Introducción
El sábado santo, se caracteriza por un gran silencio, por una vigilancia atenta, por una espera esperanzada.
Busca el silencio y la soledad, ten alerta el corazón, donde se escucha la voz del Espíritu. Tu corazón puede ser hoy el lugar de la espera, donde se levantan las esperanzas malheridas por las muertes y se pone en pie la alegría.
El silencio de este día es hondo, pero no es un silencio triste. Jesús viene a desencadenar toda alegría, a poner en marcha de nuevo, gestos concretos, a hacer que el amor sea amor cercano.
¡María! Vive en este día con Ella. Saborea su silencio, su vacío, su soledad. No puede vivir sin Jesús. Lo han echado fuera de la tierra de los vivos y Ella lo busca con el amor de su alma, con el amor de una madre. La Iglesia se une a María en su espera, únete tú también a Ella.
Al atardecer ponte en camino; la alegría no la puedes celebrar a solas. La sed encaminará tus pasos hacia el manantial, para que te inunde el agua viva del bautismo.
Jn. 19, 25:
“Junto a la cruz de Jesús Estaban su madre
Y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás
Y María Magdalena”
Canto N. 723: Dolorosa al pie de la cruz.
- Junto a la cruz de Jesús está María con otras mujeres
- Su amor ha desafiado el miedo a la muerte de un crucificado
- Ellas están allí, de pie, solas en la noche del misterio, velando su hora.
- Sus ojos están fijos en Jesús, icono de amor maltratado.
- Su oración se hace silencio y pregunta ¿Por qué?
La Palabra del Hijo: Jn. 19, 26-27:
Al ver a su madre y a su lado al discípulo preferido, dijo Jesús:
“Mujer, ése es tu Hijo.
Y luego al discípulo:
Esa es tu madre.
Desde entonces, el discípulo la acogió en su casa”
- Jesús mira a su Madre y junto a Ella el discípulo y les regala la última palabra creadora de la nueva familia: Madre e Hijo, hijo y madre unidos por lazos indisolubles.
- “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” ” Hijo, ahí tienes a tu madre”. (Silencio)
Canto 725: Sola, con tu soledad
Carta 450 del P. Fundador:
“Sábado santo. Es la una de la madrugada y estoy pensando en que estaréis velando a Jesús en el sepulcro y en soledad con María Santa. ¡Qué misterios de amor, qué misterios de amor hijas mías!
¡Jesús en el sepulcro y María en la soledad! para que, por la virtud de su muerte, pudiéramos nosotros morir al pecado, morir al hombre viejo y por su Resurrección resucitar a una vida nueva, vida de la gracia acá abajo y vida de la gloria en la eternidad.
¡María santísima en la soledad! ¡Oh qué no sufriría aquel corazón de Madre! ¡Jesús pendiente de la cruz la había constituido madre nuestra y Ella aceptó el oficio que su Hijo divino le encomendó en aquel momento solemne, así es que en la soledad pensaba en sus dos hijos; el uno Jesús y el otro todo el género humano. El primero que había muerto para redimir al segundo y el segundo tan loco, tan ciego, tan duro, sin querer escuchar la voz amorosa de su Divino Redentor.
¡Oh cuánto rogaría María Santísima en aquella noche!
Sin dudas a sus oraciones le debemos nuestra conversión.
Estad seguras, hijas mías, a sus oraciones se la debemos. Pero hijas mías entreguémonos de veras y sin reserva al amor de Jesús abnegándonos a nosotros mismos bajo todos los conceptos.
Así corresponderemos a Nuestra Madre, María Santísima, así la consolaremos en su soledad, así haremos el mayor bien a nuestras almas; así recibiremos el fruto de nuestra Redención. Amén. Así sea.
Canto: Dime, dime Madre adorada
Rezamos un misterio del rosario: la crucifixión y muerte del Señor.
Oración final
María mujer de esperanza.
¡Quédate con nosotros!
Enséñanos a esperar
Porque escasea el pan de la fraternidad
Nos falta el vino de la alegría La alegría de los niños y jóvenes
El bullicio de calles y plazas
Nos han robado el abrazo y el encuentro familiar.
María ven con nosotras
Ven a nuestras casas,
A las casas de los más pobres, necesitados, enfermos.
Contigo recreamos la esperanza, soñamos el nuevo amanecer, de un mundo más humano.
Contigo, seguimos alumbrando El proyecto nuevo de Jesús.
Contigo, seguimos tejiendo una humanidad Más fraterna y solidaridad y más comprometida
Con el evangelio de tu Hijo Jesús. , esperamos un nuevo amanecer
¡Madre, no nos abandones!
Míranos con compasión, no nos dejes
¡Madre mía!
Canto de la Salve

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