31 de mayo
Madre nuestra, hoy terminamos tu Mes bendito. Como Madre, comprendes y aceptas que no hemos lo-grado nuestra meta: amarte como tú mereces. Tú, lo sabemos, no te fijas tanto en los resultados, sino en el esfuerzo. Termina mayo, no termina nuestro anhelo de tomarnos en serio tu Amorosa presencia en nuestra vida; que sería lo “único necesario” para llegar a amar de verdad a tu Hijo.
Como en las Bodas de Caná, los novios habían hecho lo que estuvo a su alcance, y con sus solas fuerzas lograron poco vino y de mala calidad. Fuiste tú la que lograste de tu Hijo el milagro: ¡Seiscientos litros de vino de calidad inmejorable para un matrimonio sin recursos! Con lo cual, tú, Madre Misericordiosa, lograste que aquella fiesta no teminara en un bochorno.
Hoy te pedimos que transformes el agua limpia de nuestra pobreza en el excelente vino de Amor a ti, y, a través de ti, de amor a tu Amado Hijo.
Obsequio: Nunca desanimarnos ante ninguna limitación, sabiendo que nuestra Madre, siempre está a nuestro lado y, a pesar de nuestra pequeñez, intentar siempre amar más a María, cada día más y más… Que esta sea la ilusión con que terminamos mayo, el Mes de María…
I. La gran corona de todas las flores del mes de mayo
1. Hemos terminado ya nuestra obra. Están ya en el círculo circunscrito por el dedo de Dios todas las flores del mes de mayo. Examinemos hoy nuestra obra y contemplémosla. ¿Hemos tenido algún descuido? ¿Hay en los campos y en los valles, en los montes y collados, en los prados y en las huertas; hay en nuestros jardines y terraplenes alguna de las flores de esta risueña estación que no embellezca, adorne, vista y perfume nuestra gran corona? Si la veis, si la encontráis, cogedla hoy y agregadla a uno de los treinta ramilletes que la cierran y completan. Celebremos hoy el complemento de nuestra obra.
II. La corona de la gloria debida al mérito de las virtudes.
2. La corona que ciñen los Santos en el cielo es debida y se les da en correspondencia a la que forman en la tierra sus virtudes. Las flores de esa corona son el emblema de nuestras virtudes. Todas están atadas al círculo de oro formado sobre nuestras cabezas por manos del supremo artífice, Dios, al anunciarnos la ley de gracia: amarás a Dios, amarás a tus prójimos. El círculo sale de un punto, marcha formando su curva y vuelve allá de donde salió. El precepto del amor y la caridad, que es su observancia, sale de Dios que es amor, Deus est charitas; describe al pasar por nuestros corazones su curva, nos toma todos los afectos y los ata a ella, y al volver a Dios, de donde procede, los deja allí satisfechos. Toda virtud que lo sea de veras procede de la caridad, crece en la caridad y con la caridad, y vive ligada a ella y con ella.
III. La corona de María en la gloria
3. La corona que ciñe María en la gloria le fue dada como premio de todas sus virtudes. Mientras vivió no hubo ninguna que no estuviese en su corona: las tuvo todas en su plenitud: Ave, gratia plena; sí, llena de gracias, llena de dones; sí, llena de dones, llena de virtudes.
IV. Nuestra corona alrededor de María
4. Contempla atentamente esta corona que acabamos de vestir y adornar; son todas nuestras virtudes simbolizadas
En las flores. ¿Falta alguna? ¿Están todas? ¿Todas sin faltar una? ¡Ah! si pierdes una, se pierden todas y donde va una, van todas, porque todas están ligadas a un mismo y solo círculo; y doquiera que se coloque el círculo van ellas todas, y si éste se mueve, se mueven todas.
Vamos a presentar hoy, por manos de nuestra Reina, ante el trono de Dios, nuestra corona: nos la pide adornada, enriquecida, vestida y embellecida por las virtudes todas, y no puede faltar ni una sola flor: ¿lo has dado ya todo? ¿Todo? ¿Nada te has reservado para ti? Piénsalo bien: hoy termina con el mes de mayo nuestra obra: tienes tiempo, examina tu alma, y da a María si algo has olvidado o descuidado.
Preséntale hoy no una flor sino la corona entera y completa, y al ofrecérsela le dirás: Presentación de la corona
ORACIÓN. Reina de los cielos: Os he dado en este mes con - sagrado a Vos cuanto he hallado en mi jardín de más bello y fragrante; os he dado cuanto tenía de mejor, y os lo doy de nuevo. No hay más, Señora, no hay más: ¡ay! es cosa poca; pero no tengo más.
Os he dado votos, promesas, propósitos, resoluciones, y os los he dado tan firmes y eficaces como me ha sido posible formar: ¡ay! no puedo más; no tengo mejores. Me los habéis pedido y os los he dado tales como Vos veis están en esa corona. Señora: estos propósitos, que, por la misericordia de Dios y favor vuestro, yo he formado en estos ejercicios, a Vos los he ofrecido, y en vuestras manos están. Fomentadles, dad les actividad, firmeza, constancia, perseverancia, eficacia y fortaleza.
Yo me ofrezco de nuevo a ponerlos por obra, yo los fío a vuestra maternal solicitud Bellísima, amabilísima, habilísima jardinera, en vuestras manos dejo mi corona; en vuestras manos sagradas encomiendo mis virtudes. Guardadlas, protegedlas, regadlas, cultivadlas y perfeccionadlas.

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