Cuando Jesús envió a los apóstoles, no les ordeno que escribieran su mensaje, sino que lo anunciaran. Además, lo que se escribió no fue todo lo que dijo e hizo Jesús (Jn 21, 35). Por lo tanto, el mensaje transmitido de generación en generación en la Iglesia, es más amplio de lo que se escribió, y resulta de mucha utilidad para entender lo que fue escrito en el Nuevo Testamento.
El mensaje escuchado por boca de Jesús, vivido, elaborado y transmitido por los apóstoles, se llama Tradición Apostólica.
¿Cómo se manifiesta esta Tradición viva de la Iglesia? Mediante la enseñanza del Papa y los obispos, cuando se reúnen en forma solemne (concilios-sínodos episcopales-conferencias episcopales) o cuando orientan a la comunidad en forma ordinaria. Al enseñar alguna doctrina, están presentando la Tradición viva de la Iglesia y por lo tanto están dando el sentido auténtico de las verdades contenidas en la Biblia. Naturalmente se necesita que haya cierta unanimidad y se presente algo como doctrina y no como opinión. Los símbolos de la fe y las definiciones solemnes de los Concilios y del Papa representan la máxima expresión de la Tradición viva de la Iglesia.
También es muy importante examinar los escritos de los obispos y escritores eclesiásticos de los primeros siglos de la Iglesia. Son testigos de la mentalidad de la Iglesia primitiva, que se formó a raíz de la predicación apostólica. Si hay uniformidad sobre ciertos aspectos, ofrecen válidas razones para interpretar correctamente las verdades contenidas en la Biblia. El catecismo, la liturgia, el arte cristiano y el derecho canónico manifiestan el sentir de la Iglesia y por lo tanto son medios importantes para descubrir la Revelación, que sigue transmitiéndose de generación en generación.
También el sentido común de los fieles, cuando afirma una determinada doctrina, es expresión de la Tradición viva de la Iglesia, y por lo tanto es de suma importancia para poder interpretar correctamente la Biblia.
Para resumir todo esto, basta recordar que a este respecto afirmó Orígenes (185-254 d.C.):
"Lo único verdaderamente cierto (en la Biblia) es que nada se aparta de la Tradición eclesiástica y apostólica".

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