“Mi
alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios,
mi Salvador”
Lc
1, 39-56
1. SE PUSO EN CAMINO SIN DEMORA
Durante
su embarazo, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Poco
después de los días de la encarnación, como ya sabemos por el sexto mes de
Isabel, se puso en camino sin demora a la casa de su prima. No eran motivos de
curiosidad lo que lleva a María a visitar a su pariente, lo hace por amor y por
atender a su familiar, que es más anciana. Pero, sobre todo, era por el
entusiasmo de felicitarla y la alegría de verla.
El
evangelista, nos relata que Isabel vivía en la región montañosa de Judá, no
cita el pueblo, pero por la tradición, sabemos que es cercano a Jerusalén, en
el actual Kain Karim, a siete kilómetros al oeste, aunque esto no es muy
seguro. En todo caso, para llegar hasta allí desde Galilea, se empleaban de
tres a cuatro días.
2. LA LLEGADA DE MARÍA A CASA DE ISABEL
El
fragmento del Evangelio, nos muestra que a la llegada de María a casa de
Isabel, la saludó primero. Podemos imaginar que por el parentesco debían
saludarse muy cordialmente, esto es con muestras de afecto y de mutuo cariño.
Por el modo como hace el relato san Lucas, nos hacemos la idea de cómo es
María, por eso podemos decir que con un gesto de delicadeza, ella se daría por
enterada del hecho de su gozosa maternidad. Es en este bello ambiente, con una
agradable y dulce exquisitez espiritual, como se suceden las escenas de la
visitación.
Al
oír Isabel el saludo de María, Apenas esta oyó el saludo de María, suceden dos
bellísimos hechos, el niño, (Bautista), saltó en su seno de gozo, y ella fue
llena del Espíritu Santo, y bendice a María y al Niño que guardaba en su seno.
3. ISABEL, ILUMINADA POR EL ESPÍRITU SANTO
Isabel,
iluminada por el Espíritu Santo, se convierte en profetisa al descubrir el
misterio de María y conocer que en su seno estaba el que era esperado a través
de toda la historia del pueblo de Israel; El esperado por los Patriarcas y
vaticinado por los Profetas.
Lucas,
nos hace comprender que la bendición a María la hace con emoción y con una
fuerte voz y la proclama bendita entre las mujeres, en otras palabras, quiere
decir que es la más bendita de todas. Isabel, por revelación del Espíritu
Santo, sabe que se halla ante la madre de mi Señor. Es la proclamación de
hallarse ante el Mesías.
4. EL BAUTISTA SALTÓ DE GOZO EN EL SENO DE
ISABEL
El
Bautista saltó de gozo en el seno de Isabel Apenas oí tu saludo, el niño saltó
de alegría en mi vientre, como indicando el privilegio de hallarse el Precursor
ante el Mesías. Algunos teólogos han pensado que en este momento fue la
santificación del Bautista, y se plantearon problemas sutiles y gratuitos
relativos a su libertad y conocimiento por razón del gozo.
Isabel
está inspirada por el Espíritu Santo, ella ve en María el instrumento
providencial de la salvación que vendrá a través del Fruto de su vientre, el
Salvador y Redentor de Israel, al que no se puede aclamar menos que bendito.
5. FELIZ DE TI POR HABER CREÍDO
Feliz
de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del
Señor. Nuevamente beatifica Isabel a María. En efecto, Isabel, elogia a María,
que creyó, por lo que se realizarán en ella los misterios anunciados de parte
de Dios. Con ello se exalta la fe de María.
Porque
María creyó, ésta fue su grandeza, este es el fundamento de toda su alegría y
felicidad, su fe, es decir María, es la Maestra de la fe. María, sin poder
explicarse el modo como se iba a realizar el Plan de Dios, lo acepta cuando se
le anuncia. María con su fe, hizo que la obra de Dios fuera una realidad.
María
es La que ha creído y el acto de fe en el ángel, la constituye en María, Madre
de todos los creyentes en Jesús, nuestro Salvador. Esto no fue oculto a Isabel,
por eso llama a María, Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a
visitarme? En otras palabras, reconoce a María como la Madre Dios.
6. BELLA ENSEÑANZA LA DE MARÍA
Bella
enseñanza la de María, ella es feliz, es dichosa, porque ha creído, porque ha
aceptado la Palabra de Dios que llegó a su corazón.
Ojala,
la palabra de Dios, lleguen en estas fechas tan entrañables, a los corazones de
todos los hombres y sea aceptada con amor, y así poder recibir las bendiciones
del Señor.
Luego
dijo María dijo: Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se
estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez
de su servidora………………..
El
fragmento del evangelio, nos presenta el cántico de María, El Magníficat,
responde a una explosión de júbilo en Dios, incubada desde que se había
realizado en ella el misterio de la encarnación. El himno de María no es ni una
respuesta a Isabel ni propiamente una plegaria a Dios; es una elevación y un
éxtasis y una profecía.
7. MI ALMA CANTA LA GRANDEZA DEL SEÑOR
María
dijo entonces; Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece
de gozo en Dios, mi Salvador, este canto es la una expresión elevadísima del
alma de María, donde las lágrimas de alegría, gozo y esperanzas, se encierran
en el Corazón de la Virgen María.
Podemos
observar, en este cántico, la alabanza de María a Dios por la elección que hizo
de ella, el reconocimiento de la providencia de Dios en el mundo y como con
esta obra se cumplen las promesas hechas.
Porque
él miró con bondad la pequeñez de su servidora. La humildad de la Virgen María,
es la causa de su grandeza, como ella, se humilla hasta en lo más ínfimo y Dios
la eleva a lo más alto de la dignidad.
8. ESTE GOZO DE MARÍA ES EN DIOS MI SALVADOR
La
alabanza que hace María a Dios por la elección que hizo en ella, engrandeciendo
a Dios, ella está profundamente agradecida, así es como le bendice y le
celebra.
Este
gozo de María es en Dios mi Salvador. Nunca como aquí cobra esta expresión el
sentido mesiánico más profundo. Ese Dios Salvador es el Dios que ella lleva en
su vientre, y que se llamará Jesús, Yehoshúa, es decir, Yahvé salva. Y ella se
goza y alaba a Dios, su Salvador.
María
atribuye esta obra a la pura bondad de Dios, que miró la humanidad de su
esclava. Fue pura elección de Dios, que se fijó en una mujer de condición
social desapercibida, aunque de la casa de David. Pero por esa mirada de
elección de Dios, desde ahora es decir, en adelante, la van a llamar
bienaventurada todas las generaciones.
9. ES LA ETERNA BENDICIÓN A LA MADRE DEL
MESÍAS
En
adelante todas las generaciones me llamarán feliz, por esa dignidad tan grande
a la cual María fue elevada. Como vemos hoy, todas las generaciones cristianas
de todos los siglos, han cantado las glorias de esta Virgen humilde y amorosa,
que fue hecha la Madre de Dios.
Es
la eterna bendición a la Madre del Mesías. Profecía cumplida ya por veinte
siglos. Y todo es debido a eso: a que hizo en ella maravillas, cosas grandes —
la maternidad mesiánica y divina en ella —, el único que puede hacerlas, Dios.
10. PORQUE EL TODOPODEROSO HA HECHO EN MÍ GRANDES
COSAS.
Esta
obra sólo podía ser obra de la omnipotencia de Dios. Y cuyo nombre es Santo.
Es, pues, obra de la santidad de Dios. ¡Su Nombre es santo!, Su misericordia se
extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. El
pensamiento progresa, haciendo ver que todo este poder es ejercido por efecto
de su misericordia. Esta es una de las constantes de Dios en el Antiguo
Testamento. Ya al descubrir su nombre a Moisés se revela como el Misericordioso
(Ex 34:6).
Y
ninguna obra era de mayor misericordia que la obra de la redención. Pero se
añade que esta obra de misericordia de Dios, que se extiende de generación en
generación, es precisamente sobre los que le temen. Era el temor reverencial a
Dios. Así, en el A.T., cuando el pueblo pecaba, Dios lo castigaba; pero, vuelto
a él, Dios lo perdonaba.
11. DESPLEGÓ LA FUERZA DE SU BRAZO, DISPERSÓ A
LOS SOBERBIOS DE CORAZÓN.
Desplegó
la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Con esta metáfora,
se expresa el poder de Dios, que aplasta a los soberbios y exalta a los
humildes.
Derribó
a los poderosos de sus tronos, y elevó a los humildes., como enseñándonos a
todos, que si queremos ser grande a los ojos de Dios y ser amados por El, debemos
ser humildes ante los hombres, reconociendo nuestra pequeñez y miseria. Esta
imagen celebra cómo Dios quita a los poderosos de sus tronos y ensalza a los
que no son socialmente poderosos.
María:
a una virgen, la hace madre milagrosamente; y a una esclava, madre del Mesías.
Colmó
de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Así
María, se coloca en la línea de todos los que son pequeños y humildes, los
hambrientos de Israel, los que están vacíos de sí mismos, pero llenos de Dios.
12. A MARÍA LA ELIGE PARA ENRIQUECERLA
MESIÁNICAMENTE.
Socorrió
a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido
a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.
A
María la elige para enriquecerla mesiánicamente. Es lo mismo que canta luego:
los bienes prometidos a Abraham, que eran las promesas mesiánicas. Al fin, todo
el Antiguo Testamento giraba en torno a estas promesas. Con esta Obra cumple
Dios las Promesas, hechas a los Padres.
Con
este hermoso himno, María, alaba a Dios por la elección que hizo en ella,
reconoce la Providencia de Dios en el gobierno del mundo y nos recuerda como
Dios cumplió las promesas hechas a los Patriarcas.
Nada
será más agradable a Dios, que lo alabemos como lo hizo María, con las hermosas
palabra que el Espíritu divino la inspiró.
LA
FE DE MARÍA SE MANIFIESTA TAMBIÉN EN EL HECHO DE IR A VISITAR A ISABEL
La
bienaventuranza de la fe: el elogio dirigido por Isabel a María nos lleva a
reflexionar, en este tiempo de espera, sobre nuestra fe. La fe de María se
caracteriza como una adhesión a la promesa de Dios. María está totalmente
segura de que Dios quiere y sabe ser fiel a la palabra dada. El misterio de
Dios se oculta en aquel niño que, como todos los niños, se va formando en el
seno de su madre. Creyendo, ha comenzado a constatar cómo Dios es fiel en
realizar su promesa. También esto es cierto para nosotros: si no creemos, no
experimentaremos nunca cómo el don de Dios, misteriosamente, puede ir
formándose en nosotros.
La
fe de María se manifiesta también en el hecho de ir a visitar a Isabel: un
viaje inspirado por la premura de su prima que necesita ayuda -como suele
decirse comúnmente y con razón-, pero también un viaje para ir a contemplar lo
que Dios está haciendo en los otros.
También
nuestra fe tiene mucho que aprender de esta actitud, ya que debemos tratar de
darnos cuenta de lo que Dios hace en la historia de los demás. María e Isabel
tienen esto en común, de lo que nos podemos aprovechar nosotros hoy: saben
dialogar sobre lo que Dios hace en ellas. Ninguna de las dos habla de sí, sino
de la otra, o de lo que Dios ha hecho, hasta el culmen del Magníficat.
La
fe de María nos exhorta a insertarnos en el clima propio de los «pobres del
Señor», es decir, de las personas humildes y sencillas que confían en Dios
sabiendo reconocer su obra. Se nos invita a vivir en una actitud general de
disponibilidad al plan de Dios que nos invita a volver a las palabras del salmo
(39,8) que el autor de la carta a los Hebreos pone en boca de Cristo: «Aquí
estoy para hacer tu voluntad» (Heb 10,7).
ORACION
Has
salido a mi encuentro, Señor Jesús, y me has concedido la gracia de conocerte.
Llevado por la Iglesia, como por María tu madre, me has visitado y me has dado
la fe. Gracias, Señor. Concédeme que, como el Bautista, pueda alegrarme, porque
sigues viniendo a mí, porque continúa la gracia de tu visitación e incesantemente
se renueva la sorpresa del encuentro.
Renueva
en mí el don de tu Espíritu, para que, como Isabel, esté dispuesto a acoger al
que habla de ti y, sobre todo, ser constante en buscarte donde te dejas
encontrar, en la Iglesia. Visitada por ti, Señor, también mi pequeña historia
se convierte en una historia donde el Padre sigue hablando.
Como
María, que te llevó en el seno y te engendró, te pido que te formes en mí;
engendrado como hijo de Dios a tu imagen, hazme de veras cada vez más ese
hombre nuevo que eres tú.
«Mi
alma glorifica al Señor»: mientras vamos preparándonos a celebrar tu
nacimiento, concédenos reconocernos todos en las palabras de María, contar lo
que el Padre sigue haciendo hoy con los humildes que le temen.
El
Señor les Bendiga
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant

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