Claro, si eres
nuestro Salvador, ayúdanos a salir de este embrollo. Y ciertamente podemos ver
en los evangelios como el Señor ayuda a superar situaciones irreversibles,
sobre todo en lo que atañe a la salud, pues realiza muchas curaciones
milagrosas e incluso llega a resucitar muertos. Pero, aunque multiplique los
panes en una circunstancia muy especial, no va resolviendo exigencias
económicas, ni equilibrando presupuestos, ni concediendo caprichos a la
multitud que le sigue. Y es que no debemos confundirlo con el “genio de la
lámpara maravillosa” dispuesto a concedernos algunos de nuestros deseos más
selectos. Jesucristo ha venido por Voluntad del Padre a Salvarnos de algo muy
concreto: la muerte.
Positivamente,
Jesucristo ha venido para que tengamos vida en abundancia. Y es que es Voluntad
de nuestro Padre Creador, que Vivamos Eternamente. Esto es lo que Jesucristo
alcanza para nosotros. Es en este objetivo que lo encontraremos y que nos
tiende una mano. Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras
de Dios?» Jesús les respondió: « La obra de Dios es que crean en quien él ha
enviado.»
Está claro que es lo
que quiere Dios, aquello a lo que ha enviado a Su Único Hijo. Todo lo que
quiere, Su obra, es que creamos en Él, porque creyendo alcanzaremos la Vida
Eterna. Al final, es alcanzar la Vida Eterna lo que nos debe importar. ¿Y cómo
la alcanzaremos? La respuesta nos la da en el texto escogido para nuestra
meditación: creyendo en quien Dios ha enviado, es decir, en Jesucristo. Si con
eso basta, pues parece muy sencillo y al alcance de cualquiera, el asunto está
en comprender lo que quiere decir creer.
No se trata de decir
creo, creo, creo, en todos los tonos y lugares posibles, sino de mostrar en
cada uno de nuestros actos, en cada una de las cosas que hacemos, que creemos.
Es decir, que hemos de dar testimonio de lo que creemos con nuestras propias
vidas. Nuestros actos, nuestras palabras, nuestros pensamientos, nuestros
sentimientos, nuestro proceder, lo que hacemos o dejamos de hacer, debe hablar
fuerte y claro de aquello en lo que creemos, aun cuando no abramos la boca. Por
lo tanto, creer exige vivir de tal modo que no nosotros, sino los que
testifican lo que hacemos se convenzan que efectivamente creemos en Jesucristo.
No se trata de una actuación, sino de una forma de vida. Por lo tanto, el que
cree, vive según el Espíritu y busca hacer la Voluntad de Dios. La observación
que hace Jesús hoy respecto a quienes lo estaban buscando ¿nos alcanza? ¿Por
qué buscamos nosotros al Señor? Es esto en lo que estamos invitados a
reflexionar hoy. Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras
de Dios?» Jesús les respondió: « La obra de Dios es que crean en quien él ha
enviado.»
Como vemos Jesús nos
está poniendo frente a una encrucijada que debemos responder. ¿Por qué le
buscamos? ¿Qué queremos de Él? ¿Es lo que nosotros queremos lo que Él está
dispuesto a darnos? Más allá, podemos preguntarnos ¿por qué Jesucristo quiere
esto? ¿Será que lo que quiere está por encima de cualquier cosa que pudiéramos
querer nosotros? Es decir, ¿será que lo que quiere Jesús es lo más importante,
es decir, lo que siendo sensatos debíamos querer? Si creemos en Dios, nuestra
respuesta debía ser afirmativa.
Es decir, que no hay
nada más importante que lo que Jesucristo quiere para nosotros. Tratemos de
aproximarnos a la razón de esta respuesta. Pensemos un momento: ¿hay algo más
importante que la vida? ¿Podríamos afirmar que sin vida no tenemos nada?
Recapacitemos nuevamente…Veamos: nosotros creemos que sí. Si no hay vida, no
hay nada. Por lo tanto, el Bien supremo es la Vida. ¿Quién da la Vida? Dios,
solo Dios. ¿Por qué? Porque en su Infinito Poder, Amor, Sabiduría y
Misericordia, así le parece bien.
No es algo que nos
deba o que merezcamos. Es un Don, es una Gracia. Eso es la Vida. De allí se
desprende que una vez que la tenemos, una vez que la alcanzamos, si tomamos
conciencia de ella, lo más importante debía ser conservarla. Sin embargo, la
verdad es que la ponemos en juego por otras cosas e incluso la perdemos irracionalmente.
Siendo la Vida el Bien más preciado, Dios, nuestro Creador, quiere que la
tengamos en abundancia. Es contrario a Su Voluntad que la perdamos, sin embargo
está en nuestro libre albedrío ponerla en juego.
Como quiera que no
es Voluntad de Dios que la perdamos y estando amenazada por el mal, por
nuestros caprichos, por nuestra necedad, envía a Su Único Hijo a Salvarnos, es
decir a enseñarnos el Camino para sostenerla y tenerla en abundancia. ¿Qué
debemos hacer? Primero y antes que nada, tal como nos lo dice aquí: Creer en
Él. Si creemos en Él, le escucharemos y creyendo en Él, haremos lo que nos
manda. Ese es el Camino de la Salvación: Amar a Dios por sobre todas las cosas
y al prójimo como a nosotros mismos. Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para
obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: « La obra de Dios es que crean
en quien él ha enviado.»
Oremos:
Padre Santo, aparta
de nosotros la necedad y la soberbia. Haznos sencillos y simples para entender
lo que constituye Tu Santa Voluntad, disponiéndonos a acatarla siempre y en
todo lugar…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo
en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…
Amén.
Roguemos al Señor…
Te lo pedimos Señor.
roguemos.org

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