¿Quién es Dios? ¿En qué lugar y cuándo podemos encontrar a Dios?
Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró; lo conducía trashumando por el desierto hasta llegar al monte de Dios, el monte Horeb, y, una tarde se sintió afectado por una gloriosa teofanía: Moisés “reconoce”que el Dios de Israel, le sale al encuentro .en medio de una gran llamarada de zarzas y espinos que ardían sin consumirse…Moisés, estupefacto, se iba acercando, para ver el espectáculo maravilloso cuando oyó al Señor que lo llamaba por su nombre, desde la zarza: “Moisés, Moisés”,”Aquí estoy” Y,le dijo Dios:”No te acerques; y, quítate las sandalias de los pies porque el terreno que estás pisando es terreno sagrado.” Y el Señor le siguió diciendo a Moisés:”Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Jacob, el Dios de Abrahan, el Dios de Isaac. Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios. ; porque Jahvé le iba diciendo que le habían llegado las súplicas de los israelitas y cómo pensaba bajar a librarles de la esclavitud a la que los tenía sometidos el Faraón.
Moisés deberá entrevistarse con los israelitas y le ¿pregunta a Dios: “Si ellos me preguntan cómo te llamas ¿Quién les digo que eres?”.Dios dijo a Moisés: “Yo Soy el que Soy”. Esto dirás a los israelitas. Moisés descubre a Dios en el desierto, en medio de la maleza imagen de los sufrimientos de aquella humanidad que sufre por la dureza del corazón de unos faraones que ostentan el poder y oprimen con trabajos durísimos, de la construcción y pagan a los hebreos unos salarios simbólicos que no les permiten comer adecuadamente. Dios está allí, conmoviéndose hasta las lágrimas; Él llora con ellos cuando se sientan en la mesa y sólo ve unas cebollas para comer. Él llora hoy cuando un niño no puede comer adecuadamente. Llora hoy ant tantas injusticias De ahí la invitación a Moisés (y a nosotros) a hacer lo mismo: Él es el Dios de nuestros padres, Dios de nuestros padres, porque siente como propia a toda la raza humana. La tierra no es caótica,(Is4518-19 y la protección de su Creador es observable.El Dios del Éxodo es conocido por su ternura y por ser uno más del Pueblo. Israel es su pueblo elegido... Aquí comienza la Historia de la Salvación,en el siglo VII a. de Cristo... Moisés era un personaje extraordinario, elegido y preparado para la misión que Jahveh le había encomendado.
¡Moisés!, ¡Moisés!..”La liberación de Israel, comienza aquí, precisamente,.cuando Dios se manifiesta en la zarza que arde sin consumirse Moisés recibe una orden: tiene que ponerse al frente de la liberación de Israel. Moisés no puede negarse y aquí, en este punto,que coincide con la vocación de Moisés, se inicia la marcha de los Hebreos a través del desierto. El camino del Exodo fue largo y duro y, aunque todos se alimentaron con un mismo alimento espiritual y bebieron la misma bebida espiritual, algunos no agradaron a Dios y se quedaron tendidos en el desierto..Nos lo cuenta San Pablo en (1Cor10,3-5) cuando nos habla de la triste historia de infidelidades y prevaricaciones, protagonizada por unos pocos que no consiguieron una conversión y una total adhesión a Dios., aunque habían ido al desierto.
Para caminar hacia el encuentro con Dios, lo mejor es caminar desnudos y descalzos, apenas cubiertos por la humildad. Que no se trate tanto de huir de un pueblo extranjero que nos esclaviza, sino, más bien, que seamos capaces de separar nuestro corazón ególatra y de purificar nuestras costumbres; se trata de mantenernos despegados de los bienes terrenos, a fin de poder conseguir un trato más íntimo con Dios.
El éxodo del pueblo elegido es figura del itinerario de conversión que todo cristiano está invitado a realizar todos los días del año, pero preferentemente, en Cuaresma
Dios nos invita hoy como un día habló a los hebreos a través de Moisés. Hoy nos habla por medio de su propio Hijo., verdadera Zarza Ardiente, que llama a todos los hombres por su nombre, invitándolos a cambiar de vida..Nos recuerda que con Dios no se puede jugar, pero nos dice que es un Padre misericordioso que a todos llama a la penitencia.
Jesús se ofrece por, todos los hombres nos vivifica con los méritos de su Pasión y nos alimenta con su Cuerpo y con su Sangre. Jesús intercede por nosotros al Padre pidiéndole que sea misericordioso. ..¿Qué más puede hacer Jesús? Le corresponde al hombre ser más sensato y no abusar de tantos beneficios y, aún, utilizarlos cada día con más talento para obtener frutos de auténtica vida cristiana..
“Libra mi alma, que está como adherida a las perplejidades del mundo y soporta las espinas de los deseos desgarrantes de la misma conversión…¡Sáname por tu misericordia!”(San Agustín).

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