Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 24 de Marzo del 2023, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todo habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN

6 de julio de 2024

SÁBADO, 6 DE JULIO DE 2024. COMENTARIOS DE LAS LECTURAS.

 

Am. 9, 11-15. Dios nos ha creado con gran amor. Y su amor no sólo nos conserva en la vida, sino que por el amor que nos tiene nos llama a participar de su Vida eternamente como hijos en el Hijo.

Es verdad que muchas veces nosotros abandonamos la Casa Paterna, y nos fuimos tras nuestras inclinaciones pecaminosas, de tal forma que Dios pasó a segundo término en nosotros, pues le dimos la primacía a las personas, o a las cosas temporales.

A veces nosotros le queremos echar la culpa a Dios de nuestras desgracias; sin embargo Dios nos ha amado siempre; y si el mal se ha cernido sobre nuestra vida es en razón de que nosotros encaminamos nuestra existencia hacia la tierra de sombras, lejos del Señor, no debiendo olvidar que el salario del pecado es la muerte.

Pero el Señor jamás se ha olvidado de nosotros. Y no sólo quiere reconstruir nuestra vida, ni sólo concedernos bienes temporales. Él nos quiere como hijos suyos. Y para ello nos envió a su propio Hijo, para que quienes creamos en Él, en Él lleguemos a ser hijos de Dios no sólo por nuestras palabras, sino porque realmente el mismo Espíritu que reposa en Jesús, repose en nosotros, que somos su Iglesia, Cuerpo del Señor cuya Cabeza es Él.

Por eso no sólo nos hemos de alegrar en el Señor, sino que además hemos de manifestar, desde nuestra propia vida, que la Salvación que Dios ofrece a todos no ha sido inútil en nosotros.

Sal. 85 (84). La Palabra de Dios no sólo ha de ser escuchada por nosotros, sino que ha de tomar carne en cada uno de nosotros, para que, conforme a la Gracia recibida, la Iglesia de Cristo se convierta en un signo profético de Él a través del tiempo, como Palabra que hoy continúa teniendo toda su fuerza salvadora para todos los pueblos.

Por eso propiciemos un encuentro con el Señor en nuestra propia vida. Él bien sabe que somos pecadores; pero su misericordia no solamente lo hará ofrecernos su perdón y su paz, sino que nos hará dignos de manifestarnos como justos, haciéndonos cada vez más fieles a su amor, fortalecidos con su Espíritu Santo, de tal forma que en verdad puedan brotar abundantemente en nosotros los frutos del amor, de la verdad, de la santidad, de la justicia y de la paz.

Que Dios nos conceda la gracia de recibirlo en nuestro propio interior, pues Él se ha puesto en camino hacia nosotros por medio de su Hijo Jesús.

Mt. 9, 14-17. Ojalá y vivamos continuamente nuestra comunión con el Señor. Él no puede ser sólo un parche en nuestra vida de pecado. Él viene a nosotros para que totalmente nos revistamos de Él. Mientras Él está con nosotros vivamos la alegría de sentirnos amados por Él y caminemos dando testimonio de su presencia en nosotros.

Sólo el pecado nos ha de llevar a entristecernos por habernos opuesto a la voluntad de Aquel a quien amamos. Es entonces cuando hemos de saber pedir perdón e, incluso ayunar por la tristeza de haber perdido al Ser Amado.

Que la vida del Señor en nosotros no sea un juego, sino todo un compromiso que venga a alegrar nuestro corazón y a impulsar nuestra vida para que seamos portadores de la paz y de la alegría del Señor para todas las naciones.

En la Eucaristía el Señor se convierte para nosotros en una Bendición que alegra nuestro corazón y nos hace herederos de los bienes eternos. A pesar de nuestras miserias Él siempre está dispuesto a perdonarnos y a darnos su paz, su vida, su amor. 

Esa vida de Dios en nosotros nos hace entrar en una verdadera comunión con Él. Él no viene como un complemento en nuestra existencia; Él viene como Aquel que invade toda nuestra vida y nos hace ser, unidos a Él, hijos de Dios.

Ojalá y no nos acerquemos a la comunión como a un acto devocional, sino con la firme decisión de dejarnos transformar por el Señor de tal forma que, tirada fuera la antigua levadura del pecado y hechos uno con Cristo, sólo vivamos para Él, siendo en Él una criatura nueva.

La vida de fe en Cristo no es como un traje, del que nos revestimos cuando entramos al templo y del que nos despojamos cuando salimos del lugar de culto.

El Señor no ha venido como un pequeño parche que fácilmente puede ocultarse en la vida ordinaria. Cristo ha venido a llenarnos de su Vida y de su Espíritu, de tal forma que seamos portadores de Él por todas partes, en cualquier circunstancia o ambiente social en que se desarrolle nuestra vida.

Por eso quienes creemos en Cristo hemos de amar como el Señor nos ha amado; hemos de ser responsables en las diversas actividades que desarrollamos en la vida; hemos de saber comprender y perdonar a quienes han fallado incluso en contra nuestra; hemos de hacernos cercanos ante el dolor, el sufrimiento, la enfermedad o la pobreza de nuestro prójimo para tenderle la mano y tratar de remediarle sus necesidades. Todo esto es parte esencial de la vida del cristiano, pues su vida de fe no puede encerrarse en las prácticas de culto público o privado.

Todos estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe, con una vida intachable y con un amor activo, ahí donde diariamente se desarrolle nuestra existencia y donde convivimos con las demás personas en razón de trabajo, de estudio o de cualquier otra actividad que desarrollemos en la construcción de la ciudad terrena, manifestando con nuestras actitudes la esperanza y la mirada que tenemos puesta en la Ciudad de sólidos cimientos, donde habita Dios y Cristo nos espera.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de que por medio de nuestras obras seamos una bendición para cuantos nos traten, y, unidos a Cristo, seamos portadores de la fe que renueva a todos y los libera de todo aquello que los ata al pecado. 
 
 Amén.
 

Homiliacatolica.com

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