
Carta nº 4 Junio 1874
“mucha caridad y no dejar de levantar el corazón y la mente al cielo”En esta perla es clara la primera parte: “mucha caridad”. Abundante caridad aún cuando creamos que no podemos, aún cuando creamos que no debemos… mucha caridad.
Pero me quedo con esa segunda parte de “levantar el corazón y la mente al cielo”. Me hace pensar en las veces que camino mirando sólo el suelo. ¡Cuántos golpes y cuantas ocasiones perdidas para hacer algo mejor que mirar así! Levantar el corazón con los pies en el suelo (caridad) y con los brazos arremangados y dispuestos.
Es la mezcla de miradas: horizontal y vertical.
Mucha teología se ha escrito sobre este asunto pero me quedo con la sencillez de esta perla. Y lo sencillo es lo que no se olvida.
Y al hablar de sencillez me quedo también hoy 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, con esta imagen de María tan presente siempre en el pensamiento y en las obras de la M. Cándida. Es la imagen que hay en la capilla de las Hijas de Jesús en Hayama, Japón.
“mucha caridad y no dejar de levantar el corazón y la mente al cielo”En esta perla es clara la primera parte: “mucha caridad”. Abundante caridad aún cuando creamos que no podemos, aún cuando creamos que no debemos… mucha caridad.
Pero me quedo con esa segunda parte de “levantar el corazón y la mente al cielo”. Me hace pensar en las veces que camino mirando sólo el suelo. ¡Cuántos golpes y cuantas ocasiones perdidas para hacer algo mejor que mirar así! Levantar el corazón con los pies en el suelo (caridad) y con los brazos arremangados y dispuestos.
Es la mezcla de miradas: horizontal y vertical.
Mucha teología se ha escrito sobre este asunto pero me quedo con la sencillez de esta perla. Y lo sencillo es lo que no se olvida.
Y al hablar de sencillez me quedo también hoy 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, con esta imagen de María tan presente siempre en el pensamiento y en las obras de la M. Cándida. Es la imagen que hay en la capilla de las Hijas de Jesús en Hayama, Japón.
Carta nº 4 Junio 1874 (2ª parte)“mucha oración y unión”
Dos palabras que resumen el motor de una vida. O por lo menos una parte importante del motor de la vida de la M. Cándida.
Oración entendida como presencia continua, como vida, como algo cotidiano con lo que se vive. Oración necesaria para poder continuar con la labor que cada uno descubre en la vida. Oración de ayuda y agradecimiento, de momentos que no se entienden, de tropiezos involuntarios, de acciones que necesitan el perdón para ser entendidas.
Una oración no de individuos solos y solitarios que buscan sólo su propia perfección. La M. Cándida nos recuerda que junto a la oración debe ir la unión, la buena unión: la que tenemos con Dios y con los hermanos. Y sin unión ¿para qué sirve la oración? Y sin oración ¿es posible la unión?
Del equilibrio entre estas dos palabras nacen muchas vidas anónimas, por todos los rincones del mundo, que logran el verdadero sentido de ser cristiano. ¡Ánimo!, ¡sabemos de quien nos hemos fiado!

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