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Gracias


Maria Beatriz.



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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 24 de Marzo del 2023, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todo habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN

16 de septiembre de 2013

¿Qué significa "reflectir"?


 ‘Reflectir’ es dejar que se refleje la luz de otro cuerpo. Lo hace la luna respecto al sol. En el uso del término que hace Ignacio en los Ejercicios, significa abrirse como un espejo a la luz que brota del Espíritu. Repetido siempre y sólo al final de las contemplaciones, el requerimiento a “reflectir en mí mismo” está claramente dirigido a transponer a uno mismo lo que se contempla, a dejarse empapar la cabeza, el corazón y las entrañas por el misterio de Cristo contemplado.

Se designa y reconoce así la actividad del Espíritu, reconociendo como regalo suyo la transformación que va operando en el orante al ‘reflejarle’ (“nosotros, que llevamos todos la cara descubierta y reflejamos la gloria del Señor, nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; tal es el influjo del Espíritu del Señor”, 2 Cor 3,18). Esta relación profunda va haciendo adoradores en espíritu y en verdad, y conduce al contemplativo a sentirse cuidado, llevado y mimado por el mismo Señor contemplado.

La contemplación representa un modo de oración mucho menos directiva que la meditación (de ahí que Ignacio no se atreva a llamar contemplación a los ejercicios que propone en las Dos Banderas y los Tres Binarios). A la contemplación no se le puede conducir, ni forzar, ni manipular con la petición, ni tampoco con el propio pensamiento teológico. Lo suyo sólo es un mirar, escuchar y callar. En la contemplación es necesario dejarse llevar, reprender, animar e interpelar libremente por las mismas escenas contempladas. Al orante no se le pide razonar y sacar conclusiones de un pasaje de la vida de Jesús, sino sólo “ver las personas, oir lo que hablan y mirar lo que hacen; ... y después reflectir para sacar algún provecho de cada cosa de éstas”   [Ej 106-108; 114-116; 122-125; 194].


No es casualidad que Ignacio deje una y otra vez deliberadamente indeterminado el fruto de cualquier ejercicio contemplativo. La expresión “algún provecho” sólo la usa al hablar de la contemplación. A diferencia de lo que propone en la meditación, el autor de los Ejercicios recomienda entrar ahora en la oración sin pretender determinar previamente cuál ha de ser el ‘provecho’ de ella. Desde el silencio extasiado del orante, la contemplación es sobre todo un diálogo abierto, en el que el Espíritu frecuentemente termina hablando de lo que el contemplativo menos se esperaba.

La eficacia sorprendente y externamente imperceptible de la contemplación sólo es percibida por quien, con generosidad y honradez, se toma el tiempo suficiente para esperar al Señor, fijar en El su mirada y ‘malgastar’ las horas con El. Éste tal quedará transformado por la contemplación de los ‘misterios de la vida de Jesús’, aun cuando no sea directamente consciente de ello. 

Antonio Guillén, SJ, 
Dicc. de Espiritualidad Ignaciana, Voz “Contemplación”.

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