Mc 12, 18-27:
1. EL PROPÓSITO DE PONER EN RIDÍCULO A LOS QUE DICEN QUE ES VERDAD LA RESURRECCIÓN
Habiéndose
retirado los enviados de los fariseos, que intentaron tenderle una
trampa a Jesús, se acercan ahora los saduceos. Había dos clases de
herejías entre los judíos: la de los fariseos, que preferían la rectitud
de las tradiciones y por esto el pueblo los llamaba divididos; y la
otra de los saduceos, que quiere decir justos, atribuyéndose lo que no
eran. Los saduceos eran ciertas personas, que pertenecían a la
aristocracia sacerdotal judía que negaban la inmortalidad del alma. La
herejía de los saduceos no sólo niega la resurrección de los muertos,
sino que además dice que el alma muere con el cuerpo. Estos, poniendo
asechanzas a Jesús, le propusieron esta cuestión precisamente en el
tiempo en que le oyeron hablar a sus discípulos acerca de la
resurrección.
Los
saduceos atacan a Jesús en su enseñanza con un dato que se basa en la
ley del Levirato. Según esta legislación, cuando un hombre casado muere
sin descendencia, su hermano se casará con su cuñada y el primogénito de
este matrimonio figurará como hijo del hermano muerto (Dt 25:510). Los
saduceos, para defender su posición, complicaban el tema haciéndole
tener consecuencias hasta en el otro mundo. Tal es el caso hipotético
que se cita en el evangelio.
La
verdad es que los saduceos, inventaron esta historia que se narra en el
Evangelio, con el propósito de poner en ridículo a los que dicen que es
verdad la resurrección de los muertos. Oponen, por tanto, la torpe
invención de esta fábula para negar la verdad de la resurrección.
2. ESTÁN EN UN ERROR PORQUE NO COMPRENDEN LAS ESCRITURAS NI EL PODER DE DIOS
La
respuesta de Jesús corta de raíz toda argumentación. Les dice que están
en un error porque no comprenden las Escrituras ni el poder de Dios. En
efecto, ¿quién podría poner en duda el poder de Dios de resucitar a un
muerto? Varios había resucitado Jesús en su vida, y bien patente y bien
reciente estaba la resurrección de Lázaro. Cosa de días. ¿No sería
precisamente eco de este milagro la objeción que le ponen los saduceos?
Pero tampoco comprendían la revelación de las Escrituras, porque hablaba
de esto, como les probará luego, aparte de resurrecciones de muertos
que en ellas se narran.
En
primer lugar les hace ver que, en la hora de la resurrección gloriosa,
los cuerpos no tienen la finalidad transitoria que tienen aquí. Era
error no sólo de los saduceos, sino de un sector, al menos, de los
mismos fariseos, el atribuir a los cuerpos resucitados las funciones
carnales que tenían en la tierra. En la resurrección, al no morirse, ya
no hay que conservar la especie. Por eso, en la resurrección no hay
mujer ni marido, sino que, en este orden de cosas, son como los ángeles
de Dios en el cielo, destacándose también con ello su inmortalidad, que
hace ya inútil la procreación.
Pero
a ellos no les interesa mayormente el problema de la resurrección, que
para ello esta resuelto negativamente, solo pretenden desprestigiar a
Jesús ante el pueblo, es decir la gente sencilla.
3. DIOS, ES DIOS DE LOS VIVOS, NO DE LOS MUERTOS.
Jesús
les responde confirmado la fe en la resurrección, y les hace ver que
Dios, es Dios de los vivos, no de los muertos. Jesús les manifiesta que
después de la resurrección no habrá vida material, destruyendo así sus
doctrinas y sus frágiles fundamentos. Lo cual no debe entenderse de tal
modo que creamos que únicamente resucitarán los que sean dignos o los
que no se casen, sino que también resucitarán todos los pecadores, y no
se casarán en la otra vida.
Lo que no entienden los saduceos, y se los aclara bien el Señor, es que no habiendo muerte, no tiene razón de ser el matrimonio.
Y
no se enseña que los resucitados serán de naturaleza angélica o
espiritual, sino que serán como los ángeles sin estas funciones. No será
una resurrección con cuerpos como hasta ahora, sino renovados,
gloriosos, espiritualizados (1 Cor 15:35ss). Si no, no habría
resurrección sino simple inmortalidad. Pero el texto prueba la
existencia de la resurrección.
4. YA NO PUEDEN MORIR, PORQUE SON SEMEJANTES A LOS ÁNGELES
Jesús
dijo; En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que
son juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección
no se casan. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y
son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
Serán
como los ángeles y a los hijos de Dios, porque renovados por la gloria
de la resurrección, sin miedo alguno a la muerte, sin mancha de
corrupción y sin ninguna circunstancia de la vida material, gozarán de
la presencia constante de Dios.
También
Jesús añadió a la razón ya dicha, el testimonio de la Escritura,
diciendo: Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender
en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el
Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque Él no es un Dios de muertos,
sino de vivientes; todos, en efecto, viven para Él.
Por
tanto, aunque hayan muerto, viven en El con la esperanza de resucitar.
La afirmación que hace Jesús, no es un Dios de muertos, sino de
vivientes, nos debe alegrar mucho, nos debe llenar de gozo nuestro
corazón, porque nos ratifica que para Dios, todos vivimos.
5. LA MUERTE NO ALCANZA A DIOS, NI A LOS HIJOS DE DIOS.
Los que están muertos, lo están para el mundo. Para Dios no existe la muerte ni los muertos.
El
que esta muerto para Dios, es aquel que no acepta abrirse a la Vida de
la gracia que nos trae el Señor Jesús, Vida que nos asegura la gloria.
Vida que vence a la muerte en la esperanza de la resurrección.
Nuestra
fe, sabe que existe la resurrección de entre los muertos. Así es como
Jesús resucitó de entre los muertos. Así los muertos resucitaran
también, pero con una forma de vida completa y definitiva.
Así,
el cristiano sabe que la muerte no solamente no es el fin, sino que por
el contrario es el principio de la verdadera vida, la vida eterna.
En
cierta manera, desde que por los Sacramentos gozamos de la Vida Divina
en esta tierra, estamos viviendo ya la vida eterna. Nuestro cuerpo
tendrá que rendir su tributo a la madre tierra, de la cual salimos, por
causa del pecado, pero la Vida Divina de la que ya gozamos, es por
definición eterna como eterno es Dios.
6. EL CRISTIANO ILUMINADO POR LA FE, VE PUES LA MUERTE CON OJOS MUY DISTINTOS
Llevamos
en nuestro cuerpo la sentencia de muerte debida al pecado, pero nuestra
alma ya está en la eternidad y al final, hasta este cuerpo de pecado
resucitará para la eternidad. San Pablo (Rom.8:11) lo expresa
magníficamente:
Mas
ustedes no son de la carne, sino del Espíritu, pues el Espíritu de Dios
habita en ustedes. El que no tuviera el Espíritu de Jesús, no sería de
Jesús. En cambio, si Jesús está en ustedes, aunque el cuerpo vaya a la
muerte a consecuencia del pecado, el espíritu vive por estar en Gracia
de Dios. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los
muertos está en ustedes, el que resucitó a Jesús de entre los muertos
dará también vida a sus cuerpos mortales; lo hará por medio de su
Espíritu, que ya habita en ustedes.
El
cristiano iluminado por la fe, ve pues la muerte con ojos muy distintos
de los del mundo. Si sabemos lo que nos espera una vez transpuesto el
umbral de la muerte, puede ésta llegar a hacerse deseable.
El
mismo San Pablo, enamorado del Señor, se queja del cuerpo de pecado
pidiendo ser liberado ya de él. Para mí la vida es Jesús y la muerte
ganancia (Fip.1:21) Cuando se manifieste el que es nuestra vida, Jesús,
ustedes también estarán en gloria y vendrán a la luz con El (Col.3,4).
7. CRISTO SIEMPRE SALIÓ VICTORIOSO DE LAS DIFICULTADES QUE LE PONÍAN SUS ENEMIGOS.
Cristo
les da una gran lección sobre la resurrección a los saduceos. La
esperanza en la resurrección es la verdadera fuerza capaz de ordenar
todas las realidades humanas en una escala de valores eternos. “Dios no
es Dios de muertos, sino de vivos”. No es Dios de quienes no existen, de
quienes absolutamente han desaparecido y que no han de levantarse más.
Recordemos
que Dios dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios
de Jacob”, es decir el no dijo “Yo era”, fue bien claro, dijo “Yo soy”,
porque el es Dios de quienes existen y viven.
Las
gentes que oyeron a nuestro Señor Jesucristo, quedaron maravilladas de
su doctrina, sin embargo los saduceos, se retiran derrotados.
Muchas Bendiciones
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

No hay comentarios:
Publicar un comentario