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Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

23 de octubre de 2014

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? Lc 12, 49-53

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra?
Lc 12, 49-53
1.      ADMIRACIÓN POR LA FUERZA DE LAS PALABRAS DE JESÚS
Este Evangelio de Jesucristo, se debe contemplar más que usar el entendimiento y la imaginación para comprender que es lo que Jesucristo nos quiere decir, y la diferencia es que al contemplar descubrimos su sentido en el corazón, con recogimiento y admiración por la fuerza de las palabras de Jesús en este relato y al utilizar el entendimiento y la imaginación, esta profundización puede pasar por un simple repaso o una preocupación que nos traiga desasosiego.

2.      HE VENIDO A TRAER FUEGO A LA TIERRA
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! En este primer versículo, el Señor nos muestra que arde de pasión y desea que los que lo siguen también se enciendan, es inflamen del Espíritu Santo, de caridad y amor, espíritu de fuego que actúa a través de Cristo y el Espíritu Santo.
Con congoja y angustia dice el Señor; Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega! En efecto, este fuego es El, y esta ansioso hasta que llegue, es la cruz, momento culminante de su fuego de amor, que lo sumerge, lo bautiza en la muerte con triunfo sobre ella.
3.      ¿PIENSAN QUE HE VENIDO A TRAER PAZ A LA TIERRA?
Y también nos dice: ¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo, no he venido a traer paz, sino más bien división. Jesús dice esto, porque este fuego que El pone en la tierra va a exigir tomar partido por El. Va a incendiar a muchos, y por eso El trae la división, no como un intento, sino como una consecuencia. Es el modo que tiene El de formular la causalidad o permisión. Y este desacuerdo se la expresa llegando a lo más entrañable de la vida: la familia. Para entender mejor, esta división familiar, pensemos en este ejemplo; Si en grupo familiar se sigue una fe no cristiana, como ejemplo, musulmana, y alguien de ese grupo familiar se convierte al cristianismo, ¿no causa acaso una división?, o bien, si en un determinado país de ideas contrarias a las enseñadas por Cristo se establece una comunidad cristiana, ¿acaso no causa revuelo?. Como vemos, muy bien se cumplen a la letra las palabras del Señor.
4.      EL MESÍAS ERA LLAMADO TAMBIÉN LA PAZ
La literatura profética, y más aún la rabínica, conocía el juicio previo a la venida del Mesías. Tanto, que ésta fue caracterizada, sin más, con la frase elíptica de los dolores del Mesías, es decir, los dolores que habrá para el alumbramiento o venida del Mesías. Pero, una vez venido, lo había de poner todo en orden y paz. El Mesías era llamado también la Paz. Cristo Mesías comienza rectificando este concepto mesiánico rabínico. El no vino a traer la paz, sino la espada, la guerra. No es que el Príncipe de la Paz (Is 9:5) no venga a traer la paz, sino que, por su doctrina aquí la espada —, va a ser ocasión de que con relación a El haya guerra. No en vano es un signo de contradicción (Lc 2:34). Y esta guerra va a llegar a ser dentro del mismo hogar (Miq 7:6).
5.      CRISTO, EXIGE UN AMOR SUPREMO A EL
Ante esta lucha de la sangre y familia en torno a Cristo, ¿qué hacer? Dejarlo todo por El. Así lo expresan los versículos de Mt 10, 37 y 38: El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí. Y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
Cristo, exige un amor supremo a El sobre todas las cosas, proclama su misma divinidad, ya que los valores que exige sacrificar son de ley natural. Sólo está por encima de estos valores el amor de Dios. Y este amor exige aún más: El que no toma su cruz y camina detrás de mí, no es digno de mí. Esta imagen de la cruz tomada sobre sí era familiar a los judíos. Roma aplicaba esta pena. Varo había hecho crucificar a 2.000 judíos. Imagen aterradora. Pero Cristo la exigía para ser dignos de El. Y, además, la llevarán detrás de El. La enseñanza aquí de tomar la cruz no tiene sentido austero, sino el de persecución violenta y martirio, que puede ser con la crucifixión. Lc (9:23) le da ya una adaptación ascética, al decir que se ha de tomar la cruz de cada día. Por último, y para aclarar definitivamente esto, Cristo hace la contraposición entre la vida del cuerpo y la del alma. Perder la primera por Cristo es asegurar la segunda, ya que el alma no pueden matarla. No se trata de decir que no interesa el cuerpo, sino destacar bien que Dios tiene el pleno dominio y destino del hombre entero.
6.      SENTIRSE COMPENETRADO CON EL IDEAL DE CRISTO
Sentirse cristiano, es sentirse compenetrado con el ideal de Cristo, con el corazón enardecido y encendido de amor por El, que nos estimula a ser apóstoles y a tomar la antorcha del fuego del amor y la fe, llama que alumbra, que da luz, la Luz de Cristo.  Regresando al inicio de este Evangelio, Jesús nos ha dicho: He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Así es como rezamos; “Ven Espíritu Santo”, llena nuestros corazones de fuego y enciende en nosotros el fuego de tu amor”
Jesús dijo a sus discípulos: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
“Yo he venido a traer fuego sobre la tierra” o “No he venido a traer paz, sino división”. Misteriosa frases de Jesús que contrasta con otras salidas de sus mismos labios: “La paz os dejo, mi paz os doy”. Ello quiere decir que no hemos de entender las palabras de Cristo según nuestros criterios puramente humanos, por eso también nos dice: “No os la doy como la da el mundo” (Jn 14,27).
No podemos pensar que Jesús es un incendiario que prende el fuego libremente desde fuera, todo lo contrario, el irradia el fuego y está anhelando introducirse entre las llamas para destruir el mundo viejo de maldad y pecado, para luego crear un mundo nuevo de redención y de gracia y de amor.
Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.
La paz de Cristo no consiste en la carencia de lucha, no se identifica con una situación de indiferencia donde todo da igual, ni proviene de la eliminación de las dificultades. Cristo es todo lo contrario a es falsa paz, a esa actitud anodina que en el fondo delata que uno no tiene nada por lo que valga la pena luchar, vivir y morir; él es pura pasión, fuego devorador: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra”, he venido a prender fuego en el mundo.
También el cristiano vive en una lucha a muerte contra el mal: “Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado”. El profeta es perseguido por denunciar el mal. Una paz que nace de tolerar el mal no es la paz de Cristo. Hay que contar con que los que rechazan a Cristo, aunque sean de la propia familia, siempre nos perseguirán, precisamente por seguir a Cristo ser fieles al evangelio. Una paz cobarde, lograda a base de traicionar a Cristo, no es paz. Él es el primero, el único, el absoluto. Cristo y su evangelio no son negociables. Poner como criterio máximo el no chocar, el estar a bien con todos a cualquier precio, el no crearse problemas, acaba llevando a renegar de Cristo. Y a veces se impone la opción: “O conmigo o contra mí”.
A Jesús, hay quien lo acepta y quien lo contradice.
Lo cierto es que él no ha venido a traer al mundo una paz falsa, simulada o fingida y que no cambie las cosas. Portador del Amor, desencadenará inevitablemente la espada. Los que se quieran separar de él, no serán forzados a permanecer con él. Cuando sus discípulos comiencen a extender su fuego de amor, "más fuerte que la muerte" (Cant 8,6), experimentarán las palabras del Maestro. Si él fue discutido, también ellos lo serán  (Jn15,20).
La palabra de Jesús viene a separar a los hombres, y a romper los lazos de la sangre y del egoísmo, para crear una familia nueva y universal, la familia de los hijos de Dios, que "cumplen la voluntad de su Padre" (Escucha Israel JMB)
Cristo vino a inflamar al mundo con el fuego de su amor. Cristo, enviado por el Padre, vino al mundo para incendiar a la humanidad en el fuego divino del Espíritu Santo.
Comenta San Ambrosio: “No es un fuego que destruya los bienes, sino ése que hace germinar la buena voluntad y enriquece los vasos de oro de la Casa del Señor... Ese fuego divino que agosta los deseos terrenos, suscitados por los placeres mundanos, los cuales deben perecer como obra de la carne... El fuego del Señor es una luz eterna y con ese fuego es con el que se encienden las lámparas de los que esperan la llegada del Señor... Es el fuego que ilumina los íntimo del corazón... Con ese fuego nos infunde la devoción, consuma en nosotros la perfección... Con su presencia arroja luz sobre los misterios” (Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.VII,132-133).
De Corazón

El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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