En cada contacto con un semejante Ella se comporta como la más pequeña, que no
quiere otra cosa más que servir y dar amor. Ella pone en práctica Su humildad
en la disposición a ayudar, y en esforzarse en permanecer siempre y en todo
lugar desapercibida y en segundo plano. Donde se encuentra reunido un grupo de
personas, en la mayoría de los casos, es la última en llamar la atención.
Regularmente es también la más silenciosa de todos. Tampoco vacila en hacerse
más pequeña que su interlocutor. Así Ella evita que Su prójimo prácticamente
tenga qué levantar la vista hacia Ella, y que haya una distancia notable entre
Ella y su interlocutor.
En todas las situaciones de la vida de María, parece ser que Su paz interior y Su quietud interior son imperturbables. Ella ejercita una paciencia perfecta. María considera todos los acontecimientos de la vida como un arroyo, que hace fluir suavemente en Su alma el agua de la vida de Dios. Ninguna gota llega al alma antes del tiempo de Dios, y cuando el alma trata de tomar una determinada gota antes de tiempo, ella no la deleitará sino que la dañará. Por eso María nunca se adelanta a las cosas, sino que espera pacientemente, y mientras tanto ofrece todas sus sensaciones y pruebas a Dios. La paciencia es para María, además, un elemento de Su ciega confianza en la acción de Dios: Después de que ha ofrecido en sacrificio un determinado suceso, una determinada situación, proceso o alma, espera llena de confianza el momento en el que Dios ejecuta un cambio. En la mayoría de los casos, Ella no efectúa ninguna acción, ni dice palabras activamente para apresurar algo.
María nunca aleja de Sí a ni una sola persona. Ella trata de estar al servicio de ellas en su camino a Dios. Ella, la inmaculada, la perfectamente santa, será, en la segunda mitad de la vida pública de Jesús, una amiga íntima de María Magdalena, quien en ese tiempo era una mujer depravada. Después de que Magdalena fue conmovida profundamente por Jesús, María pulió la liberación de esta mujer infeliz: Cuando Magdalena un día lloraba amargamente sobre su pasado a los pies de María, Ella la levanta. Magdalena la considerará en el futuro al mismo tiempo su Señora, su ejemplo y su mejor amiga. María nunca le recuerda con ni una sola palabra su pasado pecaminoso.

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