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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 24 de Marzo del 2023, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todo habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN

4 de octubre de 2012

Doctrina Iglesia Católica; ángel custodio; mundo lleno angelical 12



ÁNGELES Y DEMONIOS EN LA
HISTORIA DE LAS RELIGIONES

por JUAN MARTÍN VELASCO
Introducción

EL Título común propuesto a esta reflexión interdisciplinar traiciona el marco teológico y cristiano desde el que se ha programado. Para la historia de las religiones, el tema «ángeles y demonios» se inscribe en un capítulo más amplio que comprende también los genios y los espíritus. Ángeles y demonios son dos tipos dentro de un amplio mundo de figuras que comporta otras muchas. El mundo religioso se extiende desde el mundo inmediato del hombre hasta el del Misterio que abarca y orienta su vida. Entre este último, representado bajo figuras muy diversas: Dios, dioses, lo divino, etc., y la vida del hombre hay un amplio espacio en el que se alojan infinidad de figuras, de seres intermedios que aproximan la figura de la divinidad al mundo del hombre, que le sirven de «mensajeros, que la hacen visible y que protegen el curso de su vida, que habitan su mundo, que cargan con la responsabilidad de sus lados oscuros, figuras a las que se atribuyen los males que el hombre no puede explicar o con cuya responsabilidad no se atreve a cargar. Es el mundo de los espíritus, los genios benignos y malignos, de los ángeles y de los demonios. Un mundo reconocido en todas las religiones y tanto más complejo y abigarrado cuanto más cerca estamos de la religión olvida por el pueblo, de la religiosidad popular, aunque no falte tampoco en las representaciones religiosas de las teologías y los cultos oficiales. A este mundo se refieren las páginas que siguen. Metodológicamente me sitúo en el terreno difícil de precisar de la historia comparada de las religiones y de la fenomenología de la religión. Basándome, pues, en unos pocos casos importantes -el espacio impone esto limitación- intentaré destacar las figuras a las que se refiere el titulo, procurando evitar a la vez que la sistematización fuerce el contenido de los datos y que la exposición se reduzca a la acumulación de unos datos incongruentes y carentes de significación.


1 Genios y espíritus
GENIOS-ESPIRITUS: SON LA PRIMERA representación de las figuras que pueblan el mundo sobrehumano. La variedad de las formas concretas que revisten dan lugar a un mundo extraordinariamente abigarrado, tan polimorfo como el mundo religioso mismo. Se puede decir que para muchas religiones, y no exclusivamente de las denominadas de nivel primitivo, cada zona importante de la realidad, cada bloque de seres del mundo y cada aspecto de la vida están acompañados de una especie de áurea trasmundana que es como la sombra que provocan al entrar en contacto con la trascendencia. Sin duda es en el hombre donde el fenómeno adquiere más relieve y por eso los espíritus acompañan sobre todo la vida humana y la prolongan bajo la forma de los espíritus de los muertos. Pero de forma más indeterminada, bajo la figura de genios y de numisma, acompañan también las plantas, los animales, los manantiales y las corrientes de agua, los astros, el aire y un casi interminable etcétera. Pueden ser experimentados como benévolos y como malignos. Aparecen, pues, como la condensación de la numinosidad, el carácter sacral, la valencia hierofánica de que está dotada la realidad en su conjunto. Resultan así como una forma de ese poder superior con el que el hombre religioso se enfrenta. Con frecuencia se sitúan junto a los dioses, como manifestaciones de lo divino; otras, los sustituyen. Frecuentemente se organizan en grupos ­que corresponden a las llamadas costelaciones hierofánicas­ y se ordenan formando una verdadera jerarquía.

Tales genios y espíritus aparecen en la inmensa mayoría de las religiones de nivel primitivo, pero subsisten en las religiones de las grandes culturas de la antigüedad. Testimonios de estas figuras ofrecen los nats de la religión popular de Birmania y Bangla-Desh, las almas y los genios de las poblaciones altaicas de Siberia, los genios locales del sureste asiático, los kouei de la religión popular china, las innumerables figuras de las religiones africanas y australianas, etc.

La presencia de tales figuras está igualmente atestiguada en la mitología hindú: «Las mitologías de la India, tanto hindúes como budista y jainista, se caracterizan por su complejidad. Vistas desde fuera se tiene la impresión de un pulular anárquico en el que se mezclan ángeles y demonios, dioses y genios, ninfas de belleza muy concreta y potencias casi abstractas, divinidades soberanas y, sin embargo, mortales, héroes que, como en Grecia, participan a la vez de lo humano y lo divino 1. «Hay en la India una serie de potencias que la tradición no individualiza, sino que agrupa en series de seres inferiores a los dioses y pertenecientes a mundos distintos del de los hombres: ninfas, elfos, genios, hadas, demonios, vampiros y dragones. Sociedad pululante y misteriosa que los fieles intentan hacerse propicia» 2. A la misma categoría pertenecen, sin duda, los numina de la religión romana y ese último grado del mundo divino de los griegos que aparece ligado a personas o realidades naturales y que están a medio camino entre lo divino y lo humanos. Muchos de estos genios aparecen como ambivalentes: malignos o peligrosos al mismo tiempo que benévolos. Otros representan concentraciones elementales del mal y parecen personificaciones tendentes a explicar la reacción de angustia, de terror, que el hombre experimenta ante los lados oscuros, misteriosos, amenazantes de lo real. De ahí la incoherencia, la monstruosidad que domina en sus representaciones literarias y plásticas. En estos espíritus maléficos se condensa el terror de los lugares desiertos, inhóspitos, solitarios; el maleficio de las horas nefastas; la medianoche, el calor sofocante del mediodía (demonio meridiano); la fuerza irreprimible del instinto sexual; el terror de las pesadillas; la enfermedad mental y el trance. Las fuentes en que se alimenta esta proliferación de las figuras demoníacas elementales son tan numerosas que se ha podido decir que «los seres demoníacos cubren la tierra como la hierba», y la vida de las poblaciones primitivas está llena de terror que originan y del que son testimonio esas figuras.

No seria difícil identificar este primer nivel de figuras en las creencias en fantasmas, hadas, dragones, brujas, etc., que dominan la religiosidad popular, el folklore y la literatura de muchas poblaciones, incluso actuales. Se trata, podríamos resumir, de condensaciones del «halo mágico» que ha rodeado a la naturaleza hasta la época moderna y que la misma ciencia, a pesar de su poder «desencantador», no ha conseguido eliminar 5.

2 Los ángeles 6
BAJO LA FORMA elemental a que acabamos de aludir, los ángeles aparecen por todas partes en la historia de las religiones. Pero no todas las religiones han desarrollado una angelología precisa. Las figuras de los ángeles emergen de un fondo mitológico múltiple. Por una parte, el mundo de figuras intermedias entre el hombre y lo divino, de seres semidivinos o de entes en los que se encarnan acciones y funciones de los dioses; por otra, el mundo de los espíritus de muertos poderosos y de los impulsos individuales o necesidades de la vida, que dan lugar a personificaciones que influyen en el destino personal.

Ordinariamente, las figuras de los ángeles cumplen una triple función: la de seres semidivinos que constituyen una especie de corte celestial; la de guardianes de los hombres, de los pueblos o de determinados seres naturales; la de mensajeros de los dioses e intermediarios entre éstos y los hombres. Las formas concretas de los ángeles corresponden en buena medida a la estructura de la religión en que aparecen, a la configuración de la divinidad que le es propia y al tipo de religiosidad que caracteriza a cada religión.

A titulo de ejemplo nos referiremos a tres religiones diferentes. Elegimos estas tres por disponer de una angelología desarrollada y por haber mantenido alguna relación con la religión de Israel y con el cristianismo.

a) Los ángeles en la religión asiro-babilónica
MUCHOS DIOSES del panteón mesopotámico tienen a su servicio ministros particulares que envían junto a los hombres. Así, Anu, primero de los dioses de la tríada celeste, tiene como mensajeros a Ninshubar y Papsakal. Existe, por otra parte, en el panteón babilónico un dios ­Nabu­ que es presentado como el mensajero de todos los dioses. El mismo apelativo recibe, además, el dios Nusku.

Junto a estos mensajeros de los dioses existen ángeles, llamados también dioses, que protegen al hombre desde su nacimiento y lo abandonan cuando hace el mal. E. DHOME subrayó la importancia de estos dioses personales a los que se refieren otros autores, denominándolos demonios buenos, que equivalen a dioses protectores. Numerosos textos se refieren a ellos en términos semejantes a éstos:
«Que mi dios esté a mi derecha,
que mi dios esté a mi izquierda
y que los genios protectores Shedu y Lamassu
estén siempre conmigo».
«Que los demonios ­dice otro texto-
no se acerquen al cuerpo del hombre hijo de su dios» 7.

Entre los genios protectores conviene destacar a los karibu o kuribu. Son genios o espíritus representados como seres alados con las manos levantadas en actitud de oración y encargados de la protección de casas y templos. Una oración dedicada a estos espíritus dice así: «Genio protector del templo, protege tu templo» 8.

E. DHORME PUSO en relación estas figuras babilónicas con las figuras veterotestamentarias de los querubines que protegen la entrada del templo.

b) Los ángeles en las religiones del Irán
LA IMPORTANCIA que cobran las figuras angélicas en Irán ha hecho que se hable de este país como de la patria por excelencia de los ángeles 9. Esto explica también el «pan-iranismo» que dominó durante algún tiempo en los estudios sobre la religión en Oriente medio en lo relativo a ángeles, demonios y escatología.

Sin entrar en esta cuestión, es cierto que en Irán nos encontramos con una angelología notablemente desarrollada. Las primeras representaciones de los ángeles las encarnan los Amesa Spenta, corte de espíritus buenos situados en tomo a Ahura Mazda, el señor sabio, dios supremo del mazdeísmo. Se trata de figuras a medio camino entre teofanías, atributos o fuerzas del dios único y personificaciones míticas determinadas que resultarían difícilmente conciliables con el monoteísmo de esta religión. Por un lado corresponden a espíritus o genios destinados a presidir y promover los elementos buenos de la naturaleza: luz, agua, fuego, etc., y por otra, son descritos como hipóstasis o manifestaciones de la sustancia divina, como indican los nombres propios con que se los invoca: buen pensamiento, soberanía divina, orden justo, etcétera.

En épocas posteriores, algunas divinidades naturalistas del mundo iránico anterior al mazdeísmo emergen como yazata, realidades venerables jerárquicamente situadas. A éstas se añaden los fravashi, una especie de alma inmortal atribuida a todos los hombres y semejantes a los ángeles protectores de otros contextos religiosos.

En resumen, pues, en la religión del Irán los ángeles revisten tres formas principales: espíritus o personificaciones de fuerzas y elementos naturales; hipóstasis del aparecer y el actuar de dios entendido en contexto monoteísta, y espíritus protectores de los hombres y de su vida 10.

c) Ángeles ­daimones- en el mundo griego
DAIMONES/QUE--SON: EN GRECIA la realidad a la que se refieren las angelologías irania y judía es expresada con la noción notablemente ambigua de daimon. Aun sin insistir en el hecho de que daimon aparece en no pocas ocasiones como un término análogo al de theos con que se designa a los dioses, el término daimon es utilizado para referirse a diferentes realidades que comparten los rasgos fundamentales de lo que en otras tradiciones se denominan ángeles.

Con los peligros de simplificación que esto comporta, se han resumido en estos cinco los sentidos del término daimon en la religión y en la cultura griegas.

Daimones se refiere en una primera acepción a las almas «divinizadas» de antepasados humanos que desde su situación de perfección y bienaventuranza ejercen sobre el mundo de los hombres una función de protección.

El término designa en segundo lugar a seres divinos y semidivinos, intermediarios entre los dioses superiores y los hombres y mensajeros de los primeros. El eros descrito en El Banquete de PLATÓN (202 c) seria uno de esos seres mediadores.

Con la palabra daimon se designan a veces energías interiores que actúan en el hombre como lo hace el daimon de SÓCRATES, ya se le entienda como una especie de voz de la conciencia o como la sumisión a la voluntad del dios que actúa en la vida del filósofo como contrapeso de otras inclinaciones o tendencias.

El daimon puede ser, en ocasiones, la personificación de una fuerza etónica de carácter benévolo.

Por último, los daimones designan a veces unas fuerzas que rigen los elementos naturales y hacen que el mundo humano sea un mundo «habitado» por lo sobrenatural. En este sentido dirá HERÁCLITO que todo está lleno de ánimas y daimones y los pitagóricos que el aire está lleno de ánimas, eso que llamamos daimones, héroes, etc. 11.

3 Los demonios
A LA LUZ de los datos anteriores que constituyen su marco natural, el contexto en que deben ser situados, los demonios aparecen como una nueva figura de ese abigarrado mundo intermedio entre los dioses y los hombres. El primer rasgo que caracteriza esta figura es la pluralidad de formas que reviste lo demoníaco. «El diablo, como se ha escrito, es múltiple». La pluriformidad de lo demoníaco contiene, además, algo de incoherente, caótico, fantástico. La «acumulación fantástica de metamorfosis monstruosas ­añade GERMAN BAZIN en un estudio sobre las figuras en que se ha representado lo diabólico­ siempre concluirá en una totalidad parcial, una suma de fragmentos que no se pueden reducir a la unidad. Deformidad, pluralidad y caos serán los caracteres de la plástica diabólica a través de las civilizaciones más alejadas en el espacio» 12.

El texto anterior se refiere a las representaciones del demonio en el arte, pero la multiplicidad que constata tiene su raíz en la multiplicidad de figuras que se resumen en ese nombre.

No es fácil organizar la extraordinaria variedad de datos que ofrece la historia de las religiones. Pero en una exposición como la nuestra resulta indispensable hacerlo aun a costa de simplificarlos y de imponerles un esquema exterior.

La primera figura de lo demoníaco se sitúa en lo que describíamos en nuestro primer apartado como mundo de los genios y los espíritus. Muchos de los demonios que nos son más familiares no son otra cosa que los genios y espíritus malignos en los que personificamos los fantasmas y los miedos que nos producen los lados negativos, oscuros y peligrosos de la vida y la naturaleza.

La segunda representación del demonio es la figura del monstruo que se opone al demiurgo en el establecimiento originario del cosmos. A este grupo pertenece el monstruo Vrta, también llamado Ahi, que debe vencer el dios guerrero Indra del vedismo para que pueda surgir el mundo. Este gran dragón no representa el mal en su totalidad, porque ni el mal moral, representado sobre todo como druh, la mentira y el engaño, ni la muerte están ligados con él. Con todo, Vrta-Ahi es la quinta-esencia de las potencias demoníacas que con diversos nombres, como asuras, dioses malos opuestos a los devas, dioses buenos, raksas y otras figuras, completan el elenco de lo demoníaco en la primera época del hinduismo 13.

La misma figura demoníaca que encarna el mal como principio cósmico aparece en el Oriente medio. Su figura más impresionante es Tiamat, monstruo o dragón de la profundidad del agua marina que es vencida por el dios-héroe Marduk, según el poema babilónico Enuma Elis 14. En los mitos ugaríticos el monstruo marino tiene por nombre Yammu, que es vencido por Baalu 15. Tampoco Tiamat es principio actual del mal, ya que fue vencido de una vez para siempre. Los males concretos de la existencia son referidos en Babilonia a los demonios, a los pecados del hombre, a las enfermedades, y de ellos pide el fiel ser liberado a los dioses y en especial a Marduk. Sin duda, esta duplicidad de datos en la misma religión se debe a una duplicidad de planos. En el primero, especulativo, se sitúan los mitos de origen que conservan las clases sacerdotales y en él aparece el mal bajo la forma de principio cósmico del mal; en el segundo se sitúan las creencias populares preocupadas inmediatamente por los males concretos, y en ellas el mal es representado por los demonios y los espíritus contra los cuales actúan las prácticas rituales 16,

Otra representación importante del principio del mal en relación con los orígenes y la creación, aparece en numerosas poblaciones del nivel primitivo bajo la forma de un contra-demiurgo a cuya actividad se atribuyen los dos lados negativos en la creación. Concretado en diferentes figuras, vamos a describirlas tomando como modelo la figura mítica del «trikster» (el embaucador), presente en numerosas poblaciones y que ha sido estudiado con todo detalle, entre otros, por W. SCHMIDT en su monumental obra El Origen de la Idea de Dios. De él existen diferentes representaciones. Es pintado a veces como cuervo o como el coyote o como hombre-coyote o como viejo. Pero bajo figuras tan distintas desempeña una función análoga. Es, por una parte, enemigo del demiurgo que estropea la obra de la creación, causando en ésta los lados negativos que no podrían atribuirse al principio bueno. Es, sobre todo, responsable de la introducción de la muerte. Pero también aparece como héroe cultural que ha traído determinados bienes a los hombres. Por eso su figura es una verdadera suma de contrastes muy característica de algunas de las representaciones demoníacas. U. BIANCHI dice de él que es a la vez «utilitarista y perspicaz, altruista y ferozmente egoísta, orgulloso y pronto al lamento...». Para concluir, después de muchas contraposiciones, que se trata de un «Prometeo-Epimeteo todavía no separado, pero en un plano menos trágico y más popular 17.

Veamos al coyote en acción, según un mito de los maidus, tribu de California central. El creador quiere que los hombres llegados a la vejez se sumerjan en un lago y salgan rejuvenecidos, y demuestra su voluntad rejuveneciendo al primer hombre. Pero el coyote quiere que los hombres mueran y les convence de que así será mejor, porque podrán celebrar solemnes ceremonias, las viudas podrán casarse de nuevo, etc. El creador cede a regañadientes y permite el cambio. Más adelante, el coyote organiza una fiesta en la que se celebran carreras. Su hijo, gran corredor, participa en ellas y sobrepasa a todos los participantes. una serpiente lo muerde durante la carrera y a los pocos instantes muere. El coyote se lamenta y lo lleva al lago que el creador había establecido para el rejuvenecimiento de los hombres. Lo arroja a las aguas, pero éstas no lo devuelven. Ahí tiene coyote el castigo por haber introducido la muerte entre los hombres 18.

Esta representación «primitiva» del demonio nos acerca a las figuras que conocemos en tradiciones que nos son más próximas. Pero el momento decisivo en la «moralización» de la figura del demonio lo constituye de nuevo la religión del Irán.

Ahura Mazda es el dios supremo y único de la religión de Zaratustra. Él es el sabio, bueno y santo, pero de él proceden dos espíritus gemelos, Spenta Mainyu (espíritu bueno) y Ahra Mainyu (Ahriman), espíritu hostil y mentiroso, espíritu malo. Los dos espíritus organizan la totalidad de lo que existe. Ahra Mainyu es el principio del mal, el responsable de la no vida, de la muerte. Responsable del mal, elige lo peor. Detrás de estos dos espíritus enfrentados se agrupan todos los hombres en dos campos o ejércitos.

Ahra-Mainyu encarna la mentira (drug) que se opone a la verdad (Asa), como se oponen en la India druh, el engaño, y Rta, el orden y la verdad.

Junto a esta figura prototípica existen otras clases de demonios. Con un curioso intercambio de nombres en relación con la tradición de la India, en Irán los espíritus malos reciben el nombre genérico de devas en oposición a los asuras, que son espíritus benéficos y dioses.

El dualismo, atestiguado en el Mazdeísmo y que nunca llegó en él a formas radicales, porque Ahura Mazda está siempre como dios supremo por encima de todos los espíritus, se radicaliza posteriormente en el zurvanisismo del Irán occidental con Zurvan como ser supremo y Ormuz y Ahriman como gemelos opuestos. Ahriman, el espíritu malo, predomina en este mundo, aunque se promete la victoria del bien, Ormuz, para el futuro. El dualismo continuará acentuándose en las tradiciones gnósticas y en el maniqueísmo 20.
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