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y levanta nuestra débil vivencia cristiana con la fuerza de la pasión y Resurrección de tu Hijo. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén

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