Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

29 de agosto de 2014

Viernes, 29 de agosto de 2014 Comentarios de las Lecturas,


Jer 1, 17-19: El texto de Jeremías nos recuerda la difícil misión asignada al profeta en un contexto que muchas veces es adverso. Aunque Jeremías se sintiera, por gracia de Dios, convertido simbólicamente en plaza fuerte, muralla y columna de hierro, la realidad era que se veía sometido a duros sufrimientos y persecuciones, como lo serán los profetas del futuro.

La situación de Jeremías pasa por una escena parecida a la que el Evangelio relata sobre Juan el Bautista, y ésa podría aplicarse a todos los evangelizadores, pues éstos de una u otra forma tienen que sufrir adversidades en el mundo.

La vida en servicio a la fe, a la verdad y a la justicia, siempre supone notable carga sobre los hombros de quienes la mantienen.


Mc. 6, 17-29. Jesús, rechazado por sus paisanos, se va a los pueblos de alrededor para continuar con la proclamación de la Buena Noticia.

Entonces envía a sus apóstoles de dos en dos con el mismo poder que Él ha recibido del Padre. El enviado, finalmente se convierte en Aquel que le envía; por eso, quien rechaza al enviado, está rechazando al que lo envió. Si a Jesús lo persiguieron hasta asesinarlo, el enviado ha de aceptar con valentía, firmeza y lealtad también ese riesgo, sin diluir, ni acomodar la misión recibida para eludir las consecuencias que podrían venírsele por cumplir con lo que Dios le ha confiado.

El asesinato de Juan el Bautista, profeta nada endeble aún en el llamado que hace al mismo rey Herodes a reconocer sus errores y a convertirse, preanuncia a los apóstoles y a todos los fieles testigos del Señor lo que puede sucederles a causa de su fidelidad a Él.

Jesús nos invita a tomar nuestra cruz de cada día y a seguirlo. Él sabe que la muerte no tiene la última palabra, sino la vida; y que esa vida es vida eterna, glorificados como hijos amados junto a Dios.

¿Quién es Jesús para nosotros? ¿Qué significa en nuestra vida? Ojalá y no lo confundamos con un fantasma, ni con la encarnación de algún antepasado. Jesús, glorificado junto al Padre, continúa entre nosotros con su amor, con su misericordia, con su entrega, por medio de su Iglesia que lo hace presente en la historia. Él nos envía para que, en su Nombre, hagamos cercana su salvación a todas las naciones en todos los tiempos.

Ojalá y no nos acobardemos ante lo que pueda sucedernos si proclamamos su Nombre sin acomodos, sino con fidelidad, porque, finalmente, la gloria que nos espera supera nuestros sufrimientos que hayamos de pasar por anunciar el Evangelio con todas sus consecuencias..
Jesús no se ha quedado en vana palabrería. En esta Eucaristía celebramos el testimonio de su amor por nosotros que ha llegado hasta el extremo. Su muerte, clavado en la cruz, a la par que nos hace comprender la aceptación voluntaria de la entrega de su vida por nosotros, nos recuerda hasta dónde puede llegar la obcecación de aquellos que se cierran a la verdad y al amor, persiguiendo y acabando con la vida de quien sólo pasó haciendo el bien, pero que se convirtió en un firme reproche a las actitudes de quienes no quisieron aceptar sus propios errores para darle un nuevo rumbo a su vida.

El Señor nos invita a hacer nuestra su vida y su misión, sin temores ante lo que podría esperarnos. Él nos dice: En el mundo tendrán tribulaciones; pero, ánimo, no tengan miedo; yo he vencido al mundo

Quienes participamos de esta Eucaristía, voluntariamente aceptamos como nuestra la misma Misión del Señor con quien entramos en comunión; y aceptamos, también voluntariamente, todas las consecuencias que nos vengan por vivir y proclamar su Evangelio siendo fieles a Aquel que nos lo ha confiado.

Nadie nos quita la vida, nosotros estamos dispuestos a entregarla, si es preciso, como el resultado de nuestra fidelidad a Dios, que nos envía; y de fidelidad a aquellos a quienes hemos enviados para conducirlos a un encuentro personal y comprometido con el Señor.
Tratemos de no ser nosotros mismos los que nos convirtamos en quienes quitan la vida a los demás, por pagarles un salario de hambre, por corromperles la vida, por robarles la paz y la alegría y sumirlos en la incertidumbre y la tristeza.

No queramos quedar bien ante los demás; no queramos conservar nuestra vida y nuestro poder a base de hacer caer la cabeza de los demás.

Si el Espíritu del Señor está realmente en nosotros, pasemos haciendo el bien y no el mal; trabajemos por la justicia, el amor y la paz; seamos congruentes con aquello que decimos profesar; seamos constructores de un mundo nuevo donde reine el amor fraterno y donde todos vivamos unidos en torno a un sólo Dios y Padre.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber pronunciar un sí comprometido al amor que Él nos ofrece, y al amor que quiere confiarnos para hacerlo reinar en el mundo, aun cuando en eso se nos vaya la vida, sabiendo que, finalmente, la alegría y la paz junto a Dios serán para nosotros la vida eterna, que ya nadie jamás podrá arrebatarnos. Amén.


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