Tú que estás leyendo estas líneas, estás llamado a ser diferente, a perfeccionar tu vida por encima de tus propias debilidades, problemas y dolores, pues, los que nos consideramos hijos de Dios debemos ser sustancialmente diferentes en todo lo que pensemos, hagamos o digamos.
Mateo 5, 47. “Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de
extraordinario? Hasta los paganos se portan así”.
Nuestra lista de chequeo debe contener, entre otras cosas, lo siguiente:
paciencia, valentía, disciplina, amor, responsabilidad, misericordia, humildad,
obediencia, fe, confianza, constancia en la oración, prudencia, buen juicio,
verdad, honestidad, capacidad para sacrificarnos y adaptarnos al cambio,
alegría y paz. Todo ello debe estar anclado y motivado en nosotros por Cristo y
para Cristo, por quien vivimos nos movemos y existimos. Si no estás dispuesto a
vivirlo y disfrutarlo, quiere decir que no has tenido un encuentro personal con
Él por medio del Espíritu Santo, pues de ello depende esa radicalidad y esa
convicción creciente, dada a los que ya no quieren ser del mundo.
Juan 14, 16. (16–17). “Y yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor, el
Espíritu de la verdad, para que esté siempre con ustedes. Los que son del mundo
no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero ustedes lo conocen,
porque él permanece con ustedes y estará en ustedes”.
Dios, Padre de amor:
En el nombre de Jesús, hoy proclamamos nuestra necesidad de ti y de tu gracia
para aceptar y vivir el reto de la santidad, la cual estamos llamados a vivir.
Te pedimos nos ayudes a sacudirnos de nuestra mediocridad y letargo, así como
también a ser valientes para vivir y disfrutar de tu presencia todos los días
de nuestra vida, con todos lo que de limpio corazón invocan tu presencia cada
día.
Amén.
Tomado del libro: “Una reflexión para cada ocasión II”

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