Señor, que nada ni nadie nos quite la paz de estar contigo. Pero tu paz no es conformidad, ni fácil consuelo. Tu paz es conquista, es perseverancia a pesar del miedo, es lucha en la debilidad, es confianza en la estrechez y el desatino de nuestras actuaciones.
Tú lo ofreces todo y, a cambio, nos pides no temer, ponernos en tus manos,
dejarnos guiar por tu Espíritu, abrirnos ante tus palabras, tu corazón y tu
amistad. Nunca será fácil y cómodo el camino de esta vida, pero Tú nos prometes
tu presencia y cuidas de nosotros.
Gracias, Jesús…
Amén.

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