El miedo a la soledad, a no ser
amados, nos invade muchas veces. Qué hermoso es poder contar contigo, Jesús
Amado! Qué gran consuelo para nuestras almas es saber que siempre estás!
"No tengas miedo, solamente ten fe" (Mc 5,36)
Jesús, Tú que animaste a los hombres a no dejarse dominar por los temores y los
miedos, hoy tengo que reconocer delante de Tí que hay momentos en que he
sentido mucho miedo y turbación.
Momentos que han sido o que aún son desconcertantes y tormentosos.
Por eso hoy te digo:
Jesús ven a mí en esos momentos que siento miedo.
Ven a mí cuando dudo, cuando me atormento por el sufrimiento.
Ven a mí cuando los temores y los ruidos internos me afectan y quedo turbado,
sin fuerzas y sin saber qué hacer.
Ven a mí en los momentos en que me sienta atormentado por la sensación de
pérdida y por la tentación de pensar que no estás cerca.
Ven a mí cuando se enferma mi cuerpo, pero también si se enferma mi mente y mi
espíritu.
Ven a mí para perdonarme por las veces que he pecado pensando
que estabas lejos, que no me amabas o que no te interesaban mis sufrimientos.
Ven a mí, pues yo sin Tí no tengo calma.
Ven a mí, porque sin Tí no encuentro paz en nada.
¡Ven Señor, ven pronto a mi vida!
¡Ven Amado de mi alma, ven a amarme en cada Eucaristía!

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