Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

9 de octubre de 2014

LECTURAS DEL DÍA 09-10-2014

JUEVES DE LA XXVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Feria o SAN DIONISIO, obispo Y COMPAÑEROS, mártires, Memoria Libre o SAN JUAN LEONARDI, presbítero, Memoria Libre. 10 de Octubre del 2014 . 3º semana del Salterio. (Ciclo A) TIEMPO ORDINARIO. AÑO DE LA FE..SS. Dionisio ob, Juan Leonardi pb, Luis Bertrán pb, Abrahán patriarca. Santoral Latinoamericano. SS. Dionisio, Luis Bertrán.

LITURGIA DE LA PALABRA 

Ga 3,1-5: ¿Recibieron el Espíritu por observar la ley? 
Interleccional Lc 1,69-75: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. 
Lc 11,5-13: Pidan y se les dará 

Es inconcebible que un padre no responda con cosas buenas a los ruegos de sus hijos. Tanto más habrá que decirlo de Dios. Los hombres son malos; Dios es bueno. Si un padre de la tierra es bueno con su hijo que le pide, ¡cuánto más habrá de serlo Dios! 

Al fin y al cabo, el padre no se burla de su hijo necesitado, no le hace un mal juego, no comete con él un atentado criminal. Dar una piedra en lugar de pan es una burla; dar una serpiente en lugar de un pescado es un mal juego; dar un escorpión en lugar de un huevo es un atentado criminal. Un padre no abusa del desvalimiento de su hijo pequeño, que no sabe distinguir todavía a la vista entre una piedra y un pan, entre un pescado parecido a una serpiente -por ejemplo una anguila- y una serpiente; entre un escorpión enrollado y un huevo. Precisamente porque el niño es pequeño e indefenso, el padre le prodiga todo cuidado y cariño. 

El buen don que da el Padre al que le pide, es el Espíritu Santo. Este don lo envía el Padre desde el cielo. El Espíritu Santo es el presente celestial. Por el actúa Jesús. Convierte a los discípulos en lo que deben ser. Toma su pensar y obrar bajo su propia dirección. Por él cumplen ellos la voluntad de Dios. 

PRIMERA LECTURA
Gálatas 3, 1-5 
¿Recibisteis el Espíritu por observar la ley, o por haber respondido a la fe? 

¡Insensatos gálatas! ¿Quién os ha embrujado? 

¡Y pensar que ante vuestros ojos presentamos la figura de Jesucristo en la cruz! Contestadme a una sola pregunta: ¿recibisteis el Espíritu por observar la ley, o por haber respondido a la fe? 

¿Tan estúpidos sois? ¡Empezasteis por el espíritu para terminar con la carne! ¡Tantas magníficas experiencias en vano! Si es que han sido en vano. Vamos a ver: Cuando Dios os concede el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿por qué lo hace? ¿Porque observáis la ley, o porque respondéis a la fe? 

Palabra de Dios 

Salmo
Interleccional: Lucas 1 
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. 

Nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. R. 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza. R. 

Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. R. 

SANTO EVANGELIO 
Lucas 11, 5-13 
Pedid y se os dará 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle", y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada, mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos". Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 

Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe; quien busca, halla, y al que llama, se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuanto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?" 

Palabra del Señor


Reflexión de la Primera lectura: Gálatas 3,1-5 ¿Recibieron el Espíritu por observar la ley? 
Para comprender la invectiva de Pablo, tan airado con los gálatas, es preciso recordar que este padre y maestro de su fe vive para comunicar su convicción fundamental: «Sabemos, sin embargo, que Dios salva al hombre no por el cumplimiento de la Ley, sino a través de la fe en Jesucristo. Así que nosotros hemos creído en Cristo Jesús para alcanzar la salvación por medio de esa en fe en Cristo y el cumplimiento de la Ley ningún hombre alcanzar la salvación» (2, 1 6). Pablo interpela a los gálatas para que reflexionen sobre su insensatez: la de volver a ser deudores de la Ley como si no hubieran conocido «a Jesucristo clavado en una cruz» (3,1), fuente única de la salvación. Pablo sabe que es posible vivir en este mundo, que es posible vivir en la carne (o sea, plenamente encarnados en la propia realidad física, psíquica y socio- cultural), aunque viviendo al mismo tiempo «creyendo en el Hijo de Dios, que me amó y se entrego por mi» (2,20). Y el horizonte cambia por completo. Es como pasar de una cámara en la que estamos obligados a accionar una manivela para poder respirar a un lugar abierto inundado por el sol y por el vivificante aire del mar.

Precisamente por eso el Dios que concede el Espíritu y obra maravillas (cf 3,5) también entre los gálatas obra en orden a un creer que se vuelve operativo, a continuación, en la caridad, aunque nunca en virtud de un voluntarista «justificarse» por las obras prescritas por la Ley. Está claro que el hecho de que los gálatas crean en Cristo y en su Evangelio, anunciado por Pablo, no significa que deban omitir el cumplimiento de los mandamientos de la Ley (no robar, no levantar falso testimonio, no atentar contra nuestra propia vida ni contra la de los otros, etc.). Creer significa —como dice Pablo— ser crucificados en nuestra propia parte egoísta hasta poder decir: «Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (2,20). Es evidente, por tanto, que, en virtud de él y con él, no sólo omitiremos hacer el mal, sino que intentaremos, con el amor del Espíritu, realizar todo el bien posible.

Reflexión del Salmo Interleccional Lc 1, 69-75. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.
El Cántico de Zacarías: Benedictus 

67Y Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo y profetizó diciendo:

68-Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

69y ha suscitado para nosotros el poder salvador

en la casa de David su siervo,

70como lo había anunciado desde antiguo

por boca de sus santos profetas;

71para salvarnos de nuestros enemigos

y de la mano de cuantos nos odian:

72ejerciendo su misericordia con nuestros padres,

y acordándose de su santa alianza,

73y del juramento que hizo a Abrahán,

nuestro padre,

74para concedernos

que, libres de la mano de los enemigos,

le sirvamos sin temor,

75con santidad y justicia en su presencia

todos los días de nuestra vida.

76Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo:

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

77enseñando a su pueblo la salvación

para el perdón de sus pecados;

78Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios,

el Sol naciente nos visitará desde lo alto,

79para iluminar a los que yacen en tinieblas

y en sombra de muerte,

y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

80Mientras tanto el niño iba creciendo y se fortalecía en el espíritu, y habitaba en el desierto hasta el tiempo en que debía darse a conocer a Israel.

Nacimiento de Jesús.

1En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. 2Este primer empadronamiento se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. 3Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. 4José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, 5para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. 6Y cuando ellos se encontraban allí, le llegó la hora del parto, 7y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento.

Adoración de los pastores. 

8Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche. 9De improviso un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de luz. Y se llenaron de un gran temor. 10El ángel les dijo:

-No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: 11hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; 12y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.

13De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial, que alababa a Dios diciendo:

14Gloria a Dios en las alturas

y paz en la tierra

a los hombres en los que Él se complace.

15Cuando los ángeles les dejaron, marchándose hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros:

-Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado.

16Yvinieron presurosos y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. 17Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño. 18Y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. 19María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón.

20Y los pastores regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho.

Circuncisión de Jesús. 

21Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno.

Purificación de María y Presentación del Niño. 

22Y cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23como está mandado en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor; 24y para presentar como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones, según lo mandado en la Ley del Señor.

Profecía del anciano Simeón. 

25Había por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este hombre, justo y temeroso de Dios, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. 26Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. 27Así, vino al Templo movido por el Espíritu. Y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre él, 28lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:

29-Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo

irse en paz,

según tu palabra:

30 porque mis ojos han visto

tu salvación,

31la que has preparado

ante la faz de todos lo pueblos:

32luz para iluminar a los gentiles

y gloria de tu pueblo Israel.

33Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían de él.

34Simeón los bendijo y le dijo a María, su madre:

-Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción 35-y a tu misma alma la traspasará una espada-, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones.

La profetisa Ana. 

36Vivía entonces una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad muy avanzada, había vivido con su marido siete años de casada 37y había permanecido viuda hasta los ochenta cuatro años, sin apartarse del templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día. 38Y llegando en aquel mismo momento, alababa a Dios y hablaba de él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Infancia de Jesús. 

39Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él.

El Niño en el Templo.

41Sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42Y cuando tuvo doce años, subieron a la fiesta, como era su costumbre. 43Pasados aquellos días, al regresar, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo advirtiesen sus padres. 44Suponiendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino buscándolo entre los parientes y conocidos, 45y al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en su busca. 46Y al cabo de tres días lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. 47Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y sus respuestas.

48Al verlo se maravillaron, y le dijo su madre:

-Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos.

49Y él les dijo:

-¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?

50Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

Vida oculta de Jesús en Nazaret.

51Bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. 52Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres.

Reflexión primera del Santo Evangelio: Lucas 11,5-13 Pidan y se les dará 
No es casualidad que Lucas inserte esta reflexión de Jesús sobre la oración inmediatamente después del Padre nuestro, la oración por excelencia del cristiano. En efecto, ahora se trata de aprender cuál debe ser la actitud interior del que se dirige a un Dios que es Padre y amigo del hombre. La enseñanza está coloreada con dos pequeñas, aunque vivaces, parábolas: la primera es la del que va a media noche a casa de un amigo. La petición a esa hora, en condiciones incómodas para quien debe abrir la puerta de su casa, no puede ser atendida de inmediato. El acento del relato está puesto en la insistencia de quien sabe que llama al corazón (más que a la puerta) de un gran amigo confianza, con la certeza confiada de obtener. El mensaje está aquí.

La segunda parábola profundiza en la categoría de la Paternidad usando vivas imágenes de contraste: pan/piedra, pez/serpiente, huevo/escorpión. El pez, como el pan, es símbolo de Cristo; la serpiente evoca a la serpiente de Gn 3, el enemigo por excelencia del hombre. El huevo es símbolo de la vida; el escorpión, que lleva el veneno en la cola, evoca la muerte. La serie de verbos, fuertemente correlacionados entre sí, que aparecen después de la primera parábola —“Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis llamad y os abrirán quiere persuadirnos a fondo de que la oración nunca es una pérdida de tiempo ni un desafío a un dios lejano y sordo. La oración tiene siempre una respuesta positiva. Con todo, debe ser perseverante (cf Lc 18,1).

La pregunta de Jesús que aparece después de la segunda parábola supone una interpelación a nuestra sensibilidad más profunda. Sabemos que no somos buenos por naturaleza; sin embargo, el vínculo de la paternidad es tal que un padre, por el hecho de serlo, no puede más que dar cosas buenas y positivas a su hijo. ¡Ojo! Lo más positivo, el bien por excelencia, es el don de los dones: el Espíritu Santo, que se concede siempre a quien ora. Eso es lo que dice Lucas, a diferencia de Mateo, que habla, en cambio, de «cosas buenas» (Mt 7,1 1). Aunque la oración parezca no tener respuesta según nuestra lógica, siempre excesivamente «terrena”, en realidad siempre es escuchada. Y el hecho de que Dios dé su Santo Espíritu a quien ora significa que el don incluye todo verdadero bien en orden a la salvación.
Un exasperado antropocentrismo y un secularismo que gesticula sin resultado alguno dentro de un afanoso «traficar» exclusivamente humano marcan en nuestros días un ambiente sociocultural en el que faltan puntos de referencia y los ejes estructurales del pensamiento y de la acción. Pablo la emprendería también con nosotros cuando, según las imposiciones de los medios de comunicación en que estamos sumergidos, creemos salvarnos a fuerza de correr para hacer esto o lo otro, proyectando y verificando por nosotros mismos, ciegos seguidores con excesiva frecuencia de un mundo tecnologizado, pero no iluminado, penetrado y sostenido por el Espíritu del Señor y por sus tiempos de oración.

Sin embargo, es posible —y urgente— renovar ahora este rancio y pernicioso abdicar de la autenticidad del propio Evangelio dilatando el corazón a una fe que sea un confiado y confidente gritar a Dios. Lo que nos hace falta para vivir esa novedad de vida, que se juega toda ella en el «no» a las perspectivas del egoísmo y en el «sí» a la verdadera expansión de nuestro «sí», que es el compromiso de amar; sólo lo obtendremos si nos mostramos decididos y serios a la hora de tener tiempos precisos de oración. Querer ser realistas y concretos constituye precisamente la aportación de lo que predica también, hoy, el mundo del materialismo más asfixiante. La realidad es creer que, si busco junto a Dios, encontraré ciertamente; si le pido a él, que es Padre, obtendré; si llamo a la puerta de su corazón, me abrirá y entraré en las perspectivas de su Espíritu, que consisten en creer de verdad que «él nos amó primero» (1 Jn 4,19), que me salvó con independencia de mi santidad y de mis fallos.

Reflexión segunda del Santo Evangelio: Lucas 11,5-13 Pide que la llegada del reino se traduzca en el perdón 
Las palabras del perito de la ley (10, 25) nos situaban ante la doble exigencia del amor de Dios y del prójimo Con el buen samaritano (10, 25-37) habíamos descubierto el sentido del amor al prójimo. Maria reflejaba el valor de la escucha de Jesús (1O, 38-42). Pues bien, sobre ese fondo se ha venido a situar el tema de la oración de que trata nuestro texto (11, 1-1 3).

La fórmula de oración que Lucas nos transmite (2-4) es más concisa que la de Mateo (Mt 6, 9-l3) y refleja con mayor verosimilitud el lenguaje de Jesús. Su tema es siempre el mismo: la abertura del hombre ante el misterio del Dios que se revela (el reino). Las dos primeras peticiones (11, 2) constituyen algo así como el trasfondo o base general de todo el resto; ambas coinciden en el hecho de implorar la manifestación de Dios sobre la historia. Dios revela la santidad de su nombre precisamente en la venida de su reino. También, las dos peticiones siguientes (11, 3-4a) forman un paralelo; la primera se formula positivamente (implora desde ahora el pan del reino); la segunda, de manera negativa (pide que la llegada del reino se traduzca en el perdón). Estas peticiones son necesarias, porque la vida del hombre está apoyada sobre el borde de la tentación (o peligro de la caída escatológica); por eso hay que suplicar a Dios que nos mantenga firmes en el centro del peligro que se cierne (11, 4b).

En todos estos rasgos, la vieja oración de Jesús y de la Iglesia se ha venido a mostrar como plegaria escatológica.

Es la súplica del hombre que se descubre abierto ante el misterio del reino y que confía totalmente en su presencia (o fuerza salvadora). Para entender plenamente su hondura es preciso que nos fijemos todavía en dos palabras. En primer lugar el reino ha dejado de ser una especie de fatalidad que nos rodea y se ha venido a convertir en don de amor; por eso, toda la oración se ha dirigido, de manera personal, al Padre. El reino es el regalo de amor y de confianza que ese Padre nos ofrece. En segundo lugar, la llegada del reino como perdón (11, 4) viene a estar condicionada por el don del perdón interhumano. Eso nos descubre que el regalo del Padre suscita en nuestro mundo un ambiente de regalo. Allí donde el perdón de Dios no se traduce en un perdón interhumano, la oración de Jesús resulta mentirosa.

En toda esta oración descubrimos que amor de Dios implica saber que Dios nos ama; por eso es necesario atenernos a la espera. Con ejemplos sacados del fondo real de un amigo que llama (11, 5-8) o del hijo que pide (11, 11-12) nos muestra san Lucas la forma en que debemos confiar en Dios. Nuestra existencia no está acabada todavía; somos incompletos. Por eso, porque somos pobres, tenemos que pedirle a Dios la hondura de la vida, el reino.

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Lucas 11,5-13 ¡Dios ayuda siempre a quien pide! ¡Pero debemos rezar para hacer lo que Dios quiere, no para que Dios haga lo que queremos nosotros! 
Se dice que Abrahán Lincoln, antes de una importante decisión del parlamento americano, invitaba a los presentes a pedir ayuda a Dios, diciendo: ¡Dios ayuda siempre a quien pide! ¡Pero debemos rezar para hacer lo que Dios quiere, no para que Dios haga lo que queremos nosotros!

La gente hace peregrinaciones, enciende velas a la Virgen para pedir algo. Jesús no nos lo impide, más aún, nos exhorta a hacerlo con más frecuencia. San Agustín se pregunta: si no pidiéramos, ¿no nos daría Dios nada? Y responde: Dios nos da siempre la gracia, aunque no la pidamos. Si la pedimos es porque nos damos cuenta de que Él es nuestro Padre y que la gracia es el don más grande de todos.

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden!

Es fácil decir que Dios es Padre porque, aunque Dios está más allá de toda capacidad nuestra de pensar, proyectamos sobre Él nuestra experiencia humana de padre. La relación entre padres el hijos es el fenómeno más maravilloso de la naturaleza.

En el mundo observamos la lucha por la vida: las plantas crecen unas personas encima de las otras, los animales se devoran mutuamente, los hombres luchan entre sí. De pronto, en este campo de batalla, aparece un hombre que lo hace todo por mí, que trabaja por mí, que se alegra de mis éxitos, que me deja en herencia todo lo que ha ganado. Es mi padre. Por tanto, en la naturaleza existe una imagen viva del amor, una imagen que puede ser más o menos perfecta. Pero hay una realidad increíblemente más bella que, por ahora, permanece invisible: Dios Padre, al que podemos recurrir siempre y que no nos puede decepcionar jamás.

Reflexión cuarta del Santo Evangelio: Lucas 11,5-13 
En su propósito de relatar relacionado de acuerdo a un orden, Lucas da hoy un paso adelante muy importante dentro del ordenamiento conceptual de su obra.

Comienza con la gente agolpándose alrededor de Jesús. Es el telón de fondo del que hablábamos hace dos domingos. Pero el domingo pasado veíamos que este telón de fondo está estropeado por la cerrazón y el exclusivismo. Lo lógico es, pues, sustituirlo por otro que ofrezca vistas y aires nuevos. Esta tarea de sustitución la emprende Lucas con el texto de hoy. Lo hace sirviéndose de los pescadores de dos barcas atracadas a la orilla del lago Genesaret. Pero antes, y aunque no sea más que de pasada, es obligado dejar constancia del exquisito arte descriptivo de Lucas en los versículos iniciales. ¡Cómo va enfocando la escena desde la retina de Jesús! ¡La figura erguida de Jesús a orillas del lago, sobresaliendo sobre la anónima muchedumbre! Son pinceladas, retazos, con una enorme capacidad de sugerencia y de evocación.

Jefe, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, en base a tu palabra, echaré las redes. Reconstruyamos la secuencia lógica subyacente: si en el tiempo propicio no hemos cogido nada, menos cogeremos en el tiempo no propicio. Pero Pedro sustituye la lógica por la palabra de Jesús, dándole a esta palabra el rango de valor supremo. Se fía de ella, la acoge y la hace suya. Pedro se sitúa pues, por encima de la lógica de lo posible-imposible, va más allá de ella. Esta lógica puede tener otros nombres: realismo, cálculo, prudencia, pragmatismo. Pedro se sitúa más allá de todos ellos, en la palabra de Jesús. Esta es la característica por antonomasia que según Lucas debe tener el nuevo telón de fondo. El resto es ya lo imprevisible, lo asombroso. Primero, la red reventando de peces. Segundo, el miedo. Tercero, los nuevos hombres. ¿Recuerdas, lector, las palabras de Isabel a María en Lc. 1,45? Dichosa tú por haber creído en el cumplimiento de lo que Dios te ha dicho. Esto mismo es lo que Lucas desarrolla en este relato. Sólo me resta formular un deseo como comentario final. ¡Ojalá nos fiemos, acojamos y hagamos nuestra la palabra de Jesús! El resto será lo imprevisible, lo asombroso. Pero, no temas. Serás un maravilloso ser nuevo.

Elevación Espiritual para el día 
LA PROMESA DEL REDENTOR 

Los hombres, después del pecado de Adán, ya no podrían salvarse al no usar Dios de especial misericordia con ellos.

Pero Dios tuvo compasión del hombre caído, e inmediatamente después del pecado le prometió un Redentor.

Su oficio principal debla ser el de mediador entre Dios y los hombres, para levantar al hombre caldo y acercarlo de nuevo a Dios.

A nuestros primeros padres en el paraíso ya les dio la esperanza de un Salvador. Y a Abrahárn le hizo la siguiente promesa: En un descendiente tuyo serán benditas todas las naciones de la tierra (Gen. 22, 18).

En los mismos términos renovó la promesa de Isaac y luego a Jacob: "Serán benditas en ti y en el que nacerá de ti todas las tribus de la tierra". A Judá, hijo de Jacob le prometió: "El cetro no será quitado de Judá... hasta que venga el que ha de ser enviado, y éste será la esperanza de las naciones". Y a David le anunció también que de su descendencia nacería el Mesías (cfr. Gen 26, 4-28, 14-49,10)

Reflexión Espiritual para este día 
Ser como niño ante Dios es reconocer nuestra propia nada y esperado todo de él, como un niño que lo espera todo de su padre; es no inquietarse por nada, no querer ganar riquezas (…). Ser pequeño significa también no atribuirse en absoluto las virtudes que practicamos, creyéndonos capaces de algo, sino reconocer que el buen Dios pone todo este tesoro en las manos de su hijo para que se sirva de él cuando tenga necesidad. Con todo, es siempre un tesoro del buen Dios.

Por último, no hay que desanimarse en absoluto por nuestras propias culpas, porque los niños caen a menudo, pero son excesivamente pequeños para hacerse demasiado mal.

Llamar a Dios «Abbá Padre» (cf. Rom 8,15; Gal 4,6) es algo diferente a darle a Dios un nombre familiar. Llamar a Dios Abbá significa entrar en la misma relación íntima, libre de miedo, confiada y rica, que Jesús mantenía con su Padre. Esa relación se llama Espíritu, y ese Espíritu nos ha sido dado por Jesús y nos hace capaces de gritar con él: «Abbá Padre». Llamar a Dios Padre «Abbá Padre» es un grito del corazón, una plegaria que brota de lo más íntimo de nuestro ser. No tiene nada que ver con el hecho de darle un nombre a Dios, sino que es proclamar a Dios como fuente de nuestro ser. Esta declaración no procede de una intuición inesperada o de una convicción adquirida, sino que es la declaración de que el Espíritu de Jesús está en comunión con nuestro espíritu. Y... una declaración de amor.

El Espíritu, a continuación, no nos revela sólo que Dios es «Abbá Padre», sino también que pertenecemos a Dios como hijos suyos amados. El Espíritu nos restablece así en la relación de la que todas las otras relaciones toman su significado. Abbá es una palabra muy íntima. Expresa confianza, seguridad, confidencia, pertenencia y el máximo de la intimidad. No tiene la connotación de autoridad, de poder y de dominio que evoca a menudo la palabra padre. Al contrario, Abbá implica un amor que nos envuelve y alimenta. Este amor incluye y trasciende infinitamente todo el amor que nos viene de nuestros padres, madres, hermanos, hermanas, esposos y seres amados. Es el don del Espíritu.

El rostro de los personajes, pasajes y narraciones de la Sagrada Biblia y el Magisterio de la Santa Iglesia: Pilato: el respeto humano.
-Pilato: el respeto humano. En Mt. 27, 11-16 Jesús es nuevamente llevado a Pilato y el gobernador le pregunta: "¿Eres tú el rey de los judíos? Tú lo dices", le contesta Jesús. Siguen después las acusaciones de los Sacerdotes y de los Ancianos, pero Jesús ya no contesta nada. Pilato le dice: "¿No oyes cuántas cosas dicen contra ti?". Pero Jesús no le contesta ni una palabra, y el gobernador se sorprende. Siguen las tentativas ansiosas de Pilato para salir con honor de este problema. Primero trata de liberar a Barrabás: "¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús llamado el Cristo?

Sabía bien, en efecto, que se lo habían entregado por envidia".

Pilato es un hombre intuitivo, un hombre de ley y de gobierno, que comprende inmediatamente qué es lo que está sucediendo. La situación se agrava en su corazón, cuando la esposa le manda decir: "No resuelvas nada contra ese justo: porque he sufrido mucho hoy, en sueños, por causa de él".

Mientras tanto los Sumos Sacerdotes y los Ancianos convencen a la muchedumbre para que pidan a Barrabás, y cuando el gobernador pregunta: "¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Ellos contestaron: ¡a Barrabás! Les dijo Pilato: ¿Qué haré entonces con Jesús, el llamado Cristo? Dijeron todos: ¡Sea crucificado!

Replicó él: ¿Pues qué mal ha hecho? Ellos gritaron más fuerte: Sea crucificado. Viendo Pilato que nada conseguía, sino que aumentaba el alboroto, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: Soy inocente de esta sangre. ¡Vosotros veréis! Y respondió el pueblo: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.

Entonces puso en libertad a Barrabás y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado".

¿Quién es, pues, Pilato? Es el "burócrata" apegado al puesto; lo más importante para él es no perder su puesto. Pero se encuentra entre dos fuegos, como sucede a menudo: de arriba órdenes, maniobras, tempestades, cosas por hacer; de abajo inquietudes, descontentos. Por tanto, el esfuerzo amargo, cotidiano, de mantener un cierto equilibrio entre los dos fuegos, tratar de no perjudicar su carrera y de no disgustar a nadie; de no disgustar su
conciencia, pero tampoco al emperador, ni a la gente, porque en el fondo el emperador está lejos, pero él tiene que vivir con la gente.

He aquí el drama de este pobre hombre que hasta tiene una cierta cultura, un sentido de la dignidad, de honestidad
fundamental, aunque tenga sus grandes defectos. Aquí aparece también como un hombre que sigue una línea, pero quiere salvarlo todo: el puesto, el favor del emperador, las buenas relaciones con las autoridades judías y el aprecio del pueblo. Por tanto, le viene la idea de Barrabás, cree que va a salir con las suyas y quedar bien con todos. El pueblo queda contento porque ha liberado un prisionero; queda contento el emperador porque no le llegan
quejas; queda contenta la conciencia porque ese hombre merecía la muerte. Pero no le resulta bien el asunto y entonces se vuelve hasta ingenuo, porque se presenta ante una muchedumbre enfurecida, creyendo poder convencerla.

Esto demuestra hasta qué punto ha llegado su desconcierto y también su sabiduría política, porque se ve que ya no se da cuenta de las reacciones normales de la gente. Se ve que trata de salir de la situación desesperada- mente, como un león enjaulado: busca una salida que no vaya contra su conciencia, que lo salve a él y al mismo tiempo al hombre que no ha hecho nada de malo. La vida probablemente no lo había preparado para esta situación, que de
trivial se convierte de repente en fastidiosa y humillante. Busca todos los caminos de salida, menos el verdadero, es decir, el uso de su libertad, de su dignidad.+

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