Primera lectura: (Isaías 66,18-21)
Marco: El contexto es la reunión de todos los pueblos que
llegarán a formar con Israel –en la época escatológica– una sola
comunidad. Son convocados todos los hombres a la unidad, pero alrededor
de Israel. Israel sigue siendo el pueblo privilegiado y depositario de
las promesas.
Reflexiones
1ª) ¡Dios proyecta y prepara una salvación universal para todas las naciones!
Para la interpretación de esta lectura hay que dirigir la mirada a
los orígenes (Gn 2) y a la promesa hecha a Abrahán: Por ti serán
benditas todas las naciones de la tierra (Gn 12,2-3). Esta promesa
universal estará presente en todo el itinerario salvífico. La lectura
que proclamamos hoy enlaza con esta promesa patriarcal. Entre los dos
textos han ocurrido muchos acontecimientos. La humanidad no es una
comunidad unida, sino un conjunto de naciones frecuentemente enfrentadas
y odiadas entre sí. La reunión de todos los pueblos y naciones es obra
del amor gratuito y misericordioso de Dios que así lo ha proyectado
desde los orígenes. Aquellos pueblos todavía no conocen ni el nombre ni
la gloria del Señor, es decir, no conocen su identidad. Pero todos los
pueblos están convocados a participar de los bienes de la salvación. Es
necesario proclamar que Dios bendice todos los proyectos conducentes a
garantizar la paz, la justicia y el equilibrio solidario entre los
pueblos. Y los creyentes deben enrolarse generosa y gustosamente en
todos esos proyectos, aunque no estén inspirados explícitamente por el
Evangelio. En la solidaridad universal habla Dios, porque tiene un
proyecto universal de salvación y este no es posible sin la paz, la
justicia y la solidaridad humana.
Segunda lectura: (Hebreos 12,5-7.11-13)
Marco: La perícopa que proclamamos tiene como tema central que
Dios nos corrige como a hijos. Esta exhortación sale al paso de
aquellos hermanos, perseguidos a muerte, que corren el peligro de
sentirse abandonados por un Dios que permite el sufrimiento y la
persecución a muerte. Este autor extrae las consecuencias y reflexiona
sobre el tema proyectando una luz nueva, aunque el pensamiento
sapiencial aparece ya en el Antiguo Testamento.
Reflexiones
1ª) ¡La corrección de Dios, signo de su solicitud paternal y pedagógica!
Desde la perspectiva teológica es evidente que el hombre frente a
Dios necesita una rectificación diaria. La corrección es una pedagogía
que pretende eliminar los elementos que obstaculizan el crecimiento y la
maduración. El autor juega con dos planos diferentes y complementarios.
De hecho, recurre al ejemplo de una familia en la que el padre,
solícito del crecimiento y maduración de sus hijos, se ocupa de
corregirlos para que lleguen a la madurez humana. El autor de la carta
piensa en los creyentes que sufren la persecución sangrienta, el despojo
violento de sus bienes y el rechazo social que eso conlleva. En ese
plano, insiste que la corrección y la prueba que Dios permite tienen un
valor pedagógico para conseguir la salvación y la maduración en la fe.
El sufrimiento curte los espíritus. De tal manera que el sufrimiento y
el amor son dos valores correlativos: la capacidad para amar está en
relación con la capacidad para sufrir y a la inversa. ¿Por qué el
sufrimiento? ¿Por qué los acontecimientos trágicos que no comprendemos?
¿Por qué los desastres naturales que arrastran tantas vidas y dejan tras
de sí tanta angustia, sufrimiento y desesperación?... El autor de la
carta a los Hebreos responde que es una pedagogía utilizada por el mejor
de los Padres con sus hijos a los que ama. Esta actitud del Padre
posibilita y anima una actitud coherente en sus hijos para con sus
hermanos a fin de ayudarles a llevar sus cargas.
Evangelio: (Lucas 13,22-30)
Marco: Proseguimos el viaje hacia Jerusalén. El interés
central de esta sección es describir los rasgos del verdadero discípulo
y, posteriormente, de la verdadera comunidad cristiana.
Reflexiones
1ª) ¡Siempre en camino hacia Jerusalén y hacia el mundo para invitarlo a la salvación!
Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas
enseñando. Es una de las siete veces que el autor recuerda al lector que
Jesús va hacia Jerusalén. Tiene especial interés en que el lector no
pierda de vista este telón de fondo que colorea sus enseñanzas. Y en ese
camino ascendente, Jesús sigue realizando su misión, que es enseñar y
proclamar el Reino de Dios, y lo hace en todas las ciudades y aldeas por
las que atraviesa en su itinerario. Jesús invita y, en cierto modo,
urge a que todos puedan participar de la salvación que se va a consumar
en Jerusalén. Lucas quiere mantener un clima de tensión hacia el centro
de la salvación. Es una de sus ideas preferidas y que jalonan y
estructuran su relato. Ya desde el comienzo aparece esta visión
universal: en la dramatización* cristológica que realiza de la obra de
Jesús ( (Lc 2,30-32). De forma proléptica* pero muy sugerente, Lucas
quiere que sus lectores de siempre lean su obra en esta clave que
ilumina el conjunto.
2ª) ¡La oferta de Dios es sinceramente universal y para todos!
Señor, ¿serán pocos los que se salven? Esta pregunta dirigida a
Jesús por un oyente anónimo, expresa y recoge una de las más frecuentes
inquietudes que ha experimentado la Iglesia a lo largo de su historia (e
indirectamente la humanidad entera). El Evangelio de Jesús se presenta
como una oferta exigente para todos. Los hombres, en su experiencia
humana, parecen encontrarse ante la imposibilidad de alcanzar la
salvación. Para conseguir una respuesta lo más acertada posible es
necesario tener en cuenta algunos elementos importantes. Por una parte,
el Nuevo Testamento afirma que Dios quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tm 2,1-8). Por otra
parte, en la predicación de Jesús encontramos un dicho que ha sido
objeto de distintas interpretaciones. Se trata de la frase final con que
termina la parábola de los invitados a las bodas: Porque muchos son
llamados, pero pocos escogidos (Mt 22,14). En la lengua hebrea y aramea
no existe el comparativo y la relación más... menos y muchos... menos.
Para expresar estas ideas lo hacen con los absolutos: muchos... pocos.
Este sería el sentido: todos son invitados a participar de la salvación
pero no todos responden. En la Institución de la Eucaristía, Jesús
afirma, también en su lengua materna, que su sangre será derramada por
la multitud o totalidad de los hombres. Todos estos testimonios abogan a
favor de la convicción de que Dios quiere realmente la salvación de
todos. ¿Qué impide la salvación? La repuesta libre del hombre que puede
elegir. Lo que se nos ha dado gratuitamente hemos de conquistarlo para
poseerlo. He ahí el secreto de la salvación. Todos pueden realmente
participar en la salvación definitiva. Es necesario proclamar este
mensaje a los hombres de nuestro tiempo.
3ª) ¡Hay que acertar con el camino y con la puerta!
Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.
Jesús ofrece una última recomendación. Lucas, que es el evangelista que
más subraya la misericordia, la bondad y el amor de Dios, insiste, a la
vez, en las exigencias prácticas y concretas del Evangelio para que se
pueda conseguir lo que promete. Es necesario acertar con el camino que
es Él mismo (Jn 14,1-6; Jn 10,1ss). Aunque pertenece a otra tradición
evangélica y estos textos necesiten su propia interpretación, la
referencia completa el pensamiento expresado por Lucas y enriquece la
perspectiva: sólo por medio de Cristo Jesús, el Señor, se consigue la
salvación. Ciertamente, el conocimiento expreso de Jesús puede darse o
no, pero todos entran en la vida definitiva por Él. Esto quiere decir
que Dios tiene muchos medios de conducir a los hombres, sus hijos, hacia
el encuentro con su Hijo, Salvador universal, y hacia la salvación que a
través de Él concede al mundo. Jesús, el Logos encarnado, alcanza a
todos los hombres, y todos, a su manera, habrán de responder libremente
para entrar en la salvación. Esta perspectiva es firme y segura. Es
necesario acertar con la puerta. Los que tienen el privilegio de conocer
el Evangelio, y a Jesús a través de él, son invitados a conocer siempre
mejor a Jesús, su persona, sus gestos y sus palabras, y a tomar en
serio su salvación.

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