Oseas, 8, 4-7.11-13;
Sal. 113;
Mt. 9, 32-38;
Comenzaría pidiendo al Señor que no me falte nunca el don de la fe para poder
en todo momento saber admirar toda su grandeza y cuántas maravillas realiza
continuamente en mi vida y quizá a través de mi, como un humilde instrumento en
sus manos, a favor también de los demás. Que sepa admirarme de sus obras, que
sepa reconocerlas y ver su presencia. Que no me falta nunca el don de la fe.



















