Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 24 de Marzo del 2023, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todo habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN

20 de mayo de 2024

LUNES, 20 DE MAYO DE 2024. COMENTARIOS DE LAS LECTURAS

 



Pedro 1, 3-9: Empezamos hay la primera carta de san Pedro. La seguiremos leyendo hasta el viernes.

Los estudiosos no están seguros de que su atribución a Pedro sea auténtica, o si el escrito se debe a un autor desconocido que quiso ampararse bajo ese nombre, ciertamente prestigioso en las primeras generaciones. Si es de Pedro, la fecha de redacción de la carta sería hacia el ano 64. Si no, podría ser más tardía.

En un período de persecuciones, la carta quiere dar ánimos a los cristianos, recordándoles la fuente de su identidad cristiana, el bautismo, y su pertenencia a la comunidad eclesial. Algunos estudiosos han creído reconocer en este escrito como un guión de celebración bautismal y pascual, o una homilía dirigida a los recién bautizados, los neófitos, para que empiecen a vivir el nuevo estilo de vida de Cristo.

La página primera de la carta es un himno de acción de gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Un himno impregnado de esperanza y de ánimos, que contiene estas ideas:

- los cristianos hemos nacido de nuevo, somos regenerados
- por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos
- y eso nos llena de esperanza y nos da ánimos para seguir fieles a Cristo, a pesar de que haya pruebas y sufrimientos
- mientras caminamos hacia la herencia final, incorruptible, que tenemos reservada para nosotros en el cielo
- y se nos dará cuando se manifeste Jesucristo;
- los cristianos de las siguientes generaciones tienen un gran mérito: «no habéis visto a Jesucristo y lo amáis; no lo véis y creéis en él y os alegráis con un gozo indecible y transfigurado».

En nuestra vida ha sido Dios quien ha tomado la iniciativa. Resucitando a Jesús de entre los muertos y ofreciéndonos después el bautismo como inicio de una nueva vida, nos ha puesto en el mejor y más seguro camino de salvación. Somos herederos de una herencia que está a buen recaudo: nuestra garantía está en el cielo y se llama Cristo Jesús, a quien seguimos como cristianos.

La página de Pedro está llena de optimismo: resurrección, nacimiento nuevo, esperanza, alegría, fuerza, marcha dinámica de la comunidad hacia la salvación final. Que en medio haya momentos de sufrimiento y prueba tiene, en este contexto, menos importancia. Porque con la fuerza de Dios podemos superarlo todo. En verdad podemos decir, con el salmista: «Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea... envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza».

Nos puede resultar estimulante que Pedro nos diga -a nosotros aún con mayor motivo que a los de la segunda generación- que tenemos mérito en amar y seguir a Cristo sin haberle visto ni haber sido contemporáneos suyos.

Los cristianos tendríamos que recordar más nuestro bautismo. Podríamos, por ejemplo, visitar al menos una vez al año la fuente bautismal en que renacimos a la vida de Cristo y fuimos incorporados a su comunidad. Por ejemplo en torno a la Pascua podíamos hacer una oración, personal o comunitaria, junto al baptisterio de la parroquia, dando gracias a Dios porque por medio de este sacramento fuimos hechos coherederos con Cristo de una esperanza que no nos fallará y recibimos la fuerza del Espíritu para emprender el difícil camino de la vida, hasta la alegría final.
 

J. Aldazabal
Enséñame tus Caminos
 

Mc. 10, 17-27. En una cultura en la que se pensaba que Dios premia a los buenos cargándolos de riqueza, de poder y de salud; y que castiga a los malos dejándolos en la pobreza, marginados por todos y cargados de enfermedades; ahí donde admiraban a los santos y veían sus casas llenas de comida y de bienes y a ellos vestidos con amplios ropajes; ellos, que recibían los puestos de honor en los banquetes y todo mundo les hacía reverencia por las calles; ellos, los santos, los puros, los únicos salvados porque Dios, a causa de su fidelidad a la ley, los trataba como a sus amigos muy queridos llenándolos de todo lo bello que hay sobre la tierra; ellos, ahora recibían una diatriba de parte de Jesús: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios! ¡Qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Los discípulos se quedan boquiabiertos. ¿Cómo? ¿Qué no son ellos los que ya desde ahora ocupan los primeros lugares en el Reino de Dios? ¿No son los amigos de Dios, los puros, los ya salvados? o ¿Acaso están más condenados que salvados? La esclavitud al dinero, convertirlo en dios, en el centro de la vida, en aquello por lo que uno se desvela y angustia; aquello sin lo que la persona se siente menos, se siente insegura, se siente infeliz; esa esclavitud es lo que le impide a la persona abrir los ojos hacia Dios y hacia el amor al prójimo. El dinero buscado con avidez causa muchas injusticias, y el egoísmo, nacido de él, provoca muchos desprecios y arrogancias. Se pierde la capacidad de amar al estilo de Cristo. En este caso su Reino, su doctrina, sus exigencias mejor ignorarlas para evitar un compromiso que nos haga venderlo todo, distribuir el dinero entre los pobres y seguir al Pobre de Nazaret haciendo el bien a los desarrapados, a los andrajosos, a los hambrientos y a los que se mueren de frío. ¿Esa es la forma como nosotros creemos en Cristo?

No podemos venir solo a la Eucaristía para encomendarnos a Dios y pedirle que cuide de nosotros y de lo nuestro. Hemos de venir a pedirle que nos ayude a cuidar de nuestro prójimo, con el mismo amor que nos ha manifestado en su Hijo que dio su vida por nosotros. Ese es el compromiso que hoy adquirimos en su presencia. Pareciera que es imposible despegarnos de nuestras esclavitudes, sobre todo a lo pasajero. Dios puede hacerlo si es que en verdad venimos a encontrarnos con Él para dejamos amarnos por Él y queremos sentir su amor de Padre providente que velará siempre por nosotros, pues Él jamás abandona a los que son suyos.

Con nuestra fe puesta en Dios, teniéndolo a Él como centro de nuestra vida, nada ocupará el lugar que sólo a Él le corresponde; entonces sabremos que sólo somos administradores de los bienes de Dios en favor de los demás y seremos fieles en lo poco para que se nos confíe lo mucho y, sin egoísmos, llegaremos incluso a ser portadores de las riquezas del Evangelio, que es Cristo, en favor de los demás. Así todos podrán disfrutar de una vida digna; así todos podrán sentarse a la misma mesa; así podremos estar todos algún día en la mesa del Banquete Eterno.

Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de ser buenos administradores de su Gracia y de sus bienes en favor de los demás. Que no queramos aprovecharnos de los demás explotándolos a favor nuestro; que luchemos para lograr que todos tengan salarios que retribuyan de un modo más justo su trabajo. Que vivamos como hermanos y no veamos a nadie como esclavo. 

Que el Señor nos conceda que así, juntos y unidos por el amor, podamos algún día disfrutar de los bienes eternos. Amén.
 

Homiliacatolica.com

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