"Normalmente, rezábamos las alabanzas delante de su cama: también aquella mañana le dije al Santo Padre: 'Hagamos como ayer: yo rezo en voz alta y usted se une espiritualmente'. De hecho, ya no le era posible rezar en voz alta, estaba realmente cansado. Allí sólo abrió un poco los ojos y asintió con la cabeza. Así que empecé. Hacia las 8 empezó a respirar cada vez con más dificultad. Había allí un médico y un reanimador- y me dijeron: 'Tememos que ha llegado el momento que tenga que soportar su última lucha en la tierra.
Llamé a las Memores, les dije que vinieran porque estaba agonizando. En ese momento estaba lúcido. Yo había preparado de antemano las oraciones de acompañamiento para el moribundo, y rezamos durante unos 15 minutos, todos juntos, mientras Benedicto XVI respiraba cada vez con más dificultad, cada vez veía que no podía respirar bien. Entonces miré a uno de los médicos y le pregunté: "Pero, ¿está agonizando?".
Me dijo: 'Sí, ha empezado, pero no sabemos cuánto durará. Estábamos allí, cada uno ha rezado en silencio, y a las 9.34 horas exhaló su último suspiro. Luego continuamos las oraciones ya no por los moribundos sino por los muertos. Y concluimos cantando "Alma Redemptoris Mater". Murió en la octava de Navidad, su tiempo litúrgico favorito. Les dije a todos: 'Llamaré inmediatamente al Papa Francisco, él es el primero en saberlo'. Le llamé y me dijo: "¡Voy inmediatamente!". Luego vino, le acompañé al dormitorio donde murió y les dije a todos: 'Quédense'. El Papa saludó, le ofrecí una silla, se sentó junto a la cama y rezó. Dio la bendición y se despidió. Esto ocurrió el 31 de diciembre de 2022".
Mons. Georg Ganswein

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