1.- Jesús está entre nosotros. La eucaristía no es una simple conmemoración histórica, sino presencia de Cristo muerto y resucitado. La fiesta del Corpus recuerda y celebra esta presencia real de Cristo. El Día del Corpus es también un día para el encuentro con los hermanos y para que compartamos con ellos, además de todo cuanto humanamente podamos darles, el gozo de tener cerca de nosotros a Cristo, un Cristo personal y cercano que quiere asomarse a nuestra vida no sólo a través de una gran Custodia sino a través de los hombres, que es donde realmente quiere vivir y estar para siempre.
2.- Partirse como Jesús por amor. San Agustín llama a la Eucaristía: “sacramento de amor, símbolo de unidad, vínculo de caridad”. A la Eucaristía se la llamaba la fracción del pan. Es un gesto impresionante. Tendríamos que temblar de amor y dolor cada vez que partimos el pan. Y tendríamos que asumir las mismas actitudes del que se dejó partir. Al mundo egoísta se le ofrece este signo de altruismo supremo. Un gesto que debe repetirse. Si cada vez que comemos de este pan recordamos su muerte por amor, también nos comprometemos a partirnos amando, a gastarnos dividiéndonos y a vivir muriendo.