Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

2 de octubre de 2014

ELECCION Y MISION DE LOS SETENTA

SANTO EVANGELIO  Lucas 10, 1-12 En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: "La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. 

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. 

Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. 

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. 

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." 

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." 

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo." 

Palabra del Señor

 ELECCION Y MISION DE LOS SETENTA
«Después de esto, el Señor designó a otros Setenta» (10,la). En paralelo con la elección y misión de los Doce, Lucas, y solamente él, narra la designación y la misión de los Setenta. Puede muy bien afirmarse que esta segunda llamada es una creación de Lucas. Los evangelistas son muy libres no sólo en la elección de los materiales, sino en la creación de nuevas situa­ciones, escenas o discursos, con tal de adaptar el anuncio del mensaje a la nueva situación que viven sus comunidades, al tiempo que reflejan los problemas del presente. No redactan una crónica, con noticias como las que nos sirven los periódicos, la radio o la televisión. Quieren comunicar una «buena noticia» (¡de malas noticias ya tenemos bastantes!), una noticia que les ha afectado profundamente y que se ha traducido en una expe­riencia de vida. Por eso Lucas, una vez que ha sido proclamada la buena noticia de Jesús a hombres que no tenían nada que ver con el judaísmo y ha encontrado entre los paganos una acogida sin igual, trata de averiguar los motivos que han producido ese impacto situando la escena -mediante el procedimiento literario del doblete- en el tiempo de Jesús. Se anticipa así la respuesta que éste habría dado, si hubiese estado presente, ante aquella situación completamente nueva. En el fondo, es una muestra fehaciente de la conciencia que tiene la comunidad de que Jesús está vivo y de que sigue hablándole, como decía san Ignacio, el obispo de Siria, a los cristianos de Efeso: «Vosotros no hagáis caso a nadie más que a Jesús Mesías, que sigue hablándoos realmente» (Ef 6,2).
 Valiéndose de la misión de los Doce (6,13) como de paradig­ma, Lucas redacta ahora una nueva bajo el signo de la universa­lidad, a fin de dar perfiles definidos a la nueva llamada de discí­pulos que acaba de realizar en territorio samaritano (9,57-62). La misión de los Doce, tanto en territorio judío (9,1-10) como en territorio samaritano (9,52-53) -si bien, como es obvio, por razones opuestas-, ha sido un verdadero fracaso. Jesús, sin embargo, no se desanima. «Después de esto», de la llamada de nuevos discípulos (tres también -cf. 5,1 - 11-, pero anónimos), «designó el Señor a otros Setenta», además de los Doce. Mientras aquéllos ejemplificaban el nuevo Israel (las doce tribus), los se­tenta tenían que representar la nueva humanidad (según el cóm­puto judío, las naciones paganas eran en número de setenta). «El Señor» hace referencia al Resucitado. (La variante «Setenta y dos», contenida en numerosos manuscritos y adoptada por muchos traductores, constituye un intento de reconducir la aper­tura a la universalidad, esbozada en el número «siete/setenta», al recinto de Israel, delimitado por un múltiplo de «doce».

LA MISION DE LOS SETENTA, UN EXITO SIN PRECEDENTES
 Jesús los envía «de dos en dos» (10,lb), formando un grupo o comunidad, con el fin de que muestren con hechos lo que anuncian de palabra. «La mies es abundante y los braceros po­cos» (10,2a). La cosecha se prevé abundante, el reinado de Dios empieza a producir frutos para los demás. Cuando se comparte lo que se tiene, hay de sobra: ésta es la experiencia del grupo de Jesús. No hacen falta explicaciones ni estadísticas: la presencia de la comunidad se ha de notar por los frutos abundantes que produce. Faltan braceros, personas que coordinen las múltiples y variadas actividades de los miembros de la comunidad, anima­dores y responsables, para que los más necesitados participen de los bienes que sobreabunden. Restringir el sentido de «brace­ros» a sacerdotes, religiosos o misioneros es empobrecer el texto y la mente de Jesús. Es necesario que haya gente, seglares o no, que tengan sentido de comunidad, que velen para que no se pierda el fruto, que lo almacenen y lo repartan. La comunidad ha de pedir que el Señor «mande braceros a su mies» (10,2b). Pedir es tomar conciencia de las grandes necesidades que nos rodean y poner los medios necesarios, quiere decir confiar en que, si se está en la línea del plan de Dios, no puede haber paro entre las comunidades del reino.

 EL RIESGO DE SER ENVIADO
«¡Id! Mirad que os envío como corderos entre lobos» (10,3). Toda comunidad debe ser esencialmente misionera. La misión, si se hace bien, encontrará la oposición sistemática de la sociedad. Esta, al ver que se tambalea su escala de valores, usará toda clase de insidias para silenciar a los enviados, empleando todo tipo de procedimientos legales. Los enviados están indefensos. La defensa la asumirá Jesús a través del Espíritu Santo, el Abogado de los pobres. «No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias» (10,4a). Como en la misión de los Doce, Jesús insiste en que los enviados no confien en los medios humanos. Han de compartir techo y mesa con aquellos que los acogen, curando a los enfermos que haya, liberando a la gente de todo aquello que los atormente (vv. 5-9a). La buena noticia ha de consistir en el anuncio de que «Ya ha llegado a vosotros el reinado de Dios» (10,9b). Empieza un orden nuevo, cuyo estallido tendrá lugar en otra situación. El proceso, empero, es irreversible. La comunidad ya tiene expe­riencia de ello.
«Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a las calles y decidles: "Hasta el polvo de este pueblo que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos; ¡para vosotros! De todos modos, sabed que ya ha llegado el reinado de Dios"» (10,10-11). Nada de venganzas ni de compromisos, nada de amenazas ni de Juicios de Dios. «Sacudirse el polvo de los pies» significa romper las relaciones, pero sin guardar odio. Hay mucho campo para correr. El sentido de fracaso es extraño a los enviados.
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 El mensaje del Reino es anuncio y expresión gozosa de la realización de la comunión entre los hombres. Este anuncio exige de sus portadores hacer presente las señales que acompañan la presencia del Reino entre los hombres. Participación de la vida con el compartir del mismo alimento, y triunfo sobre el dolor producido por las marginaciones existentes en la vida de los hombres.
 Pero junto al gozo que experimentan los enviados de Dios y de Jesús cuando ese anuncio recibe la acogida esperada, éstos deben estar dispuestos a saber aceptar la incomprensión y el rechazo que les serán inherentes por parte de aquellos que conducen una estructura social construida al margen y en oposición a los valores del Reinado de Dios.
 Por ello la Palabra del mensajero que es primeramente anuncio, debe inevitablemente convertirse en palabra de denuncia dolorida ante las estructuras y comportamientos que ponen obstáculo a la realización de una convivencia humana más de acuerdo al querer de Dios.
 Frecuentemente el enviado tendrá la responsabilidad de señalar con sus palabras y con sus gestos la incompatibilidad existente entre los valores anunciados y los egoísmos sobre los que frecuentemente los hombres han construido toda la estructura social.
 Esta incompatibilidad coloca al enviado en una posición de enfrentamiento respecto a los valores sociales predominantes y, debe estar dispuesto a asumir la dolorosa separación que este enfrentamiento puede producir a su alrededor.
 La Palabra y el gesto del misionero asume entonces la forma de queja dolorida ante la incomprensión del designio salvador de Dios y en lamento por la suerte de la condena inherente al pecado de Sodoma y de toda ciudad que se cierra a su salvación.
1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)

3-7. 2002
Jesús, elige a setenta y dos para el servicio del Reino. Éstos, junto a los Doce y a las mujeres que le siguieron, se convierten en los primeros anunciadores universales de la Buena Noticia. Jesús, no hace distinción entre los setenta y dos, los Doce y las mujeres. Para Jesús, de todos es la tarea del Reino.
 La exigencia del Reino no es de una clase apartada, llámese eclesial, religiosa o laical. El Reino es una realidad que compromete a todo hombre y a toda mujer que desde su libertad da un sí definitivo a Dios, para hacer de esta historia un espacio de revelación y de salvación. 
 El envío de los setenta y dos tiene como horizonte fundamental el Reino de Dios. Éste constituye el contenido de toda predicación cristiana y el horizonte que jamás debemos perder de vista cuando nos referimos a la acción de la Iglesia en el mundo. Los setenta y dos se disponen al seguimiento. Saben que la caminata será difícil y traerá contratiempos. Pero saben asumir el reto y confían plenamente en el Padre de Jesús, que siempre los estará acompañando y siguiendo, por pedregoso que sea el camino.
 Jesús, les exige a los setenta y dos desprendimiento de ellos mismos y que vivan la experiencia en inseguridad. Estas dos exigencias, llevan a que cada uno ponga la confianza sólo en Dios y a que todo lo que hagan, lo hagan en nombre de ese Padre misericordioso, "que quiere que todos los hombres y mujeres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". 
 La misión encargada a los setenta y dos por Jesús, exige prisa: no tienen que perder tiempo. El Reino apremia y necesita ser proclamado por todas partes y a toda persona, y de forma urgente. Este Reino se inicia con la vida de Jesús, y debe extenderse para que la Creación llegue a su plenitud. 
 Nosotros también tenemos un compromiso con el Reino. Debemos echar mano de todo nuestro empeño, abandonar nuestros egoísmos, dejar la autosuficiencia y ponernos en las manos de Dios para que el Reino acontezca aquí y ahora.


Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)

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