"El Espíritu que da testimonio de sí mismo en el corazón del creyente es el antídoto eficaz contra el miedo, el aburrimiento, la desesperación, la resignación y todas las otras cosas que pueden desviarnos del camino de la plegaria, de la ruta real hacia el encuentro con aquello que verdaderamente hay en el fondo de nuestro corazón".
"La defensa que necesitamos y que de hecho es la que nos otorga el
Espíritu Santo es, por encima de todo, protección contra nosotros mismos. En
efecto, aquello que suele echar a perder nuestras vidas no viene de fuera, sino
que nace, se fortalece y actúa desde nuestra interioridad más profunda, y posee
nombres como estos: miedo, intemperancia, orgullo, apatía ante los estragos que
aparecen en la vida de los otros".
Lluis Duch
"Meditaciones en un tiempo de otoño".

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