Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

4 de octubre de 2014

Lucas 10,17-24 “Alegraos de que vuestros nombres estén escritos en el cielo”

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 17-24


Al volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».
Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los pequeños. SI, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»


Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

El misionero en el gozo del Espíritu Santo.
Lucas 10,17-24
“Alegraos de que vuestros nombres estén escritos en el cielo”

Retomemos el texto de Lucas que nos ha ocupado durante esta semana.

Los 72 misioneros vuelven de la misión. Para el evangelista Lucas, que está interesado en exponer el proceso de formación de los discípulos de Jesús para la misión, no es suficiente presentarnos todos los detalles relativos al envío –como lo vimos en los dos días anteriores–, para él también es importante que aprendamos nuevas lecciones con el regreso. Así como el misionero tiene que saber salir, también tiene que saber volver.

A diferencia del evangelio de Marcos, los discípulos no vienen a descansar sino que se toman un tiempo para contarle al Maestro lo que han vivido (10,17). Y esto se vuelve costumbre entre las comunidades primitivas. Es lo que le vemos hacer a Pablo y Bernabé al final de su primera misión: “A su llegada reunieron a la Iglesia y se pusieron a contar todo cuanto Dios había hecho juntamente con ellos” (Hch 14,27).

El relato de los discípulos es el punto de partida para nuevas lecciones de Jesús para los misioneros. Enumeremos las nuevas lecciones:

1. La oración. La misión que, comenzó en la oración (10,2), debe terminar también en la oración (10,21).

El mismo reporte que los discípulos le dan a Jesús ya tiene la forma de una oración: “¡Señor!” (10,17).

Por su parte, Jesús dirige sus miradas un poco más hacia lo alto: entona un himno de alabanza a Dios Padre, en el gozo del Espíritu, por la obra realizada por su discípulos (10,21-22). En su oración retoma lo esencial de lo sucedido: la revelación de Dios a los pequeños. Los destinatarios, en el perdón recibido, han conocido lo central de la misión de Jesús, y en la persona de Jesús han tenido acceso a lo profundo del misterio de Dios: el rostro de un Padre que se desvela por sus pequeñitos y los ama a través de las acciones de su amado Hijo. ¡El Señor del cielo y de la tierra se ha inclinado benévolamente ante su amada humanidad!.

Los discípulos están siendo invitados a alabar también al Padre junto con Jesús.

2. La alegría. Los discípulos han sido testigos del poder del nombre de Jesús y por eso irrumpe la alegría festiva.

Los setenta y dos “regresaron alegres” (10,17). Estaban alegres por el éxito de su trabajo: la victoria sobre el mal, una victoria lograda por la invocación del nombre de Jesús. Ahora los discípulos no sólo conocen más a Jesús sino que conocen también la grandeza del ser discípulo: Jesús les ha dado “poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder enemigo” (10,19).

¿Qué puede causar más alegría que una victoria?

Pero Jesús les hace caer en cuenta enseguida que la verdadera victoria es la del cielo: “alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos” (10,20), esto es, no sólo la obra que han realizado por la salvación de otros sino la misma salvación de ellos.

Jesús, entonces, les enseña a poner su alegría en la suya (10,21), es la alegría en el Espíritu Santo, signo de plenitud, de “cielo en la tierra”, como la vivieron María y los primeros testigos del Señor (ver Lc 1,14.228.40.58; 2,10), como lo experimentaron todos aquellos que fueron tocados por la misericordia de Jesús (ver Lc 5,25-26; 6,20-23; 15,4-32; 19,37-44; 24,50-53; igualmente Hch 2,26-27.42-47; 13,48.52; 15,3.31). Es la alegría que se vuelve oración continua ante la contemplación de la obra de Dios todos los días en la historia de la humanidad.

3. La formación continua. Al final queda claro que los misioneros, que ya han comenzado a enseñar, deben volver a la escuela (10,23-24).

El misionero no debe olvidar que él ante todo es un discípulo, que lo que él enseña debe ir en coherencia con lo que vive, que lo que él proclama es la expresión de lo que su vida testimonia, que lo que él da es la expresión de lo que lleva dentro.

Por eso las últimas palabras de Jesús suenan a una nueva invitación a la escuela. Los discípulos están siendo testigos privilegiados de una revelación que muchos otros de mayor categoría quisieron “ver” y “oír”. Jesús les llama por esto “dichosos” y al mismo tiempo les recuerda que deben seguir siendo receptores activos de la Palabra.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1.
¿He estado alguna vez en una misión? ¿Qué he hecho al regreso?

2. ¿La misión es el contenido de mi oración? ¿La vivo en el gozo del Espíritu Santo como Jesús?

3. ¿Dónde está la verdadera felicidad para un discípulo del Señor? ¿Qué debe hacer para llegar a esta meta?

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