Para recibir el abrazo de Dios Padre que sana tu corazón herido por el pecado,
para tener la fuerza y la gracia de luchar contra la tentación,
para dejar entrar la luz en los rincones que se oscurecen en tu alma,
para limpiar el lastre con que las malas obras te van sobrecargando,
para volver al estado de un niño en la vida espiritual.
Pero más sencillamente, para dejarte cargar como una ovejita necesitada por los brazos de tu Padre y Pastor

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