Hoy parecemos asistir
a la desaparición progresiva del símbolo de la cruz. Desaparece de las
casas de los vivos y de las tumbas de los muertos, y desaparece sobre
todo del corazón de muchos hombres y mujeres a quienes molesta
contemplar a un hombre clavado en la cruz. Esto no nos debe extrañar,
pues ya desde el inicio del cristianismo San Pablo hablaba de falsos
hermanos que querían abolir la cruz: "Porque son muchos y ahora os lo
digo con lágrimas, que son enemigos de la cruz de Cristo" (Flp 3, 18).
Unos afirman que es un símbolo maldito; otros que no hubo tal cruz,
sino que era un palo; para muchos el Cristo de la cruz es un Cristo
impotente; hay quien enseña que Cristo no murió en la cruz. La cruz es
símbolo de humillación, derrota y muerte para todos aquellos que ignoran
el poder de Cristo para cambiar la humillación en exaltación, la
derrota en victoria, la muerte en vida y la cruz en camino hacia la luz.
Jesús, sabiendo el rechazo que iba producir la predicación de la
cruz, "comenzó a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén
y sufrir mucho...ser matado y resucitar al tercer día. Pedro le tomó
aparte y se puso a reprenderle: '¡Lejos de ti, Señor, de ningún modo te
sucederá eso!' Pero Él dijo a Pedro: ¡Quítate de mi vista,
Satanás!¡...porque tus pensamientos no son de Dios, sino de los
hombres!" (Mt 16, 21-23).
Pedro ignoraba el poder de Cristo y no
tenía fe en la resurrección, por eso quiso apartarlo del camino que
lleva a la cruz, pero Cristo le enseña que el que se opone a la cruz se
pone de lado de Satanás.
Satanás el orgulloso y soberbio odia la
cruz porque Jesucristo, humilde y obediente, lo venció en ella
"humillándose a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz",
y así transformo la cruz en victoria: "...por lo cual Dios le ensalzó y
le dio un nombre que está sobre todo nombre" (Flp 2, 8-9).
Algunas personas, para confundirnos, nos preguntan: ¿Adorarías tú el cuchillo con que mataron a tu padre?
¡Por supuesto que no!
1º. Porque mi padre no tiene poder para convertir un símbolo de derrota
en símbolo de victoria; pero Cristo sí tiene poder. ¿O tú no crees en
el poder de la sangre de Cristo? Si la tierra que pisó Jesús es Tierra
Santa, la cruz bañada con la sangre de Cristo, con más razón, es Santa
Cruz.
2º. No fue la cruz la que mató a Jesús sino nuestros pecados.
"Él ha sido herido por nuestras rebeldías y molido por nuestros pecados,
el castigo que nos devuelve la paz calló sobre Él y por sus llagas
hemos sido curados". (Is 53, 5). ¿Cómo puede ser la cruz signo maldito,
si nos cura y nos devuelve la paz?
3º. La historia de Jesús no
termina en la muerte. Cuando recordamos la cruz de Cristo, nuestra fe y
esperanza se centran en el resucitado. Por eso para San Pablo la cruz
era motivo de gloria (Gál 6, 14).
Nos enseña quiénes somos
La
cruz, con sus dos maderos, nos enseña quiénes somos y cuál es nuestra
dignidad: el madero horizontal nos muestra el sentido de nuestro
caminar, al que Jesucristo se ha unido haciéndose igual a nosotros en
todo, excepto en el pecado. ¡Somos hermanos del Señor Jesús, hijos de un
mismo Padre en el Espíritu! El madero que soportó los brazos abiertos
del Señor nos enseña a amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Y
el madero vertical nos enseña cuál es nuestro destino eterno. No
tenemos morada acá en la tierra, caminamos hacia la vida eterna. Todos
tenemos un mismo origen: la Trinidad que nos ha creado por amor. Y un
destino común: el cielo, la vida eterna. La cruz nos enseña cuál es
nuestra real identidad.
Nos recuerda el Amor Divino
"Tanto amó
Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en
Él no perezca sino que tenga vida eterna". (Jn 3, 16). Pero ¿cómo lo
entregó? ¿No fue acaso en la cruz? La cruz es el recuerdo de tanto amor
del Padre hacia nosotros y del amor mayor de Cristo, quien dio la vida
por sus amigos (Jn 15, 13). El demonio odia la cruz, porque nos recuerda
el amor infinito de Jesús. Lee: Gálatas 2, 20.
Signo de nuestra reconciliación
La cruz es signo de reconciliación con Dios, con nosotros mismos, con
los humanos y con todo el orden de la creación en medio de un mundo
marcado por la ruptura y la falta de comunión.
La señal del cristiano
Cristo, tiene muchos falsos seguidores que lo buscan sólo por sus
milagros. Pero Él no se deja engañar, (Jn 6, 64); por eso advirtió: "El
que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí" (Mt 7, 13).
Objeción: La Biblia dice:"Maldito el que cuelga del madero...".
Respuesta: Los malditos que merecíamos la cruz por nuestros pecados
éramos nosotros, pero Cristo, el Bendito, al bañar con su sangre la
cruz, la convirtió en camino de salvación.
El ver la cruz con fe nos salva
Jesús dijo: "como Moisés levantó a la serpiente en el desierto, así
tiene que ser levantado (en la cruz) el Hijo del hombre, para que todo
el que crea en Él tenga vida eterna" (Jn 3, 14-15). Al ver la serpiente,
los heridos de veneno mortal quedaban curados. Al ver al crucificado,
el centurión pagano se hizo creyente; Juan, el apóstol que lo vio, se
convirtió en testigo. Lee: Juan 19, 35-37.
Fuerza de Dios
"Porque la predicación de la cruz es locura para los que se pierden...
pero es fuerza de Dios para los que se salvan" (1 Cor 1, 18), como el
centurión que reconoció el poder de Cristo crucificado. Él ve la cruz y
confiesa un trono; ve una corona de espinas y reconoce a un rey; ve a un
hombre clavado de pies y manos e invoca a un salvador. Por eso el Señor
resucitado no borró de su cuerpo las llagas de la cruz, sino las mostró
como señal de su victoria. Lee: Juan 20, 24-29.
Síntesis del Evangelio
San Pablo resumía el Evangelio como la predicación de la cruz (1 Cor
1,17-18). Por eso el Santo Padre y los grandes misioneros han predicado
el Evangelio con el crucifijo en la mano: "Así mientras los judíos piden
milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un
Cristo crucificado: escándalo para los judíos (porque para ellos era un
símbolo maldito) necedad para los gentiles (porque para ellos era señal
de fracaso), mas para los llamados un Cristo fuerza de Dios y sabiduría
de Díos" (1Cor 23-24).
Hoy hay muchos católicos que, como los
discípulos de Emaús, se van de la Iglesia porque creen que la cruz es
derrota. A todos ellos Jesús les sale al encuentro y les dice: ¿No era
necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria? Lee:
Lucas 24, 25-26. La cruz es pues el camino a la gloria, el camino a la
luz. El que rechaza la cruz no sigue a Jesús.
Lee: Mateo 16, 24
Nuestra razón, dirá Juan Pablo II, nunca va a poder vaciar el misterio
de amor que la cruz representa, pero la cruz sí nos puede dar la
respuesta última que todos los seres humanos buscamos: «No es la
sabiduría de las palabras, sino la Palabra de la Sabiduría lo que San
Pablo pone como criterio de verdad, y a la vez, de salvación» (JP II,
Fides et ratio, 23).
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