Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

28 de septiembre de 2014

...Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron...; Mt 21, 28-32

Evangelio: Mt 21, 28-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él le contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?". Ellos le respondieron: "El segundo".
Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él"
Reflexión:

Jesús conoció una sociedad estratificada, llena de barreras de separación y de discriminaciones. En ella encontramos judíos que pueden entrar en el templo y paganos excluidos del culto; personas “puras” y personas “impuras”; hombres piadosos, observantes de la ley y “gentes malditas”; personas sanas bendecidas por Dios y enfermos malditos de Yhavé; personas justas y hombres y mujeres pecadores…

Y la actuación de Jesús en medio de aquella sociedad resulta tan sorprendente que aún hoy nos resistimos a aceptarla.

No adopta la postura de los fariseos, que evitan todo contacto con impuros y pecadores, sino que se acerca precisamente a los discriminados, con una insistencia provocativa, repitiendo una y otra vez que los “últimos serán los primeros”, que “los publicanos y las prostitutas van delante de los justos en el camino del Reino”.

¿Quién sospecha hoy realmente que los alcohólicos, vagabundos, pordioseros y todos los que forman el desecho de esta sociedad, puedan ser un día los primeros?

¿Quién se atreve a pensar que las prostitutas, los heroinómanos, o los afectados del SIDA pueden preceder a no pocos cristianos en la VIDA? Sin embargo, aunque ya casi nadie lo digamos: los indeseables y rechazados, tienen que saber que el Dios revelado por Jesús, sigue siendo su amigo.

Lo que cuenta para Dios es nuestro vivir diario.

Son muchos los cristianos que viven su fe cómodamente sin que su vida se vea afectada por ella. Cristianos que se desdoblan y cambian de personalidad, según se arrodillen para orar a Dios o según se entreguen a las ocupaciones diarias. Dios no entra para nada en su familia, en su trabajo, en sus relaciones, en sus proyectos o en sus intereses. La fe queda convertida en una costumbre…

Todos hemos de preguntarnos, con sinceridad, qué significa realmente Dios en nuestra vida diaria. Lo que se opone a la fe no es, muchas veces, la increencia, sino la falta de vida. ¿Qué importancia tiene el credo que confiesen nuestros labios, si después falta en nuestra vida el mínimo esfuerzo sincero para seguir a Jesús? ¿Qué importa -nos dice Jesús en la parábola- que un hijo diga a su padre que va a trabajar en la viña, si luego en realidad no lo hace? Las palabras, por muy hermosas que sean, no dejan de ser palabras. ¿No hemos reducido, con frecuencia, nuestra fe a palabras, ideas o sentimientos? ¿No nos olvidamos con frecuencia cuál es la voluntad de Dios?

La verdadera fe, hoy y siempre, la viven aquellos hombres y mujeres que traducen en vida el evangelio.

En la parábola de los dos hijos, lo importante no son las palabras que pronuncian los dos protagonistas del relato, sino su conducta. Ser creyente es algo más que recitar fórmulas… No nos apresuremos a considerarnos creyentes. La fe no es algo que se posee, sino un proceso que se vive. Más importante que confesarnos cristianos es esforzarse prácticamente por llegar a serlo. Esta parábola nos obliga a revisar nuestro cristianismo.

Los que participamos cada domingo de la Eucaristía hemos de recordar que no todo termina ahí. El “podéis ir en paz” del final no significa que aquí no ha pasado nada. Precisamente nos queda lo más difícil: que lo que hemos escuchado, creído y celebrado aquí en la celebración, lo cumplamos en la vida.

Si en la Misa le decimos, “Sí, Señor” voy a trabajar en la familia, en el pueblo, en el colegio, por ser comprensivo, por llevarme bien con todos, por perdonar, por ser tolerante, por ser solidario… que después no resulte que no lo hacemos.
antenamisionera

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