Hay miradas que matan, hay miradas que ofenden, hay miradas que juzgan, pero también, hay miradas que perdonan, hay miradas que te levantan, hay miradas que sanan...
Siempre me he preguntado ¿Cómo es la mirada de Jesús?
Le he pedido tanto que me permita ver su rostro, no para sentirme juzgado por mis delitos, muerto por mis pecados, herido por mis caídas, sino para ser sanado y levantarme siendo perdonado.
¡¡Seguramente la mirada de Jesús es así!! Aunque no le he visto con mis ojos, lo he experimentado con su misericordia.
¡Cuánto bien nos hace sabernos perdonados! y también ¡Cuánto daño el revolcarnos en nuestros pecados! Dios me invita a lo primero y a no ser duro juez de mi propia condena.
Él perdona, ama y levanta. (Cfr. Lc. 5, 17-26)

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