Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 24 de Marzo del 2023, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todo habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN

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30 de junio de 2024

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 30

 SAN JUAN PABLO II

ÁNGELUS

DOMINGO 10 DE SEPTIEMBRE DE 1989

 

30 -CORAZÓN DE JESÚS VÍCTIMA DE LOS PECADORES


«Cor Iesu, victima peccatorum».

«Corazón de Jesús, víctima de los pecadores».

 

1. Muy queridos hermanos y hermanas:

Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón nos recuerda que Jesús, según la palabra del Apóstol Pablo, "fue entregado por nuestros pecados" (Rm 4, 25); pues, aunque Él no había cometido pecado, "Dios le hizo pecado por nosotros" (2 Co 5, 21). Sobre el Corazón de Cristo gravó, enorme, el peso del pecado del mundo.

Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos.

 

San Juan Pablo II

 

La Iglesia se alegra hoy por aquella “inmensa muchedumbre” que la liturgia nos ha invitado a contemplar en la solemnidad de todos los Santos. Ante un espectáculo tan exaltante sube espontáneamente a los labios la invocación de las letanías: “Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.”

29 de junio de 2024

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 29

 SAN JUAN PABLO II

ÁNGELUS

DOMINGO 3 DE SEPTIEMBRE DE 1989

 

 29 -CORAZÓN DE JESÚS PAZ Y RECONCILIACIÓN NUESTRA


«Cor Iesu, pax et reconciliatio nostra».

«Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros».

Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan. Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren.

 

San Juan Pablo II

En esta hora del Ángelus detengámonos durante algunos instantes Para reflexionar sobre esa vocación de las letanías del sagrado Corazón, que dice:” Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros. “

En la Sagrada Escritura aparece constantemente la afirmación de que el Señor es “un Dios que salva” y la salvación es un don gratuito de su amor y de su misericordia. El  apóstol Pablo, en un texto de gran Valor doctrinal, afirma incisivamente: Dios” Quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1Tim 2,4 ).

28 de junio de 2024

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 28

 SAN JUAN PABLO II

ÁNGELUS

DOMINGO 27 DE AGOSTO DE 1989

 

28 -CORAZÓN DE JESÚS VIDA Y RESURRECCIÓN NUESTRA


«Cor Iesu, vita et resurrectio nostra»

Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra

Corazón de Jesús, víctima por los pecadores

 

 

San Juan Pablo II

           

 Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón nos recuerda que, según la palabra del apóstol Pablo, “fue entregado por nuestros pecados” (Rom 4,25); Pues, aunque no había cometido pecado, “Dios lo hizo pecado por nosotros” (2Cor 5,21): sobre el Corazón de Cristo cargo, enorme, El peso del pecado del mundo.

 

En Él se cumplió de modo perfecto la figura del “cordero pascual cerro, víctima ofrecida a Dios para que signo de su sangre fuesen librados de la muerte los primogénitos de los hebreos. Por tanto, justamente reconoció en Él al verdadero “cordero de Dios”: cordero inocente que había tomado sobre sí el pecado del mundo para sumergirnos las aguas saludables del Jordán; cordero manso, que “era llevado al matadero, como oveja que está muda ante los esquiadores” (Is 53,7), para que con su silencio divino quedase confundida la palabra soberbia de los hombres inicuos.

 

Jesús es víctima voluntaria, porque se ofreció libremente a su pasión, como víctima de expiación por los pecados del hombre, que consumió en el fuego de su amor

 

Jesús es víctima eterna. Resucitado de su muerte y glorificado a la derecha del Padre, conserva en su cuerpo inmortal las señales de las llagas de las manos y los pies taladrados, del costado traspasado, y los presenta al Padre en su incesante plegaria de intercesión a favor nuestro.

 

La admirable “Secuencia” de la Misa de Pascua, recordando este dato de nuestra fe, exhorta:

 

“A  la víctima pascual elevemos en sacrificio de alabanza. El cordero ha redimido a su grey. El inocente nos has reconciliado a nosotros, pecadores, con el Padre”  (victimae paschali, estrofa1ª).

 

Y el prefacio de esta misma solemnidad proclama: Cristo es “el verdadero cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida”.

 

En esta hora de la plegaria mariana hemos contemplado el Corazón de Jesús víctima de nuestros pecados; pero, antes que todos y más profundamente que todos, lo contempló su Madre dolorosa, de la que la liturgia canta: “por los pecados de su pueblo vio a Jesús en los tormentos del duro suplicio” (Stabat Mater, estrofa 7ª).

 

Recordemos esta presencia intrépida e intercesora de la Virgen bajo la cruz del calvario, y pensemos con inmensa gratitud que, en aquel momento, Cristo, que estaba para morir, víctima de los pecados del mundo, nos la confió como Madre: “Ahí tienes a tu Madre”.

 

 

Confiemos a María nuestra plegaria, mientras decimos a su Hijo Jesús:

 

Corazón de Jesús, víctima de nuestros pecados, acoge nuestra alabanza, la gratitud perenne, el arrepentimiento sincero. Ten piedad de nosotros hoy y siempre. Amén

 

  1. Jesucristo, manso y humilde de Corazón.
  2. Haz nuestro Corazón semejante al tuyo.

 

Oración

 

Dios todopoderoso: al venerar el Corazón de tu hijo Unigénito recordamos los beneficios de tu amor para con nosotros; concédenos recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracias.

 

Por Jesucristo nuestro Señor. 

 

Amén

Por Corazón de Jesús

27 de junio de 2024

Letanías al Sagrado Corazón meditadas por San Juan Pablo II - 27

 SAN JUAN PABLO II

ÁNGELUS

DOMINGO 13 DE AGOSTO DE 1989

 

27 -CORAZÓN DE JESÚS FUENTE DE TODA CONSOLACIÓN


«Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros»

 

1. Dios, Creador del cielo y de la tierra, es también "el Dios de toda consolación'' (2 Co 1, 3: cf. Rm 15, 5). Numerosas páginas del Antiguo Testamento nos muestran a Dios que, en su gran ternura y compasión, consuela a su pueblo en la hora de la aflicción. Para confortar a Jerusalén, destruida y desolada, el Señor envía a sus profetas a llevar un mensaje de consuelo: "Consolad, consolad a mi pueblo... Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia" (Is 40. 1-2); y, dirigiéndose a Israel oprimido por el temor de sus enemigos, declara: "Yo, yo soy tu consolador" (Is 51, 12); e incluso, comparándose con una madre llena de ternura hacia sus hijos, manifiesta su voluntad de llevar paz, gozo y consuelo a Jerusalén: "Alegraos, Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis... de modo que os hartéis de sus consuelos... Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré, y por Jerusalén seréis consolados" (Is 66, 10.11.13).

Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra


San Juan Pablo II

 

Rezando con fe esta hermosa invocación de las letanías del Sagrado Corazón, un sentimiento de confianza y seguridad se difunde en nuestro espíritu: Jesús es de verdad nuestra paz, nuestra suprema reconciliación.

 

Jesús es nuestra paz es bien conocido el significado bíblico del término “a” dos indica, en síntesis, la suma de los bienes que Jesús, el mesías, ha traído a los hombre. Por eso, donde la paz marca el comienzo de su misión sobre la tierra,  acompaña su desarrollo y constituye su coronamiento.

 

Paz  cantan los ángeles junto al pesebre del recién nacido “Príncipe de la paz”. Paz es el deseo que brota del Corazón de Cristo, conmovido ante la miseria del hombre enfermo en el cuerpo (Lc 8,48) o en el espíritu (Lc 7,50). Paz es el saludo luminoso del resucitado a sus discípulos, que Él, en el momento de dejar esta tierra, confía a la acción del Espíritu, “manantial de amor, alegría, paz”  (Gal 5,22).

 

Jesús es, al mismo tiempo, nuestra reconciliación. Como consecuencia del pecado se produjo una profunda y misteriosa fractura entre Dios, el creador, y el hombre su criatura.

 

Toda la historia de la salvación no es más que la narración admirable de las intervenciones de Dios en favor del hombre a  fin de que éste, en la libertad y en el amor, vuelva a Él; a fin de que a la situación de fractura suceda una situación de reconciliación y de amistad, de comunión y de paz.

 

En el Corazón de Cristo, lleno de amor al Padre y a los hombres, sus hermanos, tuvo lugar la perfecta reconciliación entre cielo y la tierra “fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Rom 5,10).

 

Quien quiere hacer la experiencia de la reconciliación y de la paz debe acoger la invitación del Señor a acudir a Él (cfr. Mt 11,28): en su Corazón encontrará paz y descanso; allí su duda se transformará en certidumbre; el ansia, en quietud; la tristeza, en gozo; la turbación, en serenidad.

 

Allí encontrará alivio al dolor, Valor para superar el miedo, generosidad para no rendirse al envilecimiento y para volver a tomar el camino de la esperanza.

 

El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo también la Virgen bienaventurada es para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación.

 

¿No fue Ella quien, por medio del ángel Gabriel, recibió el mayor mensaje de reconciliación y de paz que jamás haya enviado Dios humano?

 

María dio a luz al que es nuestra reconciliación. Ella estaba al pie de la cruz cuando, en la sangre del Hijo, Dios reconcilió con Él todas las cosas (Col 20) ahora, glorificada en el cielo, tiene, como recuerda una plegaria litúrgica, “un corazón lleno de misericordia para los pecadores que, volviendo la mirada su amor materno, en ella se refugian e imploran el perdón “de Dios.

 

Que María, reina de la paz, nos obtenga de Cristo el don mesiánico de la paz y la gracia de la reconciliación, plena y perenne, con Dios y con los hermanos. Por esto la imploramos.

 

  1. Jesucristo, manso y humilde de Corazón.
  2. Haz nuestro Corazón semejante al tuyo.

 

Oración

 

Oh Dios, que en el Corazón de tu hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad: te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación.

Por Jesucristo nuestro Señor.  

 

Amén

 

Por Corazón de Jesús