No se requieren más que dos elementos para que se produzca un milagro: el poder de Dios y la fe de un ser humano. Cuando la fe de un humilde creyente se combina con el poder de Dios, es de esperar que acontezca un milagro. La fe auténtica produce auténticos milagros. Si quieres tener fe en que te puede suceder un milagro es preciso que empieces por creer y hacer lo que dice la Biblia.
En cuanto al hacer vienen como prioridad las buenas obras de Cristo a través de nosotros, porque ahí lo dice en su palabra, "sin obras es una fe muerta". Santiago 2, 26
La Biblia es un libro sobrenatural. Tiene un efecto transformador. Si lo lees, lo estudias y lo asimilas y lo vives a través de las obras que ahí te pide Dios con su ejemplo, tu fe se verá acrecentada. La fe en la Biblia conduce a la fe en los milagros.
¿Por qué se nos hace extraño hoy en día confiar en que Dios es capaz de obrar milagros en respuesta a nuestras oraciones? La verdad es que Dios no sólo es capaz de obrarlos, sino que son necesarios para que se haga realidad todo lo que nos ha prometido y lo que tiene previsto para nosotros. Jesús prometió: «El que en Mí cree, las obras que Yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque Yo voy al Padre» (Juan 14, 12).
También dijo que todo es posible si tenemos fe (Marcos 9, 23). En la actualidad los cristianos son los depositarios de ese poder divino (su gracia) con que los primeros seguidores de Jesús «trastornaron el mundo entero» (Hechos 17, 6). Aquellos humildes hombres y mujeres —hasta entonces unos desconocidos— tenían tal confianza en que el poder sobrenatural de Dios estaba a su disposición que se atrevieron a enfrentarse al imperio Romano y lo sacudieron hasta sus mismos cimientos, al grado de que con el tiempo, Roma fue cd de la iglesia naciente desde donde se restableció el reino de Dios en la tierra, Si los milagros son menos comunes hoy en día no es porque por falta de su poder o que las promesas de Dios se hayan desvirtuado, sino porque hay menos personas con esa auténtica fe, al no creer en los milagros de Dios.
Si aceptamos la Palabra de Dios, si confiamos en que Él cumplirá lo que promete en ella y le damos ocasión de obrar milagros en nosotros para bien de los demás, veremos hacerse realidad cosas material y Espiritualmente imposibles. Veremos a Dios obrar en la dimensión sobrenatural. Veremos milagros.
La Biblia dice: «El Señor recorre con Su mirada toda la Tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles» (2 Crónicas 16, 9). Esas palabras tienen tanta vigencia hoy en día como cuando se escribieron.
¿Pero quienes le son fieles?... Los que hoy en día viven en obediencia, perseveran fuera del pecado (en gracia) y en Cristo, hoy en su cuerpo y única iglesia.
Pon tu fe en Dios. Aférrate a Sus promesas con toda confianza, promesas como ésta: «El que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con Él todas las cosas?» (Romanos)
8, 32). El amor, el poder y las promesas del Señor permanecen inalterables. Dios todavía está en su trono, y la oración de fe cambia las situaciones.

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