Creemos que Jesucristo es Dios.
Creemos los católicos, como la mayor parte de nuestros Hermanos separados, que estamos en el año de 1991, porque hace 1991 años que nació en Belem, pequeña ciudad de Palestina, un niño tan maravilloso, que en la mayor parte del mundo civilizado, se cuanta el tiempo a partir del día cae su nacimiento.
Creemos, según nos relata la Biblia, que es el Libro más auténtico y veraz de cuantos hayan sido escritos que éste niño, hasta la edad de 30 años, vivió al lado de sus padres "creciendo en sabiduría, en edad y en gracia, delante de Dios y de los hombres" (Luc. II, 52).
Por poco que de Él se sepa, se reconoce que es el filósofo más grande que en el mundo ha habido, pero fue mucho más que eso, pues fue el fundador de la más maravillosa Religión, el Maestro inigualable, LA LUZ DEL MUNDO, y en fin, Dios hecho Hombre como lo prueba el cumplimiento en El, de las profecías que durante cerca de 1000 años, fueron hechas principalmente por 16 hombres santos, al pueblo judío, acerca de la venida de un Enviado especialísimo que Dios mandaría al mundo a redimirlo y como lo prueba la santidad incomparable de su vida, los numerosos milagros que en nombre propio hacía, su resurrección al tercer día después de su muerte, su gloriosa ascensión a los Cielos en presencia de más de 500 testigos y sus propias palabras
La propia Biblia establece en numerosos lugares, (especialmente en el primer capítulo del Evangelio de San Juan y en su primera Epístola V, 7, en que leemos: "porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo, y éstos tres son Uno") que éste Maestro divino, a quien llamamos los católicos Nuestro Señor Jesucristo, es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo divino hecho hombre.
Y creemos los católicos que siendo Nuestro Señor Jesucristo Dios, debemos creer en su Palabra sin discusiones, vaya o no de acuerdo con nuestros sentidos, parézcanos bien o no, lo que ella significa, y así por ejemplo, aunque veamos que el Pan Eucarístico, tiene apariencia de pan, que sabe cómo pan, que huele como pan, creemos que es el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, porque El así lo dijo y creemos en su palabra más que en nuestros propios sentidos.
Y CREEMOS LOS CATÓLICOS QUE N. S. JESUCRISTO TRAJO AL MUNDO, NO SOLAMENTE:
1) Una Doctrina nueva.
2) Una Moral nueva.
3) Una NUEVA VIDA, Su misma Vida, la Vida de la Gracia, la Vida de Dios.
Y éstos son los 3 puntos que primeramente vamos a considerar.
1) 1) N. S. Jesucristo trajo al mundo una Doctrina Nueva.
Nos trajo de Dios un concepto por completo diferente e infinitamente superior al concepto que de Él tenía el pueblo judío, único pueblo que adoraba a un sólo Dios verdadero, pero al que consideraba como un Dios de temor, un Juez inexorable, que castigaba los crímenes de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Nuestro Señor Jesucristo nos habló de un Dios de Amor, que es nuestro Padre y que perdona al pecador arrepentido, hasta setenta veces siete.
Un Dios en el que hay tres Personas distintas, la Segunda de las cuales, por amor a nosotros, se hizo Hombre para enseñarnos y ayudarnos a ser, no solamente buenos, sino santos y que, para redimirnos, tomó sobre Sí el castigo que merecían nuestros pecados, sufriendo ser martirizado y muerto clavado en una Cruz.
Vino a descubrirnos que el hombre podía ser elevado, por el DON DE DIOS por excelencia, el Don divino de la Gracia del estado natural a un estado sobrenatural; de otra manera, dicho, elevarlo del reino humano al Reino Divino.
Vino a enseñarnos que los hombres buenos recibirán en ésta vida, una recompensa cien veces mayor por cada Obra Buena que hagan y en la otra vida, una recompensa divina por toda la eternidad.
Él nos anunció que al fin del mundo vendrá otra vez, con gran gloria y majestad, a juzgar a los vivos y a los muertos, es decir, a los buenos y a los malos, y que los buenos, que son los que hicieron Buenas Obras en provecho del prójimo irán al Cielo, a gozar de una felicidad no humana, sino divina, pues participarán de la Inteligencia, Sabiduría, Poder y Conocimiento que Dios tiene de Sí mismo y de la Felicidad que El mismo goza, sólo que en El ésta felicidad es infinita, y en el hombre será finita, y que en vario a los malos, que son los que no hicieron Buenas Obras en bien del prójimo, los mandará al Infierno diciéndoles: apartaos de Mí, malditos. Id al fuego eterno. (Mat. XXV, 34 y sigts.).
2) N. S. Jesucristo trajo al mundo una Moral nueva.
Una Moral no natural, sino sobrenatural, que resumió en el Sermón de la Montaña, en el que va explicando, Mandamiento por Mandamiento, cómo entendían el Decálogo los judíos siguiendo la Ley de Moisés y cómo deberían entenderlo los cristianos, siguiendo Su Ley.
Nos dice que no debemos amar solamente a nuestros amigos, sino también a nuestros enemigos; que no debemos devolver mal por mal, según establece la Ley judía del talión: "ojo por ojo, diente por diente", sino que debemos devolver bien por mal.
Nos dice que el divorcio, permitido por Moisés con ciertos requisitos, en ningún caso podía ser permitido, pues el matrimonio une al hombre y a la mujer indisolublemente y no debe el hombre, separar lo que Dios ha unido.
En fin, si la mejor Moral de cualquiera otra religión puede concretarse en ésta máxima negativa: "No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti", la Moral de N. S. Jesucristo, que es plenamente positiva, puede concretarse en éstas palabras suyas: Haced con los demás hombres, lo que quisierais que ellos hicieran con vosotros.
La Moral de Nuestro Señor Jesucristo es de tal manera elevada, que el hombre no puede llevarla a la práctica sin Su ayuda; ayuda que nos proporciona principalmente mediante siete actos sagrados, instituidos por El: los Sacramentos.
3) N. S. Jesucristo trajo al mundo una NUEVA VIDA.
Creemos los católicos que Nuestro Señor Jesucristo, trajo al inundo un Don divino que Él llamó EL DON DE DIOS, del que por primera vez nos hablan los Evangelios en el coloquio que tuvo en una ocasión con una mujer samaritana, Don que comparó con una fuente de agua Viva que mana sin cesar dentro de quien lo recibe hasta la Vida Eterna.
Este Don que es doblemente divino, porque no solamente es divino porque nos viene de Dios, sino porque es en sí mismo divino y que, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, es llamado por nuestra Santa Iglesia, la Gracia, la Gracia Santificante, nos hace nacer a una nueva Vida, a la Vida de la Gracia, a la misma Vida de Cristo, a la Vida de Dios.
N. S. Jesucristo nos habla en múltiples ocasiones de éste Don divino, como cuando nos promete el Pan Eucarístico, con éstas palabras: así como el Padre que me ha enviado vive y Yo vivo por el Padre, así quien me come, también vivirá por Mí (y de mi propia Vida) Quien come éste Pan, vivirá eternamente, y creemos que este Don lo recibimos por el Bautismo, porque Nuestro Señor dijo que Quien no renaciera (por el bautismo) del agua y (la gracia) del Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios.

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