MEDITACIÓN: HECHOS 6,8-15
Esteban fue uno de los siete diáconos originalmente escogidos para ocuparse del “servicio a las mesas”, mientras los apóstoles se dedicaban a predicar y enseñar, por lo que no les quedaba tiempo para ocuparse de los servicios prácticos, como la distribución de comida, que también eran importantes. Por eso escogieron a hombres de vida intachable y que tuvieran la capacidad de servir para nombrarlos diáconos.
¿Pero qué era lo que San Esteban hacía? Obraba milagros, respondía a las objeciones de los opositores y fue el primero en sufrir el martirio siguiendo los pasos de su Maestro. Sin duda también ayudó con la distribución de la comida, pero al parecer Lucas no le dio mucha atención a esto cuando escribió el Libro de los Hechos.
A veces nos lamentamos de no poder realizar ministerios más visibles e
“importantes” en la iglesia, en lugar de hacer tareas humildes y que nadie ve;
sin embargo, mucho más importante que lo que hacemos es cómo lo hacemos.
Podemos hacer cualquier cosa —desde predicar hasta vender boletos para un
bazar— con nuestra propia fuerza o con la gracia del Señor. La diferencia es
enorme, e importa mucho más que si nuestro trabajo es apreciado o no
reconocido. Lo que cuenta para Dios es la actitud con la cual hacemos las
tareas que se nos encomiendan. Como lo dijo la Madre Teresa, la grandeza
consiste en “hacer cosas pequeñas con un gran amor.”
Muchos son los santos que han seguido los pasos de Esteban. El Beato
André Bessette, por ejemplo, no tenía inteligencia suficiente para ser
sacerdote y sirvió como portero, pero cuando la gente comenzó a experimentar
curaciones milagrosas cuando él rezaba por ellos él le daba todo el mérito a
San José. San Juan Vianney, conocido como el Cura de Ars, fue enviado a una
ciudad remota y aislada donde parecía que la gente había perdido la fe. Allí se
pasó la mayor parte de su ministerio en el confesionario, y las multitudes
venían desde todas partes de Francia para renovar su fe escuchando sus
consejos.
Pidámosle a Dios, por intercesión de todos estos santos, que nos ayude a
decir que sí a lo que se nos pida hacer y hacerlo con el poder del Espíritu
Santo, para que los demás se acerquen al Señor.
“Amado Jesús, quiero ir dondequiera me envíes y hacer lo que Tú quieras.
Solo permíteme hacerlo todo con amor, con tu amor actuando en mí.”
Salmo 119,23-24.26-27.29-30
Juan 6,22-29
Tomado de: la_Palabra.com
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