La sucesión apostólica es la transmisión, mediante el sacramento del Orden, de la misión y la potestad de los Apóstoles a sus sucesores, los obispos. Gracias a esta transmisión, la Iglesia se mantiene en comunión de fe y de vida con su origen, mientras a lo largo de los siglos ordena todo su apostolado a la difusión del Reino de Cristo sobre la tierra.
En la Biblia encontramos algunos versículos que confirman esta transmisión mediante la Ordenación.
Algunos de ellos son: Sal 109, 8; Hch 1, 15-26; Hch 14, 23; Fil 1, 1; 1 Tim 4,14; Tito 1,5; 1 Tim 3,1-10; entre otros.

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