Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados
En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO
NOTICIAS SOBRE S.S.FRANCISCO

Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 24 de Marzo del 2023, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todo habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN

31 de octubre de 2023

EL PECADO DE LA MURMURACIÓN: ¿CÓMO SALIR DE ÉL?

 


Las murmuraciones lo destruyen todo: familia, instituciones religiosas, ambiente de trabajo.

 

Las murmuraciones lo destruyen todo: familia, instituciones religiosas, ambientes de trabajo. Destruye la reputación de las personas, destruye matrimonios y difunde odio y temor. Aquí algunos consejos para no caer en ese pecado. 

 

Tomado de ReL

 

***

 

«Las murmuraciones destruyen la reputación de las personas. Destruyen matrimonios. Socavan la obra de Dios. Difunden el odio y el temor»: Dwight Longenecker, antiguo pastor anglicano convertido al catolicismo en 1995 y ordenado sacerdote en 2006, y uno de los blogueros católicos norteamericanos más influyentes, describe así el mal del chismorreo, continuamente denunciado por el Papa Francisco.

 

En efecto, el Santo Padre ha convertido en una de sus intervenciones públicas la crítica de las murmuraciones, sobre cuyo poder dañino alerta continuamente. En uno de sus discursos citó a los «chismes» entre los «enemigos de la armonía» en  las comunidades religiosas.

 

«El que va a hablar mal de otro va a escondidas, tira la bomba, y se va. Y la bomba destruye. Cuando tengas ganas de hablar mal de otro, muérdete la lengua. Lo más probable es que se te hinche, pero no harás mal a tu hermano o a tu hermana», dijo en otro momento el Papa Francisco.

 

En su último post en el National Catholic Register, P. Dwight Longenecker lanza esa misma idea: «Las murmuraciones son como un cáncer con metástasis. Lo quitas de un lugar y aparece en otro».

 

Para no caer en la tentación de difundir ese cáncer, ofrece algunos buenos consejos:

 

1. No creas a nadie y cree a todo el mundo. En otras palabras, cree lo que tal o cual persona te hayan dicho. Ellos piensan realmente que lo que han dicho es verdad, y desde su perspectiva es verdad. Sin embargo, recuerda que siempre, siempre, siempre existe otra versión de la historia. Por tanto, no les creas. Frena y muérdete la lengua.

 

2. Recopila todos los hechos. No confundas los hechos con la palabra de nadie. Averigua lo que sucedió realmente consultando a tantas personas como sea posible.

 

3. Acude a la fuente. Por el amor de Dios, ten la valentía y la gracia y el sentido común de acudir a la fuente. Si Mildred te cotillea sobre George, acude a George para averiguar los hechos.

 

4. Concédele a todo el mundo el beneficio de la duda. Cree lo mejor, no lo peor. Si oyes algo malo de alguien, imagina por qué lo hicieron (si es que realmente lo hicieron) y cuáles pudieron ser sus motivaciones.

 

5. Cállate. No estás obligado a hablar ni a decirlo todo a todo el mundo. Incluso un tonto parece sabio si guarda cerrada la boca. Habla, como mucho, la mitad de lo que escuches.

 

6. Cuestiona el chisme. No lo creas, y dile suavemente a la persona: «¿Sabes realmente si eso es verdad?»

 

7. Enfrentamiento ásperamente al chismoso. « ¡Lo que me estás contando es asqueroso, una murmuración destructiva! ¡Me niego a creerlo y creo que deberías mantener la boca cerrada!» (Post scriptum: No les gustará que se lo digas)

 

8. Pon tus ojos en la verdad. ¿Por qué perder tu tiempo en murmuraciones idiotas e inútiles?

 

9. Piensa en los demás. ¿Sabes por qué te gusta murmurar? Porque te hace sentir superior. Murmuras negativamente de otros porque crees que eres mejor que ellos. Así que estás dispuesto a envenenar y destruir sus vidas para sentirte bien por unos momentos. ¡Qué asco!

 

10. Reza por las personas involucradas. Ofrece como sacrificio una jaculatoriaSeñor, ten piedad.

 

«Murmurar es difundir defectos del prójimo en su ausencia» por el Padre Jorge Loring 

 

El derecho a la buena fama es natural en el hombre. Todo ser humano tiene derecho a su buena fama, pues nadie ha de ser tenido por malo hasta que sea evidente que lo es. Por eso la injusta difamación de una persona es un pecado contra la estricta justicia, y obliga, en conciencia, a restituir.

 

En materia de murmuración es posible llegar a pecado grave si se quita la fama, aunque las cosas que se dicen sean verdaderas, si son graves y no son públicas; a no ser que haya causa que lo justifique, como sería evitar un daño.

 

Además, muchas veces, después, no se puede restituir bien la fama que se ha quitado. Pasa como cuando se derrama un cubo de agua, que nunca se puede recoger de nuevo toda el agua.

 

Quien con sus preguntas, interés, etc., induce eficazmente a otro para que difame injustamente al prójimo, peca, grave o levemente, contra la justicia, según la gravedad de lo que se diga.

 

Quien al oírlo se alegra, peca contra la caridad. Quien pudiendo impedirlo, no lo hace, peca si es un superior: por ejemplo, el padre en la familia.

 

Uno generalmente no tiene obligación de impedirlo, al menos obligación de pecado grave. Y si prevé que su intervención sólo ha de servir para empeorar la cosa, es mejor no decir nada; pero desde luego, tampoco puede dar muestras de aprobación a la falta.

 

Se puede mostrar desagrado guardando silencio, no prestando atención, e incluso defendiendo o excusando al prójimo, si esto no es contraproducente.

 

Dice San Bernardo: «La lengua es una lanza que de un solo golpe atraviesa tres personas: la que murmura, la que escucha y aquella de quien se murmura».

 

Hay personas que tienen el mal gusto de estar siempre revolviendo los defectos de los demás: se parecen a los escarabajos peloteros.

 

En cambio, en una ocasión oí este elogio de cierta persona: «Siempre habla bien de todo el mundo». ¿Verdad que esto segundo es mucho más bonito?

 

Siempre que puedas, elogia lo digno de elogio.

 

A todo el mundo le gusta verse estimado. Y, además, todos tienen derecho a que se les reconozcan sus méritos. Hay que saber ver el lado bueno de las cosas.

 

Ante media botella, uno se entristece porque está medio vacía; pero otro se alegra porque todavía le queda media botella.

 

Una persona a quien estaban criticando de otra pidió una hoja de papel y en el centro puso un punto.

 

Entonces preguntó a la criticona:

 

  • ¿Tú qué ves aquí?
  • Un punto negro.
  • Pues yo veo una hoja blanca.

 

No deberíamos hablar mal de nadie. A no ser con causa justificada, como sería al aconsejar a otro, prevenirle, etc. No es falta de caridad atacar al lobo, sino caridad con las ovejas.

 

Eso de «piensa mal y acertarás», aunque a veces dé resultado, es muy poco cristiano.

 

Es mil veces mejor esto otro: «piensa bien de todos mientras no tengas razones claras que justifiquen el pensar mal».

 

Aparte de que «la experiencia nos enseña que el hombre más mentiroso dice mayor número de verdades que de mentiras, y que el más malvado hace muchas más acciones buenas o indiferentes que malas».

 

Por eso dijo Jesucristo: «No juzguéis y no seréis juzgados». Se trata naturalmente de un juicio ligero. «No se han de juzgar sin motivo desfavorablemente las acciones de los demás o las intenciones de ellas». Es muy difícil juzgar con justicia a los demás. Las apariencias, a veces, engañan.

 

La verdad queda oculta en el corazón. Y sólo Dios conoce el corazón de los hombres.

 

formacioncatolica.org

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario