El Bautismo es la puerta a la vida de la gracia, es algo que para entender lo que produce hay que entender lo que habíamos perdido.
El. Hombre es una creatura creada por Dios, por lo tanto su naturaleza es diferente y subordinada al Señor. Sin embargo, el amor de Dios es tan grande que deseó entrar en comunión con su creatura, pero nuestra naturaleza no estaba en capacidad de "recibir" esa presencia. El Señor por tanto elevó nuestra naturaleza para poder entrar en comunión con él. Fue un acto de su libre voluntad y por eso Adán y Eva fueron creados en santidad y justicia original.
La gracia santificante es ese primer don sobrenatural que recibieron nuestros primeros padres para poder mantener esa comunión o participación de la vida divina. Aparte de la gracia, fuimos dotados de unos dones preternaturales, que sin ser inherentes a nuestra naturaleza los recibimos también para poder vivir en armonía con el Señor.
El pecado destruyó esa participación, nos despojó de la gracia, pero ahora quedamos peor que antes, ya no era sólo una naturaleza humana, ahora es una naturaleza caída, herida por el pecado. Ya no hay participación de la vida divina. Sólo queda la muerte y la condena, sin embargo, la providencia divina tiene sus caminos, y el Señor nos ofreció un camino de salvación en Cristo Jesús.
Ahí entra el Bautismo, producto de los méritos alcanzados por Cristo, el Bautismo es un sumergirse en la muerte y la Resurrección de Cristo. Nos invita a reconciliarnos con el Señor, al tiempo que restaura nuestra participación de la vida divina. Sin embargo, duele la banalidad con que se toma.
Ropas inadecuadas, mas preocupación por las fotos que por la celebración, padrinos escogidos sin discernimiento, catequesis hechas a la carrera, despreocupación de la formación cristiana en la niñez, dilatación del sacramento esperando al familiar del extranjero o al sacerdote amigo, una celebración que termina en borrachera de adultos, son algunas de las realidades que se ven frecuentemente.
El Bautismo es algo grandioso, es una muestra del amor de Dios, por una humanidad a la que quiere salvar y comunicar su gracia. ¿Sabes lo que es recibir el triple oficio de Cristo? Es una gran dignidad ser un bautizado, ser inhabitado por la Santísima Trinidad, hacerse hijo de Dios. Finalicemos con unas palabras de Pablo VI:
18. Es necesario volver a dar toda su importancia al hecho de haber recibido el santo bautismo, es decir, de haber sido injertado, mediante tal sacramento, en el Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Y esto especialmente en la valoración consciente que el bautizado debe hacer de su elevación, más aún, de su regeneración a la felicísima realidad de hijo adoptivo de Dios, a la dignidad de hermano de Cristo; a la suerte, queremos decir, a la gracia y al gozo de la inhabitación del Espíritu Santo, a la vocación de una vida nueva, que nada ha perdido de humano, salvo la desgracia del pecado original, y que es capaz de dar las mejores manifestaciones y probar los más ricos y puros frutos de todo los que es humano.
El ser cristiano, el haber recibido el santo bautismo, no debe ser considerado como cosa indiferente o sin valor, sino que debe marcar profunda y dichosamente la conciencia de todo bautizado; debe ser, en verdad, considerado por él —como lo fue por los cristianos antiguos— una iluminación que, haciendo caer sobre él el rayo vivificante de la verdad divina, le abre el cielo, le esclarece la vida terrena, le capacita a caminar como hijo de la luz hacia la visión de Dios, fuente de eterna felicidad. (Ecclesiam suam)

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