Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

20 de septiembre de 2014

Sábado de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

Sábado de la 24ª semana del Tiempo Ordinario
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: “Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto al ciento por uno”. Dicho esto, exclamó: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Entonces le preguntaron los discípulos: “¿Qué significa esa parábola?” Él les respondió: “A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: la semilla es la Palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la Palabra, la guardan y dan fruto perseverando”. (Lucas 8,4-15).

1.      El Señor hoy nos invita a ver qué hacemos con su Palabra, la semilla que él ha sembrado y sigue sembrando en nuestro corazón. El Señor habla de cuatro clases de terreno, que son cuatro modos de acoger su Palabra. En primer lugar está el camino, terreno duro, donde la semilla es pisada y los pájaros la comen fácilmente. Son los que oyen la Palabra, pero no la acogen. Su corazón está tan endurecido que la palabra no arraiga. Cuando vivimos de una manera superficial, sin prestar verdadera atención a la Palabra del Señor, ¿no hay peligro de que se endurezca nuestro corazón hasta hacerse sordo para siempre a esa Palabra? Señor, me estremece pensar que pueda llegar yo a esa situación. Líbrame de caer en ese peligro; y te ruego por las personas que han llegado a esa insensibilidad ante tu Palabra. Que la lluvia abundante de tu gracia ablande su corazón.

2.      En segundo lugar está el terreno pedregoso donde la semilla brota pronto, pero se seca enseguida porque falta humedad. A muchos nos ha pasado esto. En algún momento -una predicación, un retiro, una meditación, una celebración solemne, etc.- nos conmueve la Palabra de Dios de una manera especial,… y nos enfervorizamos;  pero, como no “regamos esa Palabra” suficientemente con la oración y la contemplación, con “rumiarla” y saborearla, etc., cuando llega la dificultad, el fervor se apaga. Y tornamos a la rutina y tibieza de antes. Otras veces, son las “zarzas” de las preocupaciones, del afán de lo material,  del activismo loco, de la falta de silencio y meditación, etc., las que ahogan ese entusiasmo y buenos propósitos. Por eso, hoy preguntémonos: ¿De qué piedras tengo que limpiar mi corazón? ¿Qué zarzas están impidiendo que la Palabra crezca y dé fruto?  Señor, concédeme la gracia de verlo claro, y la valentía de quitar esos estorbos.

3.      Finalmente hay semilla que cae en tierra buena, y entonces da fruto. Son las personas que acogen la Palabra de Dios con corazón abierto, noble y generoso, y la guardan y la alimentan mediante la lectura y el estudio de la Biblia, la oración y los sacramentos. Y, sobre todo, la ponen en práctica día a día, aun en medio de dificultades. En éstos, si perseveran, si son constantes, la Palabra da fruto. Jesús concluye: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Como quien dice: “Ya habéis oído. Ahora abridle el corazón a la Palabra, meditadla, oradla y vividla.” Señor, que yo sea tierra buena, donde tu Palabra eche raíces profundas, y dé fruto. Como lo dio en Teresa de Calcuta, Francisco de Asís, Teresita de Jesús, Francisco Javier y tantos otros. Y sobre todo, Señor, en tu Madre, que fue “la mejor tierra”, y por eso dio el mejor fruto, que eres tú.  No te canses, Señor, de sembrar tu semilla en mi corazón y de regarla con tu gracia abundante hasta que dé el fruto que Dios espera de mí.

3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
20/09/2014

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