Cada vez que abrimos la Biblia o escuchamos el Evangelio, Dios se manifiesta.
Por eso, con especial respeto y atención nos disponemos a ella. Y cuando por pequeños segundos logramos callar el barullo de nuestra mente y con humildad recibimos la palabra, el Espíritu Santo siembra la semilla.
Sí, pero no. La leo, pero no la cumplo. Soy, pero no tanto, …vivimos en la paradoja de la incoherencia. Cuando dejemos solo de aprender la Biblia de memoria, cartas, capítulos y versículo, para estar dispuestos a cumplir el verdadero espíritu de la ley que es AMAR, daremos frutos y seremos Biblias abiertas, donde los demás lean la Palabra de Dios actuando.
Leer la Biblia o escuchar el evangelio, es volver hacia Dios.

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