-El lector debe manifestar en su comportamiento exterior que es el primero en aceptar la Palabra que proclama
-El cuerpo, el vestido, el rostro y las manos, deben denotar un sentimiento interior.
-El lector debe manifestar en su
comportamiento exterior que es el primero en aceptar la Palabra que proclama.
-El cuerpo, el vestido, el rostro y las manos, deben denotar un sentimiento
interior.
-El lector debe manifestar en su
comportamiento exterior que es el primero en aceptar la Palabra que proclama.
-El cuerpo, el vestido, el rostro y las manos, deben denotar un sentimiento
interior.
-El lector debe manifestar en su
comportamiento exterior que es el primero en aceptar la Palabra que proclama.
-El cuerpo, el vestido, el rostro y las manos, deben denotar un sentimiento
interior.
-El lector debe manifestar en su
comportamiento exterior que es el primero en aceptar la Palabra que proclama.
-El cuerpo, el vestido, el rostro y las manos, deben denotar un sentimiento
interior.
-El lector, antes de ser escuchado, es
visto y observado por quienes le van a escuchar.
-Cuidará, por tanto, que no sea precisamente su vestido o su
"desvestido" lo que, en primer lugar, llame la atención de la
asamblea.
-Al comenzar la Liturgia de la Palabra puede ser oportuno hacer una breve
introducción a las lecturas que se han de proclamar.
-Ha de ser breve y no se hace desde el ambón.
-Importancia del silencio en el ejercicio del ministerio del lector
-El silencio es un elemento importante de la celebración (SC 30;OGMR 23) para
el encuentro del hombre con Dios.
-Nunca debe comenzar el lector a leer hasta que los fieles no estén acomodados
y hayan desaparecido los ruidos.
-Es preciso tener calma y no acercarse precipitadamente al ambón, mantener una
postura digna y, antes de empezar a leer, tratar de comunicarse con la asamblea
a través de una mirada confiada.
La palabra no sólo brota en el silencio, también se desarrolla y vivifica en el
silencio.
-Durante la lectura, las pausas que se van haciendo, ayudan a interiorizar la
palabra proclamada.
-El silencio al final de la lectura, está recomendado para que, al callar la
voz del lector resuene en el interior del hombre la Palabra de Dios proclamada.
𝗘𝗹 𝗟𝗲𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼
-El Leccionario es el libro litúrgico de la Palabra de Dios.
-Es un signo sacramental de la presencia de Dios por medio de su Palabra leida
y proclamada. "La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al
igual que el mismo cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de
distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del
Cuerpo de Cristo" (DV 21).
-Es llevado en procesión, luces, incensado, besado, depositado sobre el altar.
-𝗘𝗹 𝗮𝗺𝗯𝗼́𝗻
"La dignidad de la Palabra de Dios exige que en la iglesia haya un lugar
reservado para su anuncio, hacia el que, durante la Liturgia de la Palabra, se vuelva
espontáneamente la atención de los fieles.
Conviene que, en general, este lugar sea un ambón estable, no un mueble
portátil.
´-Uno y otro, según la estructura de la iglesia, deben ser de tal naturaleza
que permitan al pueblo ver y oír bien a los oficiantes" (OGMR 272).
-El ambón es el lugar de la proclamación de las lecturas, que debe ocupar el
lector cuando ejerce su ministerio.
-El ambón no es el lugar del comentador o del director del canto.
-El ambón signo del sepulcro vacío: todos los evangelios narran que las
mujeres, al entrar al sepulcro de Jesús, vieron un ángel que les dio el anuncio
de la resurrección, y las invitaba a comunicárselo a los discípulos.

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