Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

5 de junio de 2017

PORQUE CREEMOS EN DOGMAS?


PORQUE CREEMOS EN DOGMAS?

La palabra “Dogma” siempre causa en algunas personas actitudes diversas en muchos casos rechazó, prejuicios y malos entendidos,sobre todo cuando se cree que es una imposición de parte de la Iglesia a la libertad humana,¿Esto es así? Pienso que no ,la palabra proviene del griego δόγμα "parecer, opinión o creencia",que a su vez deriva de δοκέω (dokeo), "pensar, suponer, imaginar"

La Iglesia Católica es quien conserva el “Deposito de la fe” esto es la Revelación divina que nos ha llegado por las Sagradas Escrituras, la Tradición Apostólica, y el Magisterio de la Iglesia, todo eso en conjunto constituye el “Depositum Fidei”, lo que Dios nos ha revelado y tenemos por verdad absoluta ,pasa a través de la Iglesia que es la guardiana y depositaria de estas verdades inmutables que constituyen los dogmas

Imaginemos que en nuestra casa se guarda un baúl lleno de tesoros y recuerdos preciados , que están ahí guardados, cuando es necesario conocer algo nuestro Padre saca del baúl algo para definirlo concretamente y mostrarlo, sabíamos que estaba ahí,pero en algún momento se saca a la luz para tener la certeza de lo que queremos decir o saber del contenido del baúl.

El maestro que nos enseña que dos por dos son cuatro nos está enseñando un dogma, un dogma aritmético. Naturalmente soy muy libre de desconfiar de él considerándole un testarudo obstinado y ergotista. Pero si quiero llegar a algún resultado en aritmética, no tendré más remedio que aceptar su dogma globalmente. Claro que en este caso resulta fácil de comprobar. En otros terrenos es a veces más difícil.

Los cristianos, los judíos y los mahometanos creen en el dogma: «NO hay más que un solo Dios» (Monoteismo). Quien cree en quince dioses o en dos o en setecientos, no podrá ser ni cristiano, ni judío, ni mahometano. En todas las doctrinas existen cuestiones facultativas, que pueden aceptarse, pero que no es obligatorio aceptar. Los dogmas son simplemente aquellas cosas que estamos obligados a aceptar si queremos «pertenecer a ello», son el hueso duro del fruto y sin él no puede haber fruto.

Sucede algo similar con los dogmas, la Iglesia no se inventa los dogmas sino que cuando lo considera necesario para definir y reafirmar una verdad que ya existía y es inmutable,pero que se precisa ponerlo muy en claro por ejemplo cuando se duda sobre algo tan cierto como que Jesús es Dios,pero por ejemplo cuando Arrio ( 256-336 d.C.)negó la divinidad de Jesucristo,la Iglesia se vió precisada a puntualizar la verdad o dogma y señalar el error.
Si queremos ser Cristianos debemos aceptar los dogmas de la única y verdadera Iglesia de Jesucristo , y esta es la Católica.

En la doctrina católica, un dogma es una verdad revelada definida por la Iglesia Católica. La entiende como una verdad perteneciente al campo de la fe o de la moral, revelada por Dios y transmitida desde los Apóstoles a través de la Escritura o de la Tradición, y propuesta por la Iglesia para su aceptación por parte de los fieles.

El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.

La Iglesia Católica tiene una posición muy clara con respecto al dogma, y es que las verdades divinas siempre han existido, sólo que cuando se tiene una duda, o una desviación doctrinal, es necesario reafirmar dicha verdad por medio de un dogma

Hoy en día, la palabra dogma, ha adquirido una connotación negativa porque se piensa en ella como algo irracional o absurdo.

Pero... ¿sabemos en realidad qué es un dogma?

La palabra dogma se refiere a una verdad cierta, innegable, invariable.
Los dogmas no son un atentado contra la libertad de pensamiento del hombre. Son verdades para creer, como puntos fijos que nos sirven para orientarnos.

¿Qué haría un paracaidista que de noche es lanzado desde un avión para ir a tomar un cuartel enemigo? La confusión debida a la caída libre es tal, que se pierde todo punto de referencia; por ello el soldado, una vez en tierra, usaría la brújula para orientarse y cumplir su cometido.

Esta es precisamente la manera en que los dogmas nos ayudan: nos marcan el norte y nos dan puntos de referencia para orientar nuestra vida hacia Dios.

Las verdades dogmáticas, no son verdades porque sean proclamadas formalmente por un Concilio o EL Papa hablando Ex Cathedra; ya son verdades en sí y lo eran desde antes de su proclamación.

Los dogmas simplemente elevan a la luz la verdad para ayudarnos a no errar en el camino y guardar la unidad de la doctrina que Dios nos ha revelado y que Jesucristo ha confiado a su Iglesia.

En la cultura de hoy se ha impregnado la idea de que no puede haber dogmas, ya que la ciencia ha logrado explicar muchas cosas que antes no se entendían. Esto es algo infundado, pues los dogmas nunca irán en contra de lo que dicta la razón humana. Los avances científicos, más que negar los dogmas, poco a poco irán descubriendo la verdad que hay en ellos y confirmándolos.

La ciencia tiene también sus "dogmas" de los que parte para sus avances posteriores. Por ejemplo, “todo número dividido entre cero es infinito”. Es algo que no es demostrable, pero es un punto fijo, un principio matemático inamovible y si alguien lo niega o saca una teoría que no vaya de acuerdo con esto, la ciencia lo rechaza.

De igual manera, la fe parte de los dogmas como principios inamovibles para fundamentar sus afirmaciones.

No debemos confundir campos y querer demostrar todo científicamente, porque hay otras verdades que no permiten un análisis químico o matemático, sin embargo, no por eso dejan de ser verdades. Por ejemplo, la ciencia no puede demostrar técnica o matemáticamente el amor de una madre hacia su hijo recién nacido y no por eso lo negamos. 

Todos los ámbitos del saber tienen un campo específico y un método riguroso para descubrir la verdad. Hay que conocer hasta dónde puede llegar cada uno para pedirle la explicación adecuada dentro de su propio ámbito. El método de las ciencias empíricas es el de la experimentación y su criterio es la evidencia por medio de los sentidos.

Si la teología o la filosofía son también ciencias deberán tener su campo y método específico. Ciertamente el método que usa la Iglesia para llegar a sus dogmas no es el de la demostración científica, pero no por eso es menos riguroso. Su método es el análisis de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio, y podemos ver que sus resultados han resistido a la prueba de fuego de veinte siglos de unidad doctrinal, ¿qué mayor prueba queremos?

En definitiva, no se puede vivir sin dogmas, ni en la ciencia, ni en la teología, ni en la filosofía, porque necesitamos un punto fijo de donde partir para saber dónde estamos y a dónde queremos ir.

Y para la Religión,para la fe que es un dogma? «Dogma es una verdad que se apoya en la autoridad de Dios, por eso tenemos obligación de creerla».

A veces la Iglesia define algunas verdades dogmas de fe. No es que esas cosas empiecen entonces a ser verdad. Son verdades que siempre han existido; pero que su creencia ha empezado a ser obligatoria al definirse.

La definición de una doctrina no es su invención, sino la declaración autoritativa de que ha sido revelada por Dios, es decir, que forma parte del conjunto de verdades que constituyen la Revelación cristiana.

Algunas veces la aparición de nuevos errores obliga a la Iglesia a definir y declarar más lo que siempre ha sido verdad, pero que las circunstancias del momento reclaman aclaración.
Los dogmas no son verdades que la Iglesia impone arbitrariamente. Son iluminaciones de la verdad objetiva. No son muros para nuestra inteligencia. Son ventanas a la luz de la verdad.

Algunos dicen: «La vida es movimiento. Estancarse es morir. Las ideas petrificadas no hacen avanzar a la humanidad». Esto es verdad sólo en parte. Hay verdades definitivas -y los dogmas lo son- que cambiarlas no es avanzar sino retroceder.

Quien quiera cambiar que «la suma de los ángulos de un triángulo vale dos rectos», no avanza, sino que retrocede al error
.
El norteamericano Fukuyans, de origen japonés, pretende que la Iglesia Católica renuncie a declarar que su doctrina es la verdad absoluta, y se vuelva tolerante contentándose con ser una opinión más en la sociedad, igual que las otras. Esto es tan ridículo como pedirle a un químico que sea tolerante y acepte que el agua es NH3 en lugar de H2O; o pedirle a un matemático que sea tolerante y acepte que Pi es 8,2014 en lugar de 3,1416.

El contenido de los dogmas es inmutable, pero la formulación de ese contenido se puede desarrollar para acomodarse mejor al modo de hablar de los tiempos.

El Magisterio de la Iglesia puede ir mejorando el modo de expresar las verdades que creemos. Toda formulación dogmática puede ser mejorada, ampliada y profundizada.

Pero ninguna formulación dogmática del futuro puede contradecir el sentido de anteriores formulaciones, sino solamente completar lo que ya ha sido expresado por ellas.

Otras veces un estudio cada vez más profundo nos hace progresar en nuestro conocimiento de la Revelación, y nos hace ver más claramente verdades que antes no parecían tan claras.

La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, penetra cada vez más profundamente en el contenido de la Revelación Divina, descubriendo nuevos aspectos en ella implícitos, como son los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción.

La Revelación fue un hecho histórico, y no puede crecer el número de verdades reveladas contenidas en el depósito de la Revelación que es la Sagrada Escritura y la Tradición, porque este depósito, quedó cerrado con la muerte del último Apóstol.

«Ninguna verdad puede añadirse a la fe católica que no esté contenida, explícita o implícitamente, en este depósito revelado. (...) Lo único que cabe es una mayor explicación de los dogmas, pero conservando el mismo sentido, que es definitivo e indeformable una vez definido por la Iglesia».

Sí puede y debe crecer continua y armónicamente nuestro conocimiento del dogma, pasando de lo implícito a lo explícito.

Y la Iglesia, al crecer con el tiempo los conocimientos humanos, puede aprobar infaliblemente este progreso.

No es esto crear nuevas verdades reveladas: es descubrir lo que se encerraba en el viejo legado de los Apóstoles. Lo mismo que las estrellas del firmamento descubiertas últimamente existían mucho antes, pero nosotros hasta ahora no las hemos conocido.

«No podemos decir que nuestras formulaciones de fe sean las mejores posibles. Están sujetas a perfeccionamiento. Pero sin contradecir nunca u olvidar el sentido primitivo».

«Los enunciados dogmáticos, aun reflejando, a veces, la cultura del período en que se formulan, presentan una verdad estable y definitiva».

Para que una cosa sea dogma de fe es necesario que haya sido revelada por Dios, y que la Iglesia así lo declare. Bien sea por una declaración solemne o por la enseñanza de su Magisterio Ordinario.

«Pero el ámbito de las verdades de fe es mucho más amplio que el de las verdades expresamente definidas. Hay verdades que llamamos ´de fe divina´ porque se encuentran en la Sagrada Escritura o en la Tradición, que han de ser igualmente creídas, pero que no han sido nunca definidas, como es el caso de la resurrección de Cristo.

Nadie ha negado en la historia esta verdad; y por eso la Iglesia no ha sentido la necesidad de definirla».
El Depósito de la Revelación Pública acabó con la muerte del último Apóstol. Cualquier otra revelación es enteramente privada, y no puede tener valor, a no ser que esté de acuerdo con la única Revelación Pública que Dios ha hecho a los Apóstoles.

«La fe cristiana no puede aceptar ´revelaciones´ que pretenden corregir la Revelación de Cristo. Es el caso de ciertas religiones no cristianas, y también de ciertas sectas recientes».
La Revelación ha terminado pero «nosotros debemos usar nuestra inteligencia para explorar el dato revelado, deduciendo verdades que a primera vista no aparecen claramente explícitas en el mismo, pero que no por eso dejan de estar contenidas virtualmente en él. (...) La garantía de lo que así descubrimos está en la Iglesia, portadora de toda la Tradición cristiana e intérprete autorizado de la Escritura Santa. (...) Es función del Magisterio definir los contenidos de la Revelación. (...) La teología no debe suplantar al Magisterio. (...) La última palabra la tiene el Magisterio».

«Algunos teólogos que critican la doctrina del Magisterio de la Iglesia, después quieren que sus opiniones personales sean doctrina infalible».

A propósito de esto dijo el Papa Pablo VI a los participantes en el Primer Congreso Internacional de Teología del Concilio Vaticano II, el 1º de Octubre de 1966: «Los teólogos deben investigar el dato revelado para iluminar los artículos de la fe; pero sus aportaciones quedan sujetas a la enseñanza del Magisterio auténtico. (...) Su preocupación ha de ser proponer la verdad universal creída en la Iglesia bajo la guía del Magisterio más que sus ideas personales».

Al Magisterio de la Iglesia hay que obedecerle, no sólo cuando se trata de verdades de fe, sino también cuando se refiere a opiniones que pueden desorientar al pueblo de Dios; pues también en estos casos está protegido por la autoridad recibida de Dios, cosa que el teólogo, como tal, no tiene, por mucha ciencia que tenga.

Por eso dice el Sínodo de los Obispos de 1967: «No les corresponde a ellos la función de enseñar auténticamente».
«Los que ejercitan el Magisterio de la Iglesia son exclusivamente el Papa y los Obispos, porque a ellos solamente ha confiado Jesucristo la potestad de enseñar».
«Fuera de los legítimos sucesores de los Apóstoles (que son el Papa y los Obispos) no hay otros Maestros de derecho divino en la Iglesia de Cristo».
Cuando el Papa habla en una encíclica enseña como auténtico Maestro y no como un doctor más. Por eso no es válido apelar a la autoridad de otro teólogo para sostener lo contrario de lo que el Papa ha enseñado.
«Los fieles católicos han de aceptar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia con obediencia religiosa, sabiendo que les obliga en conciencia».
«La misión del Magisterio de la Iglesia es velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad»120.

La Iglesia se compone de Pueblo de Dios y Jerarquía: pluralidad en los súbditos y autoridad que unifica mirando por el bien común de todos121, pues hay que armonizar el pluralismo en lo accidental con la unidad en lo esencial.

No son dos Iglesias, sino dos partes de una única Iglesia. Separar estas dos partes sería la muerte de la Iglesia; como es la muerte de una persona separar el cuerpo del alma.
Un católico tiene que aceptar todos los dogmas de fe revelados por Dios. No puede rechazar ni uno. O se es católico del todo, o se deja de ser católico. No se puede ser «casi católico», lo mismo que no se puede estar «casi vivo», porque eso es estar muerto. Si «casi» me toca la lotería, no tengo derecho a cobrar el premio: o me toca el número entero o no me ha tocado. El «casi» me toca, no vale.

«Esta sumisión al Santo Padre es exigida también a los sacerdotes y teólogos. Quienes instruyen a otros en la fe, tienen que enseñar el mensaje auténtico de la Iglesia. El católico tiene derecho a ser enseñado por un sacerdote que esté de acuerdo con el Papa». Quien desobedece a la Jerarquía Eclesiástica desobedece al mismo Jesucristo. Él nos dijo: «El que a vosotros escucha, a Mí me escucha; el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia. Y el que me desprecie a Mí desprecia a Aquél que me ha enviado».

La fe de la Iglesia está condensada en el Credo de los Apóstoles. Se le suele llamar símbolo, que es una profesión de fe abreviada.

El Credo de los Apóstoles fue retocado por los Concilios de Nicea y Constantinopla para aclarar la doctrina revelada frente a las herejías que entonces empezaban a aparecer.

«El Romano Pontífice y los Obispos, como maestros auténticos, predican al Pueblo de Dios la fe que debe ser creída y aplicada a las costumbres. A ellos corresponde también pronunciarse sobre las cuestiones morales que atañen a la ley natural y a la razón»

Ojala que estos conceptos del “Dogma” terminen esas falsas ideas e infundios respecto a algo tan importante en la vida del Católico, que el hecho de creer en dogmas es creer en la Revelación de Dios y que por medio de su Iglesia somos participes de esas verdades, Dios nos aumente nuestra fe.


Fuentes: Padre Jorge Loring
Dra.Lilia Perez Rios
Louis de Wohl 
Catecismo de la Iglesia Católica

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