Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 24 de Marzo del 2023, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todo habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

CAMINATA DE LA ENCARNACIÓN

28 de abril de 2023

SALMO 76 meditado por San Juan Pablo II

 

SALMO 76 

 

2 Alzo mi voz a Dios gritando,

alzo mi voz a Dios para que me oiga.

 

3 En mi angustia te busco, Señor mío;

de noche extiendo las manos sin descanso,

y mi alma rehúsa el consuelo.

4 Cuando me acuerdo de Dios, gimo,

y meditando me siento desfallecer.

 

5  Sujetas los párpados de mis ojos,

y la agitación no me deja hablar.

6 Repaso los días antiguos,

recuerdo los años remotos;

7 de noche lo pienso en mis adentros,

y meditándolo me pregunto:

 

8 «¿Es que el Señor nos rechaza para siempre

y ya no volverá a favorecernos?

9 ¿Se ha agotado ya su misericordia,

se ha terminado para siempre su promesa?

10 ¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,

o la cólera cierra sus entrañas?»

 

11 Y me digo: «¡Qué pena la mía!

¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!»

12 Recuerdo las proezas del Señor;

sí, recuerdo tus antiguos portentos,

13 medito todas tus obras

y considero tus hazañas.

 

14 Dios mío, tus caminos son santos:

¿qué dios es grande como nuestro Dios?

 

15 Tú, oh Dios, haciendo maravillas,

mostraste tu poder a los pueblos;

16 con tu brazo rescataste a tu pueblo,

a los hijos de Jacob y de José

.

17 Te vio el mar, oh Dios,

te vio el mar y tembló,

las olas se estremecieron.

 

18 Las nubes descargaban sus aguas, retumbaban los nubarrones, tus saetas zigzagueaban.

 

19 Rodaba el estruendo de tu trueno,

los relámpagos deslumbraban el orbe,

la tierra retembló estremecida.

 

20 Tú te abriste camino por las aguas,


un vado por las aguas caudalosas,

y no quedaba rastro de tus huellas:

 

21 mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño, por la mano de Moisés y de Aarón.

 

SAN JUAN PABLO II

 

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 13 de marzo de 2002


Dios renueva los prodigios de su amor 

1. La liturgia, al poner en las Laudes de una mañana el salmo 76, quiere recordarnos que el inicio de la jornada no siempre es luminoso. Como llegan días tenebrosos, en los que el cielo se cubre de nubes y amenaza tempestad, así en nuestra vida hay días densos de lágrimas y temor. Por eso, ya al amanecer, la oración se convierte en lamento, súplica e invocación de ayuda.

Nuestro salmo es, precisamente, una imploración que se eleva a Dios con insistencia, profundamente impregnada de confianza, más aún, de certeza en la intervención divina. En efecto, para el salmista el Señor no es un emperador impasible, retirado en sus cielos luminosos, indiferente a nuestras vicisitudes.

De esta impresión, que a veces nos embarga el corazón, surgen interrogantes tan amargos que constituyen una dura prueba para nuestra fe: «¿Está Dios desmintiendo su amor y su elección? ¿Ha olvidado el pasado, cuando nos sostenía y hacía felices?». Como veremos, esas preguntas serán disipadas por una renovada confianza en Dios, redentor y salvador.

2. Así pues, sigamos el desarrollo de esta oración, que comienza con un tono dramático, en medio de la angustia, y luego, poco a poco, se abre a la serenidad y a la esperanza. Encontramos, ante todo, la lamentación sobre el presente triste y sobre el silencio de Dios (cf. vv. 2-11). Un grito pidiendo ayuda se eleva a un cielo aparentemente mudo; las manos se alzan en señal de súplica; el corazón desfallece por la desolación. En la noche insomne, entre lágrimas y plegarias, un canto «vuelve al corazón», como dice el versículo 7, un estribillo triste resuena continuamente en lo más íntimo del alma.

Cuando el dolor llega al colmo y se quisiera alejar el cáliz del sufrimiento (cf. Mt 26,39), las palabras explotan y se convierten en pregunta lacerante, como ya se decía antes (cf. Sal 76,8-11). Este grito interpela el misterio de Dios y de su silencio.

3. El salmista se pregunta por qué el Señor lo rechaza, por qué ha cambiado su rostro y su modo de actuar, olvidando su amor, la promesa de salvación y la ternura misericordiosa. «La diestra del Altísimo», que había realizado los prodigios salvíficos del Éxodo, parece ya paralizada (cf. v. 11). Y se trata de un auténtico «tormento», que pone a dura prueba la fe del orante.

Si así fuese, Dios sería irreconocible, actuaría como un ser cruel, o sería una presencia como la de los ídolos, que no saben salvar porque son incapaces, indiferentes e impotentes. En estos versículos de la primera parte del salmo 76 se percibe todo el drama de la fe en el tiempo de la prueba y del silencio de Dios.

4. Pero hay motivos de esperanza. Es lo que se puede comprobar en la segunda parte de la súplica (cf. vv. 12-21), que se asemeja a un himno destinado a volver a proponer la confirmación valiente de la propia fe incluso en el día tenebroso del dolor. Se canta el pasado de salvación, que tuvo su epifanía de luz en la creación y en la liberación de la esclavitud de Egipto. El presente amargo es iluminado por la experiencia salvífica pasada, que constituye una semilla sembrada en la historia: no está muerta, sino sólo sepultada, para brotar más tarde (cf. Jn 12,24).

Luego, el salmista recurre a un concepto bíblico importante: el del «memorial», que no es sólo una vaga memoria consoladora, sino certeza de una acción divina que no fallará nunca: «Recuerdo las proezas del Señor; sí, recuerdo tus antiguos portentos» (Sal 76,12). Profesar la fe en las obras de salvación del pasado lleva a la fe en lo que es el Señor constantemente y, por tanto, también en el tiempo presente. «Dios mío, tus caminos son santos: (...) Tú eres el Dios que realiza maravillas» (vv. 14-15). Así el presente, que parecía un callejón sin salida y sin luz, queda iluminado por la fe en Dios y abierto a la esperanza.

5. Para sostener esta fe, el salmista probablemente cita un himno más antiguo, que tal vez se cantaba en la liturgia del templo de Sión (cf. vv. 17-20). Es una clamorosa teofanía, en la que el Señor entra en escena en la historia, trastornando la naturaleza y en particular las aguas, símbolo del caos, del mal y del sufrimiento. Es bellísima la imagen de Dios caminando sobre las aguas, signo de su triunfo sobre las fuerzas del mal: «Tú te abriste camino por las aguas, un vado por las aguas caudalosas, y no quedaba rastro de tus huellas» (v. 20). Y el pensamiento se dirige a Cristo que camina sobre las aguas, símbolo elocuente de su victoria sobre el mal (cf. Jn 6,16-20).

Al final, recordando que Dios guió «como un rebaño» a su pueblo «por la mano de Moisés y de Aarón» (Sal 76,21), el Salmo lleva implícitamente a una certeza: Dios volverá a conducir hacia la salvación. Su mano poderosa e invisible estará con nosotros a través de la mano visible de los pastores y de los guías que él ha constituido. El Salmo, que se abre con un grito de dolor, suscita al final sentimientos de fe y esperanza en el gran Pastor de nuestras almas (cf. Hb 13,20; 1 Pe 2,25).

Saludos

El Santo Padre saludó en especial a un grupo que representaba a los líderes religiosos de las tres religiones monoteístas presentes en Tierra Santa, que acaban de reunirse en Alejandría y de publicar una declaración conjunta.

Doy una cordial bienvenida al grupo que representa a los líderes religiosos de las tres religiones monoteístas presentes en Tierra Santa, que recientemente se reunieron $\en Alejandría y publicaron la Primera declaración de Alejandría de los líderes religiosos de Tierra Santa. A todos nos entristecen las noticias diarias de violencia y muerte en Israel y en los Territorios palestinos.

Nuestra misión de hombres y mujeres religiosos nos impulsa a orar por la paz, a proclamar la paz y a hacer todo lo posible para contribuir a poner fin a ese derramamiento de sangre. Reitero la firme determinación de la Iglesia católica de trabajar por una paz justa. Que Dios todopoderoso bendiga vuestros esfuerzos por promover la reconciliación y la confianza en todo el amado pueblo de Tierra Santa.

© Copyright 2002 - Libreria Editrice Vaticana

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