LCR: Romanos 6:3–11; Salmo 114; San Mateo 28:1–10
Hermanos y hermanas. Hoy, después de 40 días, podemos decir: ¡ALELUYA!
Hoy, después de tres días, volvemos a sonar las campanas con gozo. ¡Hoy
celebramos la Pascua! Pero ¿Qué es la Pascua? ¿Para qué nos preparamos
durante la Cuaresma? Pues bien, la Pascua, para nosotros los cristianos, es
una celebración. Así lo reconocemos cada Domingo en la Eucaristía,
al momento de la fracción del pan, cuando repetimos estas palabras: “¡Aleluya!
Cristo nuestra Pascua se ha sacrificado por nosotros. Celebremos la fiesta ¡Aleluya!”.
En esa celebración conmemoramos con gozo el núcleo fundamental de
nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Y esto también lo
reconocemos en la misa cada Domingo cuando respondemos a las palabras de
institución de la Eucaristía con esta u otra aclamación similar: “Cristo ha
muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volverá”.