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Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

18 de septiembre de 2014

«Tu fe te ha salvado, vete en paz».. Lc 7,36-50

Lc 7,36-50
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!». Pero Jesús le dijo:
– «Simón, tengo algo que decirte».
– « Maestro, dime,», respondió él.
– «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?».
Simón contestó:
– «Estimo que aquel a quien perdonó más».
Jesús le dijo:
-«Has juzgado bien».
Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón:
– «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que le han sido perdonados sus numerosos pecados porque ha amado mucho. En cambio a quien poco se le perdona, poco ama». Después dijo a la mujer:
– «Tus pecados te son perdonados».
Los invitados pensaron:
– «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?».
Pero Jesús dijo a la mujer:
– «Tu fe te ha salvado, vete en paz».


Contemplación

“Le han sido perdonados sus numerosos pecados porque amó mucho.
En cambio a quien poco se le perdona, poco ama»

La frase de Jesús nos introduce en el abismo misterioso de su amor o nos deja afuera. No se la puede entender si no es “de corazón”. Es una frase a la que los exegetas le dan vueltas y vueltas para ver si Jesús se fijó primero en el amor de la mujer y la perdonó después o si primero le hizo sentir su perdón y por eso ella le mostró tanto agradecimiento y adoración. Me parece que lo que hay que contemplar es que el amor, cuando se da, se da entero. Si uno entra en esa integridad, entonces puede “jugar” –diríamos- a ver quién amó primero. En ese juego el amor se expande: uno lo experimenta sintiendo que el otro lo amó primero y que luego uno se dio cuenta. Pero si se dio cuenta es porque anhelaba un amor así…

Entre la mujer y Jesús se dio un entendimiento de corazón que hizo posibles todos los gestos de ella: presentarse en la casa del fariseo con su frasco de alabastro lleno de perfume, acercarse al Señor en medio de todos los comensales y ponerse a sus pies…

Ya aquí se puede uno imaginar que el entendimiento de corazón fue mutuo porque se deben haber mirado. Ella debe haber buscado al Señor con su mirada y habrá encontrado aprobación en los ojos del Señor, si no, no se hubiera animado a acercarse. A veces uno apura la escena y la mujer aparece como tomando la mesa por asalto. Pero si miramos cómo luego el Señor es presentado por Lucas como el que adivina los pensamientos de todos –los de Simón y los de los demás invitados- y lee en sus corazones, inmediatamente uno se da cuenta de que apenas entró la mujer en la casa, el Señor debe haber levantado la mirada.

Nos detenemos un momento aquí para agradecer y decir ¡Qué hermoso que exista Alguien que mire las cosas así, como Jesús! ¡Que vea los corazones! ¡Qué triste sería si no hubiera un Testigo de lo interior, si toda la posibilidad fuera poner cámaras de televisión que nos muestran las cosas desde afuera…! ¿Acaso no salta de alegría nuestro corazón cuando alguien nos mira y asiente de corazón a un gesto que hicimos de corazón?
Ayer, celebramos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús en El Hogar de San José, y me conmovió el asentimiento de los comensales ante algo muy sencillo. Uno dijo “es verdad, es así” y lo dijo para sí y moviendo la cabeza. Cuando uno predica y alguien dice “es verdad”, es mejor que un aplauso. Porque el aplauso distrae un poco, en cambio el asentimiento invita a seguir hablando “de corazón”. El evangelio era la parábola de la ovejita perdida que el buen pastor salió a buscar. Una ovejita que bien puede ser esta mujer que sintió que Jesús andaba cerca porque la estaba buscando a ella y por eso salió corriendo a su encuentro. Y yo decía que la parábola mostraba perfecto lo que es el Corazón de Jesús y el nuestro. Porque el corazón siente todo: siente la bronca –si la oveja pecó y se perdió, que se joda-; el corazón siente miedo –¿y si me roban otras ovejas cuando me voy?-; el corazón escucha la lógica fría de los números –mejor que se pierda una y no poner en peligro a noventa y nueve-; y también siente el deseo de obrar de corazón. Y cuando uno obra de corazón se llena de alegría. Si le va bien, con alegría doble, porque encuentra la ovejita por la que se jugó. Y si le va mal, queda alegre por haber obrado de corazón. Ahí fue que uno dijo “es verdad” y otros se miraron entre ellos y asintieron.
Pues bien, esta parábola trata de lo mismo. Jesús le hace “juzgar” al Fariseo Simón con la parábola de los dos deudores. Pero no para que se quede en lo cuantitativo. Lo apabulla contabilizando cada gesto de la mujer con un detalle tal que uno queda admirado. ¡Cómo ve Jesús las cosas! Su cariño tiene en cuenta cada lágrima, cada beso, cada gesto de amor. Al Señor no se le pasa nada: el es el Testigo de todo gesto de amor que florece en este mundo.
La conclusión tiene que ser muy sencilla, demoledoramente simple: la mujer obró de corazón. Entró en el círculo del obrar de Jesús, entró en el Reino de los cielos, porque el Señor reina allí donde obramos de corazón. El es el que siempre obró de corazón. ¡Así le fue! Terminó con el Corazón traspasado. ¡Así le fue! Terminó con el Corazón resucitado. Sólo Él puede obrar de todo corazón y sin intereses ni miedos mezquinos. Bueno. También nuestra Señora, la del corazón inmaculado. Y San José, que con más lucha interior, sin embargo siempre obró de corazón. Y si uno mira bien ¿qué son los santos si no amigos de Jesús que se dejaron llevar por los impulsos de su corazón y nunca fueron defraudados?

La pecadora entró en este círculo íntegro del amor, en el que se pasa de ser muy perdonado a amar mucho y de amar mucho a querer ser más perdonado.

Pienso que para el lenguaje de hoy el amor y el corazón de Jesús, el pecado y la gracia tienen mucho adorno y mucha complicación que son lastre cultural agregado. Y puede ayudarnos a que todos entendamos, decir que las cosas de Jesús son, simplemente, lo que se hace de corazón.

Jesús se alegra cuando hacemos las cosas de corazón.
Jesús se fija si hacemos las cosas de corazón.
Jesús nos clarifica para que hagamos las cosas de corazón.

Y en esto, la cuestión es enteramente personal. Solo yo puedo medir si hice o no algo de corazón. Una señal de que uno se tiró a la pileta y se jugó entero –en algo chiquito como quedarse un rato más con alguien, o en algo grande, como dar la vida entera por la vocación- la señal es que uno queda en el aire –en el Aire del Espíritu- y cuando se larga siente que tiene que tender la mano y agarrar la del Señor. Y luego pedirle que sostenga y que bendiga lo que hicimos de corazón, que si no no podemos sostenerlo mucho tiempo. Y junto con la alegría y la libertad que da respirar este aire fresco de obrar de corazón viene la necesidad de pedir perdón por todo el obrar interesado o temeroso en el que se movió nuestra vida…
Y así… Obrar de corazón es un camino abierto de subida y no hay satisfacción que reemplace el gusto interior de obrar así.
Pensaba en la audacia y la libertad interior de esta mujer. Cuántos se habrán quedado con las ganas hacer algo así en la vida de Jesús. Cuántos habrán pensado “no es posible”, “qué va a pensar el Señor…”, “y si no le cae bien”…
El fariseo se habrá quedado con la cuenta de todo lo que no hizo habiendo tenido al Señor como invitado en su casa y sentado a su mesa!
Nosotros, que vivimos en otra época, tenemos la oportunidad de seguir estas corazonadas con los más pequeñitos: con los pobres y desamparados, con los enfermos y necesitados…
Eso sí, para poder hacer las cosas de corazón, hay que andar con un frasco de perfume siempre a mano.
Diego Fares sj

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