SÁBADO DE LA VII SEMANA DE PASCUA
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MISA MATUTINA
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Textos bíblico-litúrgicos.
- Entrada:
Hch 1, 14;
1era lectura:
Hch 28, 16-20.30-31;
Salmo: 10, 5-6.8;
Aclamación:
Jn 16, 7.13;
Evangelio: Jn 21, 20-25;
Comunión: Jn 16, 14.
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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO
ORACIÓN PREPARATORIA
Oh
Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia,
extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre
todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el
corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los
comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.
DÍA DÉCIMO
Para
concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que
nos impulse a tratar al Espíritu Santo con familiaridad y a través de
él, al Padre y al Hijo, podemos fijarnos en tres realidades: docilidad,
vida de oración, indulgencia para con el prójimo. El trato con el
Paráclito produce en el hombre espiritual la paz y la libertad que
Cristo nos ha ganado con su vida, pasión y muerte, y resurrección
gloriosa. Es decir, los siete dones del Espíritu: Sabiduría,
entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad y temor de Dios.
Más
explícitamente y según san Pablo, he aquí las consecuencias,
sentimientos y frutos de la presencia del Espíritu Santo en nuestros
corazones. Los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia,
continencia, castidad (Gál 5, 22-23): y donde está el Espíritu del
Señor, allí hay libertad (2 Cor 3,17).
Oh Dios, que con tu Espíritu llenaste la tierra, haz que los hombres construyan un mundo nuevo de justicia y de paz.
ORACIÓN FINAL
Ven
Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de
tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la
tierra.
Quema,
Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro
corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro
te agrademos.
Te
pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las
acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y
trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a
ti, como a su fin.
Por Jesucristo nuestro Señor.-
Amén.
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EJERCICIO PASCUAL: JESÚS ES MI SEÑOR
Ayer
contemplamos que Dios Padre ha tomado la iniciativa para crearnos y
después para redimirnos. Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su
propio Hijo. El amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que él nos amó primero. Más que amar a Dios, nosotros tenemos
que dejarnos amar por Dios.
Pues
bien, Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo, no para condenarlo,
sino para salvarlo. Todo el que cree en Jesús como enviado del Padre
tiene vida eterna. Por tanto, debemos acoger a Jesús y creer todo cuanto
nos diga y nos mande porque sólo él ha bajado del cielo, y sólo a él
Dios Padre lo ha acreditado con palabras verdaderas y signos
maravillosos.
Jesús,
lleno del Espíritu de Dios, pasó por el mundo haciendo el bien. Y
sufriendo aprendió a obedecer hasta la muerte y muerte de cruz. Dios
Padre lo perfeccionó a base a sufrimientos. Pero, después de muerto, no
lo dejó en el sepulcro sino que lo glorificó. Es decir, le dio un nombre
sobre todo nombre y lo constituyó Señor y Salvador. No hay salvación
fuera de él.
Por
tanto, en este día, estimados hermanos, debemos hacer un acto de fe en
Jesús confesándolo como nuestro Señor y Salvador, sometiéndole a él todo
nuestro ser, nuestra persona. Sólo así podemos agradar al Padre y
podremos recibir el Espíritu Santificador.
Creer
en Jesús significa adherirse vitalmente a él, entregándole todo lo que
somos y queremos, y a la vez renunciando a todo cuanto no sea conforme a
los designios del Padre. Esta fe ha de comprometer toda nuestra
existencia y todos los niveles de nuestra personalidad.
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ORACIÓN A JESÚS EL SEÑOR
Señor
Jesús, creo que tú has venido de parte de Dios para revelarnos los
designios de su amor. Te doy gracias por tu disponibilidad, pues tú te
ofreciste al Padre diciéndole: Aquí estoy, Señor, para hacer tu
voluntad. Me has dado un cuerpo; mándame a mí. Yo iré y les mostraré tu
gloria.
Gracias,
Señor Jesús, por esa solidaridad, esa generosidad y fidelidad. Te
admiro, te doy gracias y te acojo en lo más profundo de mi corazón como
testigo del amor del Padre. Tú te has rebajado tanto que te has hecho
hermano nuestro.
Creo
en ti, Señor, te amo, y quiero acoger tu palabra: adónde iría lejos de
ti. Sólo tú tienes palabras de vida eterna. Tú eres mi sabiduría y mi
todo. Tú pasaste por el mundo haciendo el bien. Y ahora yo creo que tú
estás vivo, y eres capaz de transformar mi vida totalmente.
Sé
que te has hecho en todo semejante a nosotros, menos en el pecado. Por
eso, me inspiras toda la confianza para entregarme a ti y dejarme llevar
adonde tú dispongas. Tú eres mi maestro. No quiero saber nada fuera de
ti. Por eso, te consagro mi entendimiento y toda mi persona. Quiero que
tú gobiernes mi vida por tu santo Espíritu.
Toma
posesión de toda mi persona, de todo mi ser: para que yo tenga tus
mismos sentimientos, intereses, deseos y acciones. Que ya no viva yo,
sino que tú vivas en mí. Renuncio a dirigir mi vida al margen de ti o
contra la voluntad del Padre. Renuncio al pecado y a todas las acciones,
promesas y mentiras del espíritu malo. Renuncio a mi personalidad
pecadora, al hombre viejo. Quiero ser una criatura nueva. En ti, Señor
Jesús, seré una persona diferente, completamente nueva. Estoy seguro que
eso tú lo puedes hacer porque el Padre te ha hecho Salvador.
Ayer
tu Espíritu me capacitaba para imitar al Padre Dios que hace brillar el
sol sobre justos e injustos. Aprendí a perdonar y a olvidar las ofensas
hasta renunciar a toda venganza. Hoy, Señor, Jesús, tu Espíritu me
sugiere que colabore contigo en la salvación del mundo. Quiero continuar
tu obra para llevar muchos hermanos a la gloria, para que la casa del
Padre se llene de invitados. Para que tus desposorios, Señor Jesús, con
la humanidad alcancen a todos los hombres.
Finalmente,
sé que has tomado en serio esta declaración de fe y de amor hacia ti,
Señor Jesús. Querría hacerla con mayor convicción. Pero tú comprendes mi
debilidad y sabes valorar mis esfuerzos. Por eso, te confieso y te
proclamo como mi Salvador, mi único Salvador, Dueño de mi vida y de
todas mis cosas. No quiere ya ser esclavo de nada ni de nadie sino sólo
de ti; y por ti y en ti, esclavo de todos. Lléname de tu Espíritu para
realizar las obras que el Padre espera.
Amén.
ismaelojeda.wordpress.com

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