María, que en Hebreo significa "Señora", es la esposa de José, a la que Dios confía concebir y dar a luz al Mesías, Jesucristo. Le acompaña durante toda su vida y está con él junto a la cruz. Se le considera la Madre de Dios y Señora de los Cielos. También se le considera siempre Virgen, que nació, vivió y murió sin ningún tipo de pecado (mácula) y que ascendió a los cielos en cuerpo y alma tras su muerte.
Tiene un lugar importantísimo en la Iglesia Católica, se le considera la criatura con más Gracia Divina de la creación, mediadora por nosotros ante su hijo Jesucristo y la persona con más contacto con Dios. Los fieles le rezamos pidiéndole su ayuda, rogando que rece por nosotros. Le pedimos que nos otorgue el favor divino y que sea nuestra protectora.
No creemos que sea una Diosa ni la adoramos, creemos que su estátus en el cielo es similar al de la reina madre de un reino (la madre del rey): Realmente no tiene ningún poder, pero es escuchada por su hijo y todos la respetan muchísimo. Nosotros nos limitamos a imitarles.
El título de Madre de Dios no es tan unánime, puesto que el hecho de que Dios Todopoderoso tenga una relación de dependencia con una de sus propias criaturas es muy difícil de entender para muchos. Pero Jesús, el hijo de María, que ha nacido de ella, es al mismo tiempo el Hijo de Dios, igual en todo al Padre. El Hijo de Dios es realmente hijo de María. El hijo de María es realmente Hijo de Dios. Éste razonamiento encierra en si el misterio de la Encarnación, misterio que, como los demás, nos está vedado por nuestra limitada razón. Aunque una forma poética de aproximarse sería decir: "Dios, desbordante de amor, quiso también para si una madre a la que amar, y se la hizo".
Jesucristo puede afirmar sin equivocarse que es Hijo de Dios e hijo de María, ya que ambas naturalezas (la humana y divina) están perfectamente unificadas en su ser. Y así lo afirma Isabel en el evangelio de Lucas:
"Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y dijo alzando la voz: '¡Bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y cómo es que la madre de mi Señor viene a mí?'" - Lc 1: 41-43 -
Isabel habla llena del Espíritu Santo, y cuando alguien habla llena del Espíritu es cómo si el Espíritu hablase por él, por lo tanto las palabras de Isabel tienen tanta fuerza como si las hubiese dicho Dios mismo. Y efectivamente, vemos cómo Isabel llama a María "La madre de mi Señor", que en el contexto judío de la época significa Dios, nuestro Padre, el Yahveh del Antiguo Testamento.
Dado que María es la Madre de Dios Todopoderoso, es lógico y normal que ocupe un lugar preeminente en el paraíso, cerca de su hijo y Señor, en un puesto que podríamos considerar parecido al de una reina madre, por esto se le considera Reina de los Cielos.

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