Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados
En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO
NOTICIAS SOBRE S.S.FRANCISCO

Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 24 de Marzo del 2023, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todo habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN

5 de marzo de 2024

La SILLA de San JOSE



HISTORIA de la PRODIGIOSA APARICIÓN DE SAN JOSÉ a una monja Clarisa enferma

"Es el año 1871 y estamos en el convento de las Clarisas de Tuscania (VT) donde una monja, Sor María Geltrude de Jesús Nazareno - nacida en Valentano (cerca de Tuscania) en 1838, había hecho su profesión solemne en enero de 1868 como conversa monja- desde hacía tres años estaba enferma de un cáncer de útero incurable, y que además del dolor y malestar del continuo sangrado, también le causaba un gran disgusto porque tenía que ser visitada continuamente por médicos y por la mentalidad de la época esto constituía una mortificación insoportable.

Inmovilizada en cama durante varios meses, en la mañana del 8 de marzo, mientras la comunidad se encontraba en el coro participando de la Santa Misa, la monja -muy sufriente- vio de repente abrirse la puerta de su celda y entrar un hombre.

Muy sorprendida, porque venía solo y no acompañado como indica la Regla del Monasterio, le preguntó quién era:

- "Soy el carpintero del Monasterio" - respondió y, tomando una de las dos sillas que había en la humilde celda franciscana, se sentó junto a la cama.

Todavía sorprendida, pero convencida de lo que le había dicho el hombre, no pidió nada más.

- "¿Qué pasa?"- preguntó el hombre con mucho respeto.

- “Dicen que tengo una enfermedad grave y no se puede hacer nada”, explicó la monja con mucha humildad.

- “Confía en Dios”, añadió el carpintero.

Luego se puso de pie y, tan silencioso como había entrado, se fue.

Mientras sor María Geltrude le hablaba, observó -como ella misma declaró más tarde- que tenía unos ojos maravillosos "como dos estrellas" y unas manos demasiado blancas y delicadas para ser carpintero.

Al terminar la Santa Misa, la monja enfermera volvió a la enfermería y para su sorpresa vio la silla fuera de lugar; mientras la volvía a colocar preguntó quién la había dejado allí en medio, porque ella misma, antes de la Santa Misa, había dejado todo en orden.

- "Hace un momento vino el carpintero del monasterio", respondió la enferma.

- "¿el carpintero?", preguntó asombrada la enfermera, "pero nadie puede haber entrado, la madre abadesa tiene las llaves del monasterio".

- "sí, y él también se sentó aquí y me dijo que confiara en Dios..."

Al oír esto, la monja enfermera corrió a buscar a su madre abadesa, convencida de que la monja deliraba.

Entonces hubo cierta agitación y nerviosismo entre las monjas, porque nadie podía entender quién podía ser el misterioso carpintero, ya que nadie había entrado en el Monasterio.

La Abadesa sabía que Sor María Geltrudis era muy devota de San José y que, desde el comienzo de su enfermedad, había rezado mucho al Santo pidiéndole que la curara en una de sus fiestas.

Entonces, con fe ardiente, tomó las dos sillas de la habitación del enfermo, se arrodilló y comenzó a orar:

“San José, si de verdad fuiste tú quien vino esta mañana, déjame ver en qué silla estás sentado”.

Una de las sillas comenzó a moverse sin que nadie la tocara.

La Madre, seguida de todas las monjas, abrazó la silla y, temblando y llorando, dio gracias a Dios por haberse dignado conceder a la comunidad tan grande gracia.

La monja se recuperó y vivió con excelente salud en una vida oculta de oración y sencillez.

Murió el 1 de abril de 1920, Jueves Santo, a la edad de 81 años”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario