Cumplir con mi conciencia sin esperar que
los otros me entiendan. Callar ante lo que considero injusto contra mi
persona, pues el errado puedo ser yo.Pensar bien de las intenciones de
los demás hacia mí. Soportar -en
silencio- lo que me pudiera ser injurioso y responder sólo con amor,
pues el que ofende es el que más requiere ser amado. No presentarme como
paladín de mi propia causa ni orquestarla con otros, pues en realidad
no es justicia lo que busco, sino defender mi vanidad herida. No
sentirme "bueno" pues sólo mi Padre es realmente Bueno. No sentirme
víctima pues sólo lo soy de mis errores, defectos y pecados. No sacar la
espada por mí sino sólo defender la causa de Cristo verdaderamente,
haciéndome a un lado en la recompensa y aceptando las bofetadas que son
poco pago a mis defectos y grandes pecados, y que servirán, además, en
algo para lavar mis enormes culpas que debo aún, luego de arrepentirme y
reconocer mi soberbia disfrazada de indignación y colmada de disculpas a
lo que hago. Si no acepto mis defectos, ni mi soberbia, si me creo el
"bueno", si deseo recompensa por el poco bien que pueda hacer, si la
busco aquí en la tierra, es claro que no vivo el verdadero espíritu
católico.
¡Ayúdame Señor a seguirte! Déjame participar aunque
sea de manera mínima en tu Calvario. Poco será lo que haga por todo lo
que debo. Soy un pecador y un miserable. Un sólo pecado mortal mío lo
demuestra (y son muchos). Y a veces mi orgullo, todavía, me hace sentir
"bueno".Tú eres sólo la Bondad. Perdóname, Señor, y ayudame a vivir en
realidad como católico y discípulo tuyo.
Señor: Que sólo piense
en tu honra y en la de tu vilipendiada Iglesia, atacada por miles de
enemigos. Qué deje de pensar tanto en mí y que todo lo haga sólo por tí y
por el prójimo. Ayúdame a vivir -de manera genuina- la caridad hacia
mis hermanos y perdóname por tantas fallas, de mi parte, en el amor.
Ayúdame a controlar mi temperamento y seguirte en TODO. Sé que me
juzgarás en el amor en la tarde de mi vida, Señor, ayúdame para que tu
juicio no sea rechazarme, sino -antes bien- acogerme en la
bienaventuranza eterna.

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