Señor y Dios mío, buscarte equivale a encontrarte, porque siempre Tú estás dispuesto, esperándome en el Sagrario y en la oración. No quiero anteponer nada a tu amor que es lo único definitivo y seguro que tengo en la vida. ¡Ven Espíritu Santo! Ilumina y guía esta meditación.
Señor, sé que al final triunfará tu Reino, pero mi corazón a menudo no entiende
y le cuesta aceptar acontecimientos que parecen no tener ningún sentido, como
la muerte de un joven. Enséñame que el sentimiento puede ayudarme, pero no es
lo esencial. Ayúdame a ser optimista, a edificar mi vida en la roca firme de tu
voluntad y a tenerla como mi guía en todo mi obrar.

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